El crimen es una conducta, acción u omisión, tipificada por la ley, que resulta punible. La imagen de los representantes que formaron parte del gobierno de la Generalitat ingresando en prisión, pone a prueba el sentido de la Ley como institución. Por tanto, si bien es un hecho que el “Proces” violó esta legalidad vigente, en el derecho penal. El crimen se vincula al delito, porque etimológicamente este remite de modo general al abandono de la ley. El término latino “Vis” significa “Fuerza”. En Derecho es sinónimo de fuerza o presión. Se usa en Derecho Penal al analizar los requisitos para la configuración de un ilícito penal, según la teoría del delito. Asimismo, se lo usa para estudiar el concepto de violencia recogida en tipos penales, como son las amenazas o las agresiones sexuales, tanto el abuso como la violación. Determinándolo, se podrá castigar todo intento de alterar por la fuerza el orden establecido. En consecuencia, como “crimen vis”, se castigan casos de vis privada, que también alteran la convivencia ciudadana, cómo la violencia de género y, también, casos de la más grave vis pública, que suponen un ataque frontal al régimen político. Esta distinción se ha de traducir en las formas de procedimiento o en el carácter de la pena. De aquí, el énfasis por atribuir violencia en los hechos.

Más allá de la amplitud de las conductas que abarcaba el crimen vis en el Derecho Penal Romano, bajo el nombre de plagium se castigaba la violación de los derechos dominicales respecto de los esclavos y la compra o venta de hombres libres, tutelándose así el derecho de propiedad y no la libertad en sí misma. Debemos convenir que, un ejercicio de poder autoritario, que rompe el equilibrio entre las instituciones del Estado y permite que el abuso y la impunidad sean la norma en lugar de la excepción. Procura que en su administración prevalezca el sometimiento, que parte de un sentimiento de perversión que hace que una persona, consciente o inconscientemente, se sienta superior al otro y disfrute con placer el maltratarlo. El sometimiento supone control absoluto. Es servidumbre, lo que lleva implícita una obligación, una carga. Vastos sectores de la población de España, con pretextos tales como por “el bien de España”, están sufriendo los mayores recortes de toda la democracia, mientras se siguen descubriendo corruptelas a cada momento. Aprecia que, mientras que la Justicia no se aplica de manera ecuánime, su carga aumenta. Al tiempo, otra de las artimañas de estos gestores, por incompetencia o administración indebida, que son autores responsables de esos desequilibrios desde que asumió el poder M. Rajoy, ya tienen culpables: los catalanes.

Lo que el Partido Popular hace desde el momento en que el PSOE se abstiene, para investir a Mariano Rajoy, es una política basada en esta línea conceptual. Necesita demostrar su poder, no en votos sino en el respaldo del sector económico dominante reunido en torno al IBEX y a grupos ultra ortodoxos dentro del catolicismo. Son los únicos beneficiados de este estado de cosas. Se basan en formas de trabajo antiguas y forzadas, que históricamente impedían al individuo actuar libremente y que lo sometían a los deseos y prácticas violentas de sus amos o de quienes poseían poder sobre ellos.

hoy se siguen aplicando los principios del Movimiento sin el menor pudor y con la anuencia de la dirigencia del Partido Socialista Obrero Español

Las guerras han sido también históricamente formas “justificadas” de ejercer sometimiento sobre las poblaciones vencidas. En muchos casos, los vencedores se contentaron con humillar a los vencidos, en otros simplemente se dedicaron con entusiasmo a su eliminación. En Galicia hubo más muertes luego de la derrota de la República que durante el conflicto. Según muchos analistas, hoy se siguen aplicando los principios del Movimiento sin el menor pudor y con la anuencia de la dirigencia del Partido Socialista Obrero Español. No de su militancia, la que todavía no es consciente de la traición que sufrió. Y cómo se administra el mandato que supone el caudal de sus votos.

La cuestión catalana ha hecho que el ala más dura de la derecha del PP, PSOE y Cs, propicie actuaciones ejemplarizantes, aunque ello suponga poner a prueba la interpretación de los hechos. Paradójicamente, la justicia belga comenzará ahora a calificar estas actuaciones. La violencia en ningún caso será la vía para resolver esta cuestión. Sólo el dialogo y la grandeza pueden acercar posiciones para encontrar nuevos modos y mejores espacios que atiendan los intereses y la dignidad de todos. Será el escenario de los principios.

Pretender el sometimiento vil con la idea que debe de haber vencidos, será no comprender la dimensión de las fuerzas en juego.

Hay que rehacer el camino.

 

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