El día 12 de Mayo, en honor a una reconocida enfermera, Florence Nightingale, que con 35 años fue diagnosticada de un trastorno con síntomas muy parecidos a los de estas enfermedades, se declaró el Día Internacional de la Fibromialgia y el Síndrome de Fatiga Crónica, con el objetivo de visibilizar estas 2 enfermedades que, si bien son bastante desconocidas, las padecen entre el 2% y el 4% de la población española.

La Fibromialgia fue reconocida como enfermedad por la OMS en 1992 y es un síndrome clínico cuya característica principal es un dolor musculoesquelético crónico generalizado. Pueden presentarse con otros síntomas como fatiga intensa, alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, etc.

El Síndrome de Fatiga Crónica es un trastorno caracterizado por una falta de fuerzas, cansancio o fatiga acentuada que se prolonga en el tiempo y que interfiere en las actividades cotidianas de la persona.

La diferencia entre fibromialgia y fática crónica radica en el dolor. El paciente con fatiga crónica lo que manifiesta es una fatiga incapacitante mientras que el enfermo de fibromialgia lo que expresa es un dolor crónico.

Las causas de ambos trastornos son a día de hoy desconocidas. Lo que sí sabemos es que la incidencia es mucho mayor en mujeres (80-90% de los casos diagnosticados). En el caso de la fibromialgia, se establece cierta relación de la enfermedad con algunos factores como acontecimientos traumáticos (a menudo a partir de estos momentos se empiezan a identificar los síntomas), lesiones recurrentes, malestares o dolencias y algunas enfermedades (artritis reumatoide, lupus, …). El síndrome de fatiga crónica podría desarrollarse por un sistema inmune débil o algún tipo de virus.

Son enfermedades que todavía no tienen cura, aunque para tratar los síntomas se usan medicamentos como analgésicos, antidepresivos o somníferos para mejorar la calidad de vida de los pacientes y, en cualquier caso, se recomienda un tratamiento multidisciplinar en el que estén implicados varios profesionales (reumatólogos, psiquiatras, psicólogos, fisioterapeutas, entre otros), para hacer frente a la enfermedad.

En la vida diaria y para sentirse mejor, recomendamos:

  • Seguir las pautas de medicación.
  • Descansos suficientes y de calidad.
  • Ejercicio regular adaptado a las necesidades particulares y fisioterapia especializada.
  • Dieta equilibrada.
  • Establecer rutinas diarias (es interesante adaptarlo en función de los momentos de menos dolor o más energía).
  • Técnicas de relajación.
  • Pedir apoyo a familiares o amigos y expresar los sentimientos.

A nivel psicológico es fundamental contar con la ayuda de un profesional. Hay que aprender a convivir con el dolor y a la vez, identificar y gestionar posibles bloqueos emocionales del pasado, aprender a manejar las emociones presentes, mejorar el afrontamiento de situaciones problemáticas o que causan sufrimiento en el día a día, modificar determinadas creencias sobre la enfermedad y trabajar con los pensamientos y sentimientos de la persona.

La terapia y la gestión emocional a menudo redundan en una mejora en los síntomas físicos y, por tanto, en la calidad de vida del enfermo.

En este día de conmemoración de la Fibromialgia y el Síndrome de fatiga crónica, vuelvo al principio del artículo cuando hablaba de visibilizar la enfermedad y lo hago porque a menudo las personas que las padecen, se sienten muy incomprendidas (por los propios médicos que les han tratado, por su entorno, por una sociedad que parece necesitar evidencias físicas de la enfermedad…).

La empatía con personas que tienen estas dolencias es fundamental, seamos generosos, cercanos y comprensivos con aquellos/as que a pesar del dolor y/o el cansancio, luchan cada día por hacer una vida lo más normal posible.

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