A veces la política es un poderoso anestésico, no solo para los ciudadanos que la soportan, también para los que la practican, que terminan sufriendo el letargo hipnótico de las ideas y mentiras que ellos mismos propagan. Quienes se dedican a la política suelen perder el contacto con la realidad, terminan creyéndose sus propios sueños y delirios y esa ensoñación les lleva a no calibrar, a no medir el terreno que pisan. Es lo que parece estar ocurriéndole estos días de campaña electoral a Santiago Abascal, que en uno de sus últimos mítines en Laguardia de cara a las elecciones en el País Vasco ha asegurado que Vox es “la Reconquista que va a recuperar la libertad de los vascos”.

La sentencia es una de las mayores exageraciones que ha podido decir Abascal a lo largo de su carrera política, lo cual es todo un logro. Y además es una gran deformación de la realidad, no solo porque históricamente ya se sabe que Euskadi no es un lugar donde las ideas nacionalistas españolas prendan precisamente con facilidad, sino porque el promedio de las encuestas publicadas antes y después del estallido de la pandemia otorgan a Vox exactamente cero escaños. Mal se puede hacer una Reconquista con esos desnutridos ejércitos de votantes.

La auténtica verdad de los hechos es que la mayoría de los sondeos dan la victoria al PNV de Iñigo Urkullu, lehendakari desde el año 2012, aunque ya sin mayoría absoluta, de manera que los nacionalistas podrían estar cerca de reeditar su acuerdo de Gobierno con el Partido Socialista de Euskadi. Las encuestas dan un buen resultado a EH Bildu, e incluso a la incipiente coalición formada por PP y Ciudadanos, si se quiere, pero no parece que los números que baraja Vox sean para lanzar las campanas al vuelo y mucho menos para hablar de “Reconquista”. Sin embargo, la euforia desmedida se ha desatado en las filas verdes, el bebedizo del bulo surte efecto incluso en ellos mismos, que confían en que el próximo 12 de julio (fecha para la celebración de las elecciones autonómicas en el País Vasco que fueron aplazadas en marzo por la crisis del coronavirus), sea el principio de algo grandioso.

Abascal fue a Laguardia dispuesto a convencer a sus paisanos de que su partido va viento en popa y con un impulso arrollador. “Es un placer estar aquí, en tierras alavesas donde se puede hablar y no es necesario gritar ni levantar la voz para que nos escuchen”, aseguró antes de decir que se siente “feliz de estar en su casa, en Álava, en el País Vasco, donde por mucho que lo intenten no nos echarán. Porque es nuestra y lo será siempre”. En su ensoñación, ni él mismo se ha dado cuenta aún de que a sus mítines en Euskadi no van muchos, cuatro gatos a lo sumo, menos que a los actos de Ciudadanos o el PP, que ya se han acostumbrado a pinchar en hueso cada vez que anuncian un evento multitudinario. A los mítines del Trío de Colón en tierras del norte van unos cuantos grillos que cantan solitariamente en las plazas de toros y poco más. Lo cual debería llevar a políticos como Abascal a reflexionar seriamente sobre sus propuestas para Euskadi, donde no seduce a nadie. Vox ya ha anunciado que si alguna vez llega al poder liquidará el Estado autonómico y con esa carta de presentación no se puede ir por allí, por mucho que uno sea del mismo Bilbao. Con políticas centralistas, llamamientos contra el nacionalismo y homenajes a Franco poco tiene que rascar Vox en aquellas verdes latitudes, donde siguen viendo muy lejana la Meseta con sus montajes policiales y judiciales de extrema derecha para derrocar a Pedro Sánchez. Ciertamente, tampoco es que a los vascos les vaya entrar de repente las ganas de votar a Vox cuando escuchan por boca de Abascal que es preciso acabar con la política lingüística del euskera. “Álava no es Guipúzcoa. Necesitamos una tierra plural y nuestros hijos tienen que educarse en su lengua materna, sin discriminación”, asegura.

