Este mes de abril, el mes más cruel, según dejó escrito T.S. Eliot en su monumental obra “La tierra baldía”, se emitió por la televisión pública “El silencio de otros” un extraordinario documental dirigido por Almudena Carracedo y Robert Bahar, que habla de la soledad y el dolor de las víctimas de la dictadura franquista. Del sufrimiento sin límites de gentes cuyos padres, madres y hermanos fueron fusilados por el régimen golpista y sus cuerpos, 115.000 según unas fuentes, otras hablan de en torno a 200.000, permanecen amontonados en las fosas comunes que, para nuestra vergüenza, todavía llenan las cunetas y los cementerios de este país. Como todos sabemos, somos el segundo país del mundo en esta humillante, degradante, escandalosa e ignominiosa clasificación, solo superados por Camboya.

Este sobrecogedor y clarividente documental también saca a la luz la soledad y el desamparo de algunos torturados por la polícia política del dictador, y su incansable lucha por llevar a sus torturadores ante la, más que necesaria, imprescindible justicia, para ellos y también para, a través de esa justicia, salvaguardar el buen nombre de este país, para que pueda codearse con los países de su entorno sin sentir la punzada de la vergüenza y el deshonor. Antes de colgar la bandera en el balcón, debería lavarse a conciencia para quitar viejos y resistentes lamparones que todavía la manchan y recoser y reparar viejos desgarrones y enganchones que la afean.

Se hablaba del tristemente célebre Antonio González Pacheco, más conocido por Billy el Niño, de Jesús Muñecas Aguilar, más conocido por el capitán Muñecas, ahora ex capitán, que además de un torturador especialmente sádico, participó en el golpe de Estado del 23 F. que es como doctorarse en vileza, infamia y repugnancia. También apareció en el documental Rodolfo Martín Villa, ex ministro de la gobernación en el gobierno de Suárez apodado “La porra de la Transición”, debido a la extrema dureza con la que reprimió las manifestaciones obreras y estudiantiles.

A lo largo de su siniestro mandato las fuerzas de seguridad, o inseguridad según se mire, se vieron implicadas en la organización de varios atentados terroristas contra movimientos revolucionarios. A sus órdenes estuvo otro grande de la tortura española durante la Transición, otro siniestro personaje que atendía por Roberto Conesa, más conocido por el sobrenombre de “Supercomisario Conesa”, famoso durante el franquismo por sus brutales prácticas de tortura con los detenidos que tuvieron la desgracia de caer en sus manos.

El documental constituye un emocionante homenaje a la lucha de las víctimas clamando por una justicia que no llega nunca, porque sus testimonios se estrellan contra el muro del silencio oficial, del olvido al que han sido ya condenadas sus causas, una batalla particular contra un Estado que decidió, en vez de hacer justicia, apañar una especie de pacto del olvido, una chapuza intolerable si se quiere comenzar como es debido la nueva etapa democrática. Este riguroso documento sigue los pasos de las víctimas a lo largo de seis años de su lucha, una lucha que saben perdida de antemano pero no por eso van a dejar de librarla. Incluso consiguen pequeñas victorias gracias a su determinación.

Este hermoso y valiente documento es sobre todo un contundente recordatorio de que las heridas del pasado no se curan ignorándolas y tarde o temprano terminan infectándolo todo.

Resulta especialmente emocionante la parte donde se acude a la justicia argentina para conseguir la extradición de los torturadores y su ministro, responsable último, a ese país donde por fin serían puestos delante de un juez para responder de sus imnumerables delitos. La justicia española nada tenía que decir, ni según sus palabras, nada que hacer, porque todos estos delitos quedaron impunes por la ley de punto final de la tan alabada Transición.

Una ley del olvido que dejaba a las víctimas sin defensa alguna ante tanta injusticia, tanto dolor, tanta rabia e impotencia. Demasiado de todo eso para un país cuya Constitución dice en su Título preeliminar que España es un “Estado social y democrático de derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad…” y remata diciendo que la “soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”
La jueza argentina, y cualquier persona con un mínimo de sensibilidad y sentido de la justicia, sostenía que los crímenes contra la humanidad no prescriben ni pueden hacerlo nunca.

Ella sabía de lo que hablaba porque su país también había sufrido los rigores de una cruel y sanguinaria dictadura con miles de desaparecidos, torturados y asesinados. A lo largo de este magnífico y muy revelador documento visual y sonoro se ve a las víctimas perdidas en el laberinto de su dolor, de su impotencia, su angustia y amargura reflejada en sus caras. Unas víctimas que no quieren cobrar subvención alguna, como dijo aquel miserable diputado, sino simplemente recuperar los restos de sus familiares para, según sus propias palabras, “morir en paz” después de una vida donde no ha habido día que no hayan echado de menos una tumba para visitarles ni más ni menos que como hace cualquier persona a sus muertos.

