Lo han insinuado los secretarios generales de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández “Toxo”, y UGT, Josep Lluís Álvarez, en la madrileña Puerta del Sol, al término de la manifestación que sirve como pistoletazo de salida de las que se van a llevar a cabo en cuarenta ciudades, hasta este próximo jueves. Si no les hacen caso, habrá que “elevar el escalón” de las protestas hasta llegar, si hace falta, a la huelga general. El problema es si las organizaciones sindicales mayoritarias están en condiciones de llevarla a cabo.

Las organizaciones de Álvarez y Toxo han decidido no quedarse quietas ante la situación que vive el país. “Stop al encarecimiento de la vida. Empleos y salarios dignos”. Los sindicatos han despertado de un largo letargo que ha supuesto una paz social en la que el gobierno de Rajoy ha podido llevar a cabo todos los recortes habidos y por haber sin apenas protestas articuladas. Al menos en lo que las organizaciones clásicas se refiere. Su falta de movilización ha provocado un distanciamiento con la sociedad “indignada”, con lo que está pasando. No se hicieron presiones para subir salarios y defender “las conquistas sociales” del Estatuto de los Trabajadores. Tampoco para defender unas pensiones dignas. El resultado fue una reforma laboral tan nefasta que no logra recuperar los empleos perdidos durante la crisis, con salarios que han puesto a muchas familias en el umbral de la pobreza, y con unas pensiones cuyo futuro se cuestiona debido precisamente a la conclusión anterior: los salarios bajos, las cotizaciones sociales bajas, que no sirven, por lo tanto, para hacer frente a los compromisos contraídos por la Seguridad Social.

Foto de Agustín Millán.

Y encima ahora, los sindicatos no logran alcanzar un acuerdo salarial con una crecida pero muy dividida CEOE. El mundo empresarial se niega a dar más de un 1% de incremento a sus trabajadores. Y ni hablar de cláusula de revisión en el supuesto de desviación de la inflación, la hipótesis más previsible. Y eso que los negociadores sindicales no exageran en sus contrapropuestas: 3,5% y clausula. Más o menos lo que se espera de crecimiento de los precios en el ejercicio. La consecuencia más evidente será la pérdida de poder adquisitivo. Ya ha sucedido con las pensiones del sistema público, y ahora les toca a los trabajadores en activo. “La situación de pobreza que vive nuestro país es insoportable. Decenas de miles de familias no tienen para llegar a fin de mes y, a la vez, unos pocos acaparan riquezas infinitas” dice Pepe Álvarez mientras que Toxo advierte que la situación “se complica cada vez más para este Gobierno y estos empresarios”.

Todo apunta a que se convocará la huelga general. La duda reside en saber si los sindicatos cuentan con medios materiales y humanos para llevarla a cabo con éxito. Las dos centrales se encuentran en la práctica ruina. Sus ingresos se han visto muy mermados y sus aparatos ya no cuentan con la capacidad de respuesta de antaño.

Y luego está el seguimiento. En las entidades y empresas públicas, los sindicatos siguen teniendo fuerza, la que les dan las prerrogativas alcanzadas en los últimos treinta años, que han defendido a capa y espada a pesar de que los gestores han hecho lo imposible para reducírselas.

En las empresas privadas, la afiliación sindical es escasa por no decir que nula. El miedo a perder el puesto de trabajo, aunque sea retribuido con unos miserables 600 euros al mes, es la tónica dominante en las mismas.

Aun así, la apuesta está clara. En el presente ejercicio volveremos a ver en las calles los “piquetes informativos” a la entrada de los centros de trabajo. Los sindicatos quieren volver a recuperar la calle.

 

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