Santiago Abascal es una garantía de que no va a defraudar a sus seguidores aunque en cada frase que pronuncie desde la tribuna del Congreso haga que las mentes críticas detecten que el patriotismo del que los ultras alardean no es otra cosa que el intento constante de dinamitar la democracia. Hoy, en el lugar donde reside la soberanía nacional, ha vuelto a hacer alarde de ello.

En primer lugar, y en un sentido más radical que Pablo Casado, se ha apropiado de los muertos por el coronavirus y se los ha echado a la cara al Gobierno.

El líder de Vox ha hablado de que el Ejecutivo estaba confiscando el dinero de los españoles y, sobre todo, ha acusado a Sánchez de mentir con las cifras. ¿Tiene Abascal las cifras verdaderas para realizar tal acusación? No, no las tiene, simplemente es una afirmación enmarcada dentro del aparato de propaganda que sólo busca la desafección, el preámbulo del asalto al poder.

Según Santiago Abascal, el Gobierno es el que está propagando bulos a través de las cifras oficiales de fallecimientos, de las declaraciones de los ministros, y, sobre todo, de los medios de comunicación, a quienes ha atacado duramente en diferentes momentos de su intervención. Según el líder ultra, el Gobierno ha comprado el silencio de los medios regándoles de dinero. Debe ser que su escenario perfecto estaría con El Alcázar o Arriba.

Como no podía faltar, ha habido una referencia a Cataluña y ha criticado al Gobierno que aún no haya detenido al presidente de la Generalitat por, según Abascal, «poner en peligro a los militares».

Además, para hacer una comparación de actuación eficiente, no ha dudado en poner como ejemplo de gestión a Viktor Orban, el ultra que ha pretendido hacerse con todo el poder a costa de la pandemia.

Abascal ha demostrado su patriotismo condicionando su apoyo a las medidas de protección contra el coronavirus a la dimisión del Gobierno. Por cierto, dentro de su verborrea habitual, el líder de Vox ha calificado al Ejecutivo de chavista y ha referenciado las comparecencias de Sánchez con los discursos de Fidel Castro o con las intervenciones de Hugo Chávez. Palabras, palabras, palabras.

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