Unas 60 millones de personas en el mundo fueron diagnosticadas de trastorno afectivo bipolar en 2017. De ellas, más de un millón son españolas. Este tipo de trastorno “no es ninguna broma, sino una enfermedad que hay que tomar muy en serio”, afirma la Fundación Mundo Bipolar, ya que afecta al sistema nervioso central. Y lo peor de todo: las personas afectadas tardan una media de cinco años en ser diagnosticadas, y la mitad de ellas no sigue ningún tratamiento.

El trastorno bipolar afecta por igual a hombres y mujeres. Con frecuencia empieza entre los 15 y 25 años. La causa exacta de estos periodos (episodios) de extrema felicidad y mucha actividad o energía (manías) o de depresión y baja actividad o energía (depresión) se desconoce, pero se presenta con mayor frecuencia en parientes de personas que padecen dicho trastorno.

Según declaró a Efe el doctor Montes, jefe de sección de psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal, “Si un paciente empieza a tener síntomas psicóticos o depresivos, y presenta antecedentes familiares con el trastorno, conviene estar muy alerta e incluso comenzar a tratarlo para no perder tiempo”. Ya que es fundamental el diagnóstico precoz para prevenir el deterioro físico y cognitivo asociado al trastorno y mejorar así la calidad de vida del paciente.

Uno de los problemas más frecuentes de la enfermedad es el abandono de la medicación por parte del afectado, cuando éste se siente bien. “El problema llega cuando el paciente todavía no está convencido de tener un trastorno que es recurrente, y no acepta que pueda tener nuevos episodios”, explicó Montes.

Para Guadalupe Morales, directora de la Fundación Mundo Bipolar, el problema “más grave son las consecuencias sociales, económicas, afectivas y familiares, más que la enfermedad”. Porque conlleva un “sufrimiento indecible, que contamina la vida de la familia y de la propia persona mucho más allá del propio trastorno”.

”De un problema de salud que es indudable que existe, las consecuencias son tremendas. Cerca de un 18% de las personas con trastorno bipolar se suicida, es una burrada. Esto es debido a la situación, a la falta de posibilidades de seguir desarrollándose, a huir del sufrimiento”, aseguró en una entrevista a Efe.

Otro problema de la enfermedad es un impacto social. Hasta el 45% de estos pacientes se ha sentido discriminado en algún momento, en más de un 75% de los casos ven reducidas sus posibilidades de éxito en la vida y casi la mitad pierde su empleo. La propia Morales lamentó que “se dé identidad a una persona en función de un diagnóstico”, lo que “no deja de ser otro tipo de discriminación”. Y añadió que “eso es cosificar y hacer un ejercicio reduccionista bestial. Esto es una circunstancia, una enfermedad, un problema de salud que debería circunscribirse a eso y no convertirse en la identidad de nadie”.

La directora de la Fundación también reivindicó una “atención sociosanitaria en condiciones” para mejorar los síntomas de la enfermedad, así como conocer los derechos recogidos en la Convención de la ONU sobre las personas con discapacidad. “El gran problema es el tremendo desconocimiento que hay acerca de nuestros derechos. Si no los conocemos, ¿cómo los vamos a reclamar?”, explicó.

Sin embargo, lo primero de todo es la psicoeducación. “Hay que aceptar la enfermedad, nadie es bipolar: un afectado tiene trastorno y luego aparte del trastorno tiene toda su vida, con lo cual es algo que afortunadamente tiene solución y no debe ser su rasgo de identidad”, señaló Antonio Gil, psicólogo de la Asociación Bipolar de Madrid y de la Asociación Madrileña de Ayuda a la Investigación del Trastorno Límite de personalidad.

Y concluyó que ”el tratamiento tiene que ser químico; ahora bien, el tratamiento psicológico es muy conveniente para aprender a manejar esos niveles de estrés. El tratamiento es muy psicoeducativo: aprender en qué consiste la enfermedad, aceptarla y luego aprender a localizar las señales de alarma que a la persona le indican que algo no va bien para tomar medidas”.

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