La generación a la que pertenezco, la de los españoles que hoy tienen entre cuarenta y tantos y cincuenta tantos años, es una generación fracasada. Y probablemente una de las más nefastas de la Historia de España.

Mi generación en primer lugar se ha conformado con las migajas que han dejado las generaciones que hoy tienen más de sesenta años. Estas generaciones coparon con la sacrosanta Transición todos los resortes de decisión política y económica, todos los mecanismos de poder, y la mía vio con una mezcla al principio de asombro y luego de desidia, cómo sólo podía acceder a los huesos del festín que se dieron los González, los Aznar, los Botín, los Cebrián y hasta los Rajoy. Y no hizo ni por supuesto hace nada para remediarlo.

La generación nacida en este país en los años sesenta y primeros setenta del pasado siglo, la generación del llamado “Baby Boom”, mi generación, se ha instalado en una adolescencia perpetua, en una inconsistencia donde las relaciones personales no superan el estado líquido. Nos hemos acostumbrado, con la única reacción de un encogimiento de hombros, al desempleo masivo, a que muchos con los que nos fuimos de marcha de jóvenes, a que muchos de nuestros amigos o vecinos o familiares, afronten la cincuentena en el paro y sin posibilidad de encontrar empleo. Hemos admitido que con las sucesivas reformas laborales el empleo estable y bien pagado de aquellos que tienen más de sesenta años, haya sido enterrado en el baúl de los recuerdos. Y es tanta nuestra desidia y nuestra pachorra que al parecer hemos admitido no sólo que nos vayamos a jubilar más tarde, que existe la posibilidad real y cada vez más creciente de que no vayamos a poder cobrar una pensión digna, y tal vez ni siquiera una pensión.

Pero eso no es lo peor. Lo más lamentable y triste es que somos la primera generación, como así lo indica el CIS entre otros, que tiene la certeza de que nuestros hijos e hijas van a vivir peor que nosotros. Si nuestros padres tuvieron la certeza de que iban a dejar un país mejor a sus hijos, nosotros sabemos que vamos a dejar a los nuestros un país convertido en un erial, con precariedad y subempleo perpetuos, con una merma de derechos y libertades. Y no hacemos nada. Basta ver como las tasas universitarias se han multiplicado por tres, como los jóvenes superan la treintena sin empleo y sin posibilidades de poder hacer una ruta de vida digna, y como nadie protesta ni hace nada.

Naturalmente que existen excepciones, pero sinceramente, en una generación donde el conformismo, la desidia, y la falta de compromiso, incluso con los hijos, es la tónica dominante, eso no me sirve de consuelo. ¿Y a usted?

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7 Comentarios

  1. ¿Y qué has hecho tú?. Pertenezco a la misma generación y estoy harto de lloricas que cuando llega la hora de la protesta se meten en una cueva. Algunos tenéis lo que os merecéis, otros tenemos aquello a lo que nos habéis condenado.

  2. Pues yo he hecho lo que he podido; entre otras cosas ir a todas las manifestaciones, votar lo que he votado, escribir artículos como éste, y otras cosas. Yo podré mirar la cara a mis hijos.
    Le sugiero por cierto que vuelva a leer este articulo. Tiene poco de llorica.

  3. Pues yo he hecho todo lo que he podido. Entre otras cosas huelgas y manifestaciones, votar lo que he votado, y escribir artículos como éste y otros. Tengo la conciencia tranquila. Podré mirar a la cara a mis hijos.
    Por lo demás le sugiero que vuelva a leer el artículo; tiene poco de llorica.

  4. Y tu que has hecho pepín? Ok he visto este comentario tuyo en Internet.

    A ver si podías más con el ejemplo. Que fácil es poner a caldo a la gente cuando comparte sus reflexiones….

    Parece ser que eres un crítico sin criterios, vaya tela….

  5. Subscribo de la primera a la última palabra de la anterior respuesta. Estoy hasta los huevos de llorones. Y tú qué has hecho? Aparte de aprobar una oposición

  6. Quizás la pregunta que haya que hacerse no es qué ha hecho cada uno individualmente, sino que hemos hecho colectivamente para evitar esta situación. Lamentablemente muchos sostienen que con votar cada cuatro años o cuando nos manden es suficiente, cuando la experiencia nos muestra que es la sociedad civil la que le añade un entramado de solidaridad y cercanía que la mera actuación política no nos aporta.
    También lamentablemente vivimos en un país en el que la sociedad civil apenas existe como tal organizada y muy a menudo esta acaba siendo instrumentalizada por el poder político.

  7. Lxs más precoces pudimos ver cómo la ilusión por una “ruptura democrática” con el antiguo régimen, se diluía en sueños de opio y pilas bautismales (que se bebió la izquierda parlamentaria). Fue marginada tras el “auto golpe” del 23-F.
    D.E.P.

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