José Luís Rodríguez Zapatero tiene en su haber ser el único expresidente español vivo que no ha hecho uso de las ventajosas puertas giratorias con las que muchos que fueron altos cargos, por supuesto también los presidentes del Gobierno, han pasado un buen rato haciendo de jarrón chino en los consejos de las grandes empresas del IBEX. Sin embargo, y dado que hagan lo que hagan, los que fueron máximos responsables de nuestros gobiernos no encuentran una digna ubicación acaban en algunos casos metiendo la pata y a veces aciertan. De todo ahí y veremos ahora dos ejemplos claros. En el caso de José Luis Rodríguez Zapatero, está visto que no se ha dedicado a vivir placidamente en su León natal, como en algún momento dijo, en tranquila vida provinciana y hasta pastoril.

Nada de eso ha ocurrido y últimamente Zapatero ha encontrado un gran filón en el asunto Venezolano. Dice que “casi se siente ya del país”. Nicolás Maduro le recibe con gusto, Diosdado Cabello, el desconcertante expresidente de la Asamblea Nacional venezolana, también. Y ha visitado a Leopoldo López, principal exponente de la ausencia de libertad política, en su celda de la prisión militar de Ramo Verde. Sin embargo, son pocos los integrantes de la oposición venezolana que se fían de él. Ya se han manifestado en este sentido personas destacadas en este ámbito como Henrique Capriles o María Corina Machado.  Aquí, en España, Leopoldo López (padre), auténtico referente de la diáspora venezolana en Europa desde su residencia madrileña.

Rodríguez Zapatero va proclamando a los cuatro vientos que la conciliación es posible, pero finalmente acaba dejando caer que se posponga el referéndum revocatorio en el que el antichavismo tiene puestas todas sus esperanzas. ¿A qué juega?. La oposición democrática está algo desconcertada con su actitud. Y también personas importantes en el PSOE, tan importantes como Felipe González, uno de los principales baluartes internacionales con los que a día de hoy cuenta el movimiento democrático venezolano.

Felipe González ha estado en Venezuela y, a diferencia de Zapatero, no pudo visitar a Leopoldo López, pero también a diferencia del último presidente socialista de España, mantiene una relación estrecha y muy amistosa con los principales familias de la oposición democrática venezolana, entre ellas la de Leopoldo, que conviene no olvidar que es líder de un partido, Voluntad Popular, integrado en la Internacional Socialista. No se cansa el primer presidente socialista de España de escribir artículos y dar conferencias sobre el caso venezolano, resaltando, por ejemplo, la manera en que malviven algunos presos políticos en el horror conocido como La Tumba, una prisión en el centro de Caracas donde hay estudiantes retenidos a la espera de juicio en calabozos cinco pisos bajo tierra, un lugar inmundo carcomido por la humedad en el que la luz artificial no se apaga ni un minuto del día. Una tortura que nace de los más bajos fondos políticos.

En uno de sus últimos artículos sobre Venezuela (“Dialogo, pacto, reconciliación”), Felipe concluye: “No conozco sobre que bases están trabajando los mediadores internacionales para el diálogo aunque les deseo lo mejor, pero sé que esa mediación debe ser acordada entre las partes para generar confianza”, es decir, uno no puede ser mediador si una de las partes implicadas, en este caso la Mesa de la Unidad Democrática, no te está poniendo buena cara, desconfía del mediador. Lo interpreto como un aviso al navegante Zapatero.

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