Un amigo arquitecto ha decidido implicarse directamente en política. El otro día me exponía los motivos en una comida donde descubrimos que mezclar meón, jamón y una reducción de vinagre de Módena es una de las peores ideas que pueda tener un cocinero. No volveremos a ese restaurante. En la comida salió el nombre de un alcalde, que pertenecía a un partido de ideología diametralmente opuesta al suyo, imputado en un gravísimo caso de corrupción. Me sorprendió, y me pareció todavía más triste, cuando me lo describió como un gran alcalde que en sus últimos mandatos decidió creerse el año de la ciudad. Lo que no es un caso aislado en España. Esta multiplicidad de casos ha llevado a una desconfianza en la política que corremos el riesgo que devenga estructural.

El reverso de esta situación es la autoorganización de un colectivo con capacidad de proponer proyectos puntuales y desarrollarlos.

Si hablamos del mundo municipal estos proyectos suelen ser invariablemente reaccionarios. Esta falta de visión estratégica se podría explicar con precisión diciendo que un colectivo autoorganizado tiene preferencia defendiendo el lleno sobre el vacío. El vacío urbano (calles, plazas, parques) es donde sucede la res pública, etimológicamente la cosa pública, que es la raíz de la palabra República. El vacío es fácil de defender(1) hasta el extremo que su ocupación es uno de los índices más fiables para evaluar la salud democrática de un país… y es muy difícil de gestionar y proyectar.

Uno de los ejemplos más ilustrativos de esta manera de operar es la salvación de la masía de la Torre Blanca en Sant Cugat del Vallès.

La Torre Blanca era una preciosa masía en la falda de Collserola. Una masía no son cuatro paredes. Una masía es una manera de tener cuidado del territorio. Las masías fueron durante siglos el primer eslabón de la economía del país. De muchos países.

Los terrenos de la Torre Blanca fueron objeto de un plan parcial para la construcción del barrio residencial del mismo nombre. Unos ocupas fueron directos a por el edificio de la masía, se hicieron fuertes y lo salvaron de la picota. Lástima que lo que salvaron no fue la masía, sino las cuatro paredes que contenían la vivienda y algunos servicios de la masía. Salvaron el lleno. La masía entendida como sistema (es decir, el vacío) se perdió, cuarteada por calles y parcelas.

Pocas veces en mi vida he presenciado una victoria más triste.

Había mucho por protestar. Había mucho a defender. No se habló de nada que fuese importante, de nada que implicase pensamiento estratégico, cediéndolo a la iniciativa privada. Las calles, anchas, demasiado anchas, están concebidas en función del coche y expulsan a los peatones. Una rambla absurda pavimentada con sablón que no conduce a ningún lugar ni está alimentada por ningún equipamiento ni bar ni zona de juegos infantiles ni nada quiere ser algo parecido a un centro. La arquitectura de los edificios es de pésima calidad(2). Las cuatro paredes de la masía, orientadas a sureste como casi todas las de este país(3), han quedado torcidas respecto de la trama de las nuevas calles, que, además, fueron urbanizadas metro y medio bajo el nivel de la planta baja del edificio. Un conjunto de rampas intenta salvar la accesibilidad del conjunto comiéndose todo el espacio existente para crear un acceso digno. Los límites se estrellan contra rampas de aparcamiento. Hay muros de contención pelados. Pero lo peor de todo es la rehabilitación. Si la califico de infumable le haré un favor. Es peor. Todos los detalles, todo lo que caracterizaba la casa o ha sido borrado o se ha convertido en una parodia triste y desangelada. El entorno se marchó. En el nuevo entorno las cuatro paredes son un bulto malencajado que estorba.

Durante un tiempo la masía recuperada siguió funcionando como centro autogestionado de propiedad municipal. Una de las salas estaba ocupada por una alternoteca, a saber, una biblioteca purgada ideológicamente: todos los libros que había merecían estar en una biblioteca municipal. Los libros críticos con estos fueron desterrados. Es decir: Karl Marx sí, Adam Smith No. Eiseistein sí, Griffith no. La alternoteca desterraba la formación de un pensamiento crítico.

Actualmente el edifico ha sido transformado en una oficina joven que ocupa como puede este rastro convertido ahora en una de las peores muestras de arquitectura de una ciudad que tiene uno de los peores parques de arquitectura pública de toda la periferia de Barcelona.

Entregar un equipamiento a la ciudad, gestionar el espacio público a su alrededor, colocar este sistema de equipamientos de una manera lógica es, o debería ser, tarea de un consistorio. Recuperar el interés en este tipo de política es perentorio. Conseguir que la gente que participa en estas iniciativas se apunte les dará la visión estratégica de la que han carecido hasta ahora y sus iniciativas se canalizarán para lo que el municipio necesita, evitando estas chapuzas. Vale la pena.

 

(Foto: Jaume Prat, juliol 2018)

(1) El otro día (un día diferente al de la comida con mi amigo) el antropólogo Manuel Delgado explicaba que se escribía con Jordi Cuxart sobre las hogueras de San Juan, tomadas como ejemplo de que las calles serán siempre nuestras.

(2) Excepto por dos edificios fantásticos proyectados por Josep Lluís Mateo que demuestran lo que decía antes: una ciudad es mucho más que la suma de proyectos individuales, buenos o malos.

(3) Esto es un rastro romano. No siempre los hemos de buscar en templos o acueductos, sino también en detalles como estos: masías giradas 45º respecto del norte siguiendo una trama secreta que organizaba todo el Imperio.

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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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