Susana Díaz en la Escuela Infantil Victoria KENT. Foto: Junta de Andalucía / Flickr

Hay que dar trigo, señora Presidenta de la Junta de Andalucía. Mientras se gobierna a veces se pierde la perspectiva o se difumina el mundo real por las alturas o, lo que es peor, juega una a fingir que gobierna y a describir una realidad que no es la que viven sus feligreses. Cierto es que seguimos teniendo una Sanidad que responde, una Educación que cumple y unas carreteras por las que se circula, pero gracias a un pueblo poco quejoso y a unos funcionarios que están comprometidos con su oficio, porque no son trabajadores literalmente sino que se les paga por ejercer una función pública en beneficio de todos y del cumplimiento de las leyes.

Por ejemplo, ¿no se merece un homenaje el colectivo de sanitarios en los hospitales que atiende casi sin poder al ingresado, sin medios y en mitad de mugre peligrosa, corriendo durante ocho horas sin parar pasillo arriba y abajo?

El deterioro de los servicios públicos es manifiesto, está a la vista de quien los visita; esto obedece a una mala gestión o a algo peor y calculado. Por ejemplo, el debate entre la Enseñanza Pública y la Privada concertada no es posible, éste ha sido un error intencionado. Se trata de un peligrosísimo embolado en el que unos, por favorecer a sus patrones espirituales, y otros, por mantener cercanos a los mismos patrones y torear con las clases pudientes, nos han metido; la beneficiada, por ahorrar saliva, es casi siempre la Iglesia Católica, que se lleva el gran grueso de los conciertos. Las barriadas con más pedigrí y el centro de las grandes ciudades, muchas nuevas zonas residenciales, se pueblan de colegios construidos con capital confesional y privado con la única intención del beneficio económico y la protección de un entramado social que alimenta la creencia del niñobién, en perfecto vicioso círculo. Los hay, pero son minoría, muy pocos colegios concertados vemos florecer en lugares problemáticos o de poca clientela previsible, por necesitados que estén de espíritu. Ser de la concertada es un orgullo (y lo explotan en una reciente campaña publicitaria). Todo el mundo sabe que la pública, aunque sólo fuera por una cuestión cuantitativa, acapara a los mejores profesionales y los mejores expedientes; la madre, el padre de orden quiere a su hijo o a su hija libres de la chusma ortodoxa o musulmana o testiga; y lo triste es que el cargo público bien relacionado y que vive en buen zona muchas veces dé la razón a ese ciudadano ordenado, que no racista, y meta a sus hijas ahí. Siempre ha sido un prurito de clase, y hay que dejar a los muertos que entierren a sus muertos, como dice el neotestamentario, pero cuando uno deja caer a la Enseñanza Pública y permite la proliferación de estos champiñones apostólicos, señoras y señores henchidos de la Razón de Estado, al final se entra en una espiral que genera una enseñanza de exclusión y otra generalizada hecha gueto para excluidos. Ese argumento de la libertad de elección de centro es como querer ser libre para comer jamón de cinco jotas, tener semáforos con luces fucsias, o como obligar a cursar una alternativa a los que no han solicitado tener religión… el cristiano está demasiado acostumbrado a llamar libertad a la imposición de su credo, y al debate lo denomina martirio por la fe.

Voy a ser directo. Andalucía gasta un 3,9% de su PIB en la Consejería de Educación, hay una campaña en marcha llena de dignidad, del Movimiento Andaluz por la Educación Pública (MAEP), que pide blindar de momento al menos el 5% para este cometido. Eso supondría, ipso facto, poder revertir los recortes materiales y de personal a la situación previa a la crisis, y acumular posibilidades de inversión en un futuro, esto es: oxigenar la Enseñanza Pública. No hace falta estudiar mucho para presagiar una relación directamente proporcional entre calidad e inversión educativa o, al menos, lo contrario es muy difícil. Derivar dineros de la Pública a otros sectores privados debería ser una excepción, la norma no puede ser que en la Pública entre todo aquél o aquélla que no tenga la posibilidad de acceder a una plaza subvencionada. Meter dinero es bajar la ratio en las aulas, es hacer posible un horario para discutir y supervisar el trabajo o, tan simple, tener guardias en las que nuestros discentes estén atendidos con dignidad y no como ganado con horario.

Señores, señoras del Parlamento Andaluz: tener un compromiso con la Enseñanza Pública es tan sencillo como comprometer una cifra, ahí está, implanten por Ley un mínimo del 5% del PIB andaluz para Educación, y dejemos las palabras para otro día. Es sencillo, claro y distinto, y es cosa de progreso del bueno. Sea. Lo otro: no.

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