Al líder de Vox, los vascos no le compran el discurso españolista a ultranza y tampoco su relato victimista de mártir perseguido por unos filoetarras que solo existen en su imaginación, ya que la banda se disolvió hace mucho. La agresión a Rocío de Meer en Sestao es despreciable desde todo punto de vista, pero tratar de señalar al PNV y al vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, como “los responsables directos de las agresiones que sufre Vox diariamente (unos por ser complacientes con la violencia y otros por enviar a sus matones a agredir y luego no condenarla)”, es otra exageración que no encaja con la realidad de un pueblo, el vasco, que hace tiempo dejó atrás su página más negra.

En las últimas horas el portavoz del Grupo Parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, se ha referido al presunto ataque sufrido por la diputada ultra y ha apuntado que “sólo hizo falta un poco de ketchup para que se tragaran un bulo como una catedral”. A Echenique a veces le pierde su ironía socrática, y en este caso sobraba y bastaba con condenar la violencia, cualquier tipo de violencia. La broma con la salsa de tomate estaba fuera de lugar (hacer risas con una pedrada no es de recibo) aunque es cierto que Vox fabrica bulos con tanta facilidad y tanta eficacia que ha perdido toda credibilidad. El partido ultraderechista vive del escándalo y la provocación trumpista constante y permanente, eso no se le escapa a nadie. De momento, Abascal ya ha capitalizado el atentado de baja intensidad tratando de arañar unos cuantos votos: “Rocío, yo sí te creo. ¿Dónde están ahora las feministas para defenderte? Ni están ni lo estarán”.

Queda claro que a la extrema derecha solo le queda el recuerdo de la violencia como único programa electoral para Euskadi. El problema es que durante décadas los vascos sufrieron la violencia de verdad, la del coche bomba, el tiro en la nuca, los secuestros y las extorsiones. El País Vasco de hoy no tiene nada que ver con los años del plomo, por mucho que Pablo Casado y el propio Abascal pretendan resucitar los GAL a golpe de exclusiva caducada de La Razón y de los infundios de OK Diario. A los vascos ya nadie les va a revisar la historia ni implantarles una realidad que no es porque saben perfectamente lo que ocurrió allí en 40 años de terrorismo etarra. El discurso del miedo de que los vascos van a perder su libertad con los nuevos batasunos es más falso que una moneda de dos caras. Y la película de la Reconquista produce tanta perplejidad como hilaridad en la madura sociedad vasca.

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4 Comentarios

  1. En Laguardia ha crecido la asistencia al mitin de VOX ni mas ni menos que un 80% con respecto a los trece o catorce asistentes de Sestao y demás mitines de Bizcaya. La reconquista esta en marcha .Ya tienen para dos pelotones, casi.

  2. Este tipejo cuasimafioso con cara de mafioso no tiene un pelo de tonto.
    Quizas con lo de Reconquista se refiera al terreno personal,cuando su padre fue alcalde franquista y cuando el mismo estuvo comiendo siempre del PP.No se le conoce trabajo alguno salvo vivir de la politica y de fundaciones fantasmas.
    Si Euskadi sufrio lo suyo con unos asesinos,no menos sufrio a manos de los asesinos franquistas.

  3. Abascal no seas un cobarde como los demas,con esta reconquista no vas a ningun sitio,perdista oprtunidad en las generales y sigues con lo mismo,no das credibilidad a nadie en bastantes comentarios vi que te decian que te involucrases en el robo del Banco Popular por el gobierno de Rajoy y no hiciste caso,el apoyo que les darias a mas de 1500.000 españoles robados te lo agradecerian y no solo por esto sino para que no vuelva a suceder lo mismo cosa que segun el ladron de Guindos con sus declaraciones de juntar bancos puede pasar otra vez que roben otro banco y arruinen a mas miles de familias.,pero parece que estas a otra cosa ? o es que tambien estas comprado por la botina ? ¿ a quien le tienes miedo ?

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