Santiago Abascal y Javier Ortega, tras presentar una denuncia en la Audiencia Nacional por enaltecimiento del terrorismo.

Un Congreso de los Diputados con diez o quince representantes de la ultraderecha era una utopía hace solo un año. O mejor dicho una distopía, una pesadilla digna de El cuento de la criada, la magnífica serie que retrata la toma del poder por parte de un grupo de fanáticos fundamentalistas en Estados Unidos. Hoy la posibilidad de que Vox irrumpa con fuerza en el Parlamento español está más cerca que nunca. El pelotazo político del partido de Santiago Abascal en las elecciones andaluzas no es extrapolable a la política nacional, según advierten expertos como Antón Losada, pero lo cierto es que las perspectivas electorales para esta formación se han disparado más allá de lo que podían imaginar los propios fundadores de este proyecto ultranacionalista.

Realizar un cálculo estimativo de lo que podría pasar con Vox en unos comicios generales sería poco menos que entrar en el terreno de la política ficción. Pero conviene tener en cuenta algún que otro dato ciertamente significativo que nos deja el 2D: solo en Almería ‒la única provincia andaluza en la que no ha ganado el PSOE‒, los ultras han logrado más de 43.000 votos y dos escaños. Imaginemos lo que podría estar a punto de suceder en muchas de las restantes 53 provincias, sobre todo las zonas rurales más castigadas por la crisis y más condicionadas por la furia hacia el establishment que representan las instituciones democráticas nacionales y europeas. Un auténtico volcán en erupción.

La derecha dispone de amplios graneros electorales en comunidades autónomas como Madrid, Valencia, Murcia, ambas Castillas y Galicia, entre otras. En estos territorios del Estado buena parte del electorado que hasta ahora votaba al PP ha podido sufrir la seducción fascinante del “efecto andaluz” y podría estar planteándose, no ya votar a Ciudadanos, que se presentaba como la gran alternativa a la derecha española, sino a Vox, que plantea soluciones mucho más radicales a los problemas económicos y migratorios.

No obstante, la cuestión aritmética sobre el número de escaños que podría obtener Vox si se celebrasen elecciones hoy mismo es lo menos importante. Lo realmente fundamental es que el partido de Santiago Abascal empieza a convencer al electorado y a extender exponencial y cualitativamente su programa de Gobierno ultraderechista por todo el Estado español. Están bien organizados, cuentan con el apoyo de grandes partidos de la extrema derecha europea y se mueven como pez en el agua en las redes sociales, poderosas herramientas tecnológicas que permiten la manipulación de la información y la rápida propagación de la indignación colectiva contra el sistema.

De momento, no parece que Vox tenga decidido si piensa llegar a acuerdos con la derecha convencional de PP y C’s. “No tengo un pacto con ningún partido, solo tengo un pacto con los andaluces que nos han votado”, ha dicho Abascal en una rueda de prensa convocada esta misma mañana para valorar su histórico resultado electoral. Quizá dentro de dos o tres legislaturas, de continuar esta meteórica proyección, ni siquiera necesiten de esos pactos para gobernar. Como ya sucede en otros países de la Europa ultranacionalista.

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2 Comentarios

  1. Señores de la prensa,tanto escrita como hablada…Seguid hablando de Vox,seguid hablando del monstruo,seguid…ayer ya vetaron a los de La Sexta,seguid…..puede que cuando os deis cuenta que habeis alimentado al monstruo,este os devore tambien a vosotros.

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