Una de ellas, María Martín, una señora muy mayor que iba a diario a la cuneta a llevar flores a su madre, murió sin lograr hacer realidad su sueño de que sus restos reposaran en el cementerio. Otra señora, Ascensión Mendieta, ya nonagenaria, después de una odisea de miles de kilómetros y entrevistas con jueces argentinos, consiguió que los restos de su padre fueran exhumados de la fosa común y llevados a una tumba, a la que tenía derecho, porque nadie debería estar enterrado en una cuneta. Ningún país debería amanecer cada día con la deshonra, el deshonor, la ignominia, la infamia e indecencia de tener a miles de víctimas de una dictadura yaciendo en sitios donde no deberían estar después de tantos años de democracia.

Los dirigentes del PP en cambio no solo pueden vivir con ello, sino que zanjan tranquilamente el asunto llamando despectivamente “buscadores de huesos” a los que piden sacar a sus familiares de las cunetas.

Recuérdese que Mariano Rajoy decidió enterrar la Ley de Memoria Histórica reduciendo a cero el presupuesto para la localización e identificación de las víctimas. Una decisión que desprecia, ofende y humilla a esas víctimas y sus familiares. Hasta la ONU da un serio tirón de orejas a través de un llamamiento a los gobiernos de turno, como así aparece en el documental, por mantener un patrón de impunidad sobre las desapariciones del franquismo. Un patrón de impunidad basado en una serie de factores contrarios a las obligaciones internacionales. Este informe de la ONU fechado el 7 de Diciembre de 2013 dice además que el Estado, ese “democrático y de derecho… etc” no ha asumido el necesario rol de liderazgo”.

El Grupo de Trabajo de ese organismo mundial sobre las desapariciones forzadas e involuntarias, cuando visitó España en 2013 consideró que “España ha hecho pocos avances en la implementación de las recomendaciones”. Los expertos se muestran “preocupados al constatar que la mayoría de las recomendaciones para que los familiares de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la Dictadura puedan tener acceso a la verdad, la justicia y reparaciones, no han sido plenamente implementadas” lo que mantiene a los descendientes de las víctimas “librados a su propia suerte”. Se observa con preocupación la permanencia de un patrón de impunidad contrario a las obligaciones internacionales de España”. Sigue el informe, que no tiene desperdicio, denunciando la falta de acción de los tribunales españoles en este sentido, que no solo no actúan como deberían sino que hacen uso de constantes obstrucciones al procedimiento judicial excepcional llevado a cabo por la justicia argentina.

Como dice la propia directora de esta singular obra: “No se trata de un documental sobre la Guerra Civil, sino sobre la pervivencia del sufrimiento en las víctimas o en sus descendientes”. Se trata de buscar el lado humano de las historias más allá de las ideologías. María Martín, la anciana cuya madre fue fusilada y enterrada junto a otros en una cuneta cuando ella tenía seis años, y que acudía a diario a poner unas flores en el guardaraíl de la carretera, a las afueras de su pueblo, Buenaventura, provincia de Toledo, dejó dicho esto: “Que injusta es la vida… No, qué injustos somos los seres humanos” . José María Galante, el Chato, una víctima de las torturas de Billy el Niño, dice: “No estamos mirando al pasado, estamos peleando por el futuro”. Si no lo han visto, véanlo.

2 Comentarios

  1. franquismo = PP C$ Vx
    es el maxiterror y provocador d ls demas durante
    ….y desp d la disctadura :
    villa y fraga : Pamplona y Vitoria
    ultras nax¡zis ; atocha etc
    pudiendo y por electoralismo, no dsmontaron eta ( caso topo lejarza ) ni atentados ( hipercor )
    galindo
    gal
    etc

    Ahora dicen qe :
    1º no pactan cn proetarras pa tapar lo qe son y hacen etc
    2º y qe la memoria Hª debe ser pasado pero
    meten a franquistas = gopistas antodemocratas en sus filas
    ademas que qieren financiar y son fiannciados por frabquistas etc
    VOXotros fascistas sois ls terroristas

  2. imperdonable por las dos partes
    son las consecuencias que trae una guerra civil y el odio acumulado por muchos años de injusticias por parte de quienes nos gobiernan

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