Es el piloto más popular entre la afición: Daniel Ricciardo, y se daba por hecho que en RedBull se le discriminaba, que el doctor Marko miraba con su ojo bueno al Niño Verstappen y con el malo a Daniel.

El cambio a Renault hacía suponer que no estaría demasiado arriba en la tabla general, pero se daba por hecho que conseguiría quedar delante de su compañero: Hulkenberg, Nico Hulkenberg.

Y sin embargo Ricciardo de momento no puede con Hulkenberg. Cómo reaccionó en el GP de Bahréin cuando le adelantó su compañero no era propio de él y su elegancia y su sonrisa. Dio la sensación de estar perdiendo los nervios.

Desde Las almas y la F1 seguimos confiando en Ricciardo, creyendo en él, pero es fundamental para un piloto creer en sí mismo, mantenerse en su fiel y ser fiel a su propio estilo.

La superstición es un clásico, del que poco se habla, en la F1, pero estamos seguros que no somos los únicos que hemos pensado que a Daniel Ricciardo le ha mirado un tuerto, como dice el refrán español. Y da la casualidad que siempre ha habido un tuerto, real, muy cerca en su vida: Helmut Marko. Que no vio con buenos ojos -perdón por el abuso de los juegos de palabras- que Daniel abandonara el equipo y en su lugar llegase un chaval que está a años luz del Niño Verstappen: Pedrito Gasly; cierto que no molesta a la estrella del equipo, pero no menos cierto que no trae puntos para los Rojos Animales con Cuernos.

En China brilló Ricciardo el año pasado quizá más que en ningún momento de su vida, haciendo una carrera genial, que ganó, marcándose los adelantamientos más elegantes y bonitos que se han visto en años en la F1.

Ojalá consiga quitarse de encima la mirada del ojo tuerto y volver a brillar como le corresponde y esperan los seguidores del Gran Circo.

Aunque también podría suceder, no es que lo creamos pero…. que Nico Hulkenberg fuese aún mejor piloto que Daniel Ricciardo. Habrá que irlo viendo.

 

Tigre tigre.

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