El triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta de la elección presidencial brasileña abrió el debate sobre la posibilidad que se constituya en la punta del iceberg del surgimiento de candidaturas de extrema derecha en Argentina, como en una suerte de efecto contagio de la realidad de su vecino.

Si bien el sustrato social que permitió el crecimiento del candidato del Partido Social Liberal (PSL) no se replica de manera similar en Argentina, no debe pasar desapercibido cuál es el humor social imperante y cuáles las posibilidades de la aparición de un outsider del status quo.

Cuando uno observa la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública realizada por la Universidad de San Andrés, y que forma parte de los estudios que este centro de estudios realiza desde mayo de 2016, nota que tan sólo el 28% de los hombres y apenas el 16% de las mujeres consultadas están satisfechos o muy satisfechos de cómo marchan las cosas en el país, lo que da un promedio de menos de un cuarto de los encuestados, y significa apenas un aumento de 3 puntos porcentuales tras 9 informes de caída ininterrumpida. Lo curioso es que este leve repunte se apalanca en el crecimiento de 6 puntos porcentuales que esta opinión tuvo en la clase baja, es decir, los que más sufren la crisis son los que más satisfechos están en cómo marchan las cosas, ¿tendrá que ver con que el entramado de contención social funciona y las clases más postergadas ven menos impacto de la crisis en su realidad cotidiana y ésta golpea más a quienes pertenecen a la clase media y al sector ABC1?

De la mano de esta realidad, la satisfacción de los encuestados con los poderes del Estado es muy baja, ya que quien mejor considerado está es el Ejecutivo y recibe apenas un 20% de apoyo, aunque paradójicamente el 36% de los entrevistados aprueban la gestión de Mauricio Macri, apenas repuntando respecto al sondeo anterior y muy lejos del 66% de aprobación de menos de un año atrás. La crisis golpea duro y la gente lo hace saber. Lo curioso es que pese a lo que se cree en el imaginario colectivo, si bien son el sector socioeconómico que más aprueba la gestión Macri, son a su vez quienes dejan de creer en él, puesto que mientras en la clase baja el apoyo al Presidente aumentó 2 puntos entre los últimos sondeos, en la clase media el aumento fue de 4 puntos, en el sector ABC1 la aprobación a la gestión del Presidente Mauricio Macri cayó 9 puntos.

Ahora bien, pese a todo sigue siendo la corrupción la principal preocupación de los argentinos, y en este sentido es primordial para la imagen del Gobierno lo que ocurra con la ex Presidente Cristina Fernández, que afronta varios juicios por este tipo de delitos, y en un país en el que la mayoría de sus ciudadanos creen que todo pasa por el Presidente, aún sin tener injerencia directa una acción concreta de combate a la corrupción por parte de la Justicia redundaría en su favor. Sin embargo poco ayuda en ello el accionar de algunos dirigentes como el Ministro de Justicia Germán Garavano, quien afirmó que ‘Nunca puede ser bueno que un ex presidente esté detenido’, cuando en realidad lo que debe primar es su apego (o no) a la ley, y no el cargo que ostente o haya ostentado. Quizás el Ministro busque descomprimir el interés general mayoritario de la sociedad de ver tras las rejas a la ex Presidente como castigo de las enormes sospechas de corrupción que pesan sobre ella y abogue por seguir teniéndola como contrincante electoral, lo cual es llamativo, puesto que según este mismo estudio de las 14 categorías consultadas en solo 3 el gobierno actual sacó mejor nota que el anterior, y obviamente el tema corrupción es uno de ellos, aunque la imagen positiva del Presidente sigue siendo alta, 41%, con un rechazo del 54% frente al 26% de imagen positiva de Cristina Fernández, quien acumula un rechazo que ronda el 71%.

Finalmente, las simpatías electorales se encuentran repartidas por tercios, donde uno de ellos está dispuesto a votar a un candidato oficialista, otro a un candidato opositor y el restante no sabe aún qué hacer, pero en una coyuntura en la que quienes concitan los apoyos son líderes individuales y no proyectos colectivos, hay margen para el surgimiento de candidaturas ‘ousiders’, aunque no con posiciones tan extremas como las de Bolsonaro.

En este sentido el propio presidente puede considerarse un outsider de las estructuras partidarias tradicionales, aunque no de la política puesto que fue por 8 años Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, aunque sí debió rodearse de estas estructuras para poder gobernar. También hay quienes pregonan la candidatura promovida desde el peronismo de Marcelo Tinelli, un conductor televisivo muy exitoso en su actividad pero sin ningún tipo de actividad política previa y con fuerte rechazo por parte de la ciudadanía, según varios estudios electorales.

En síntesis, tal como se sustenta en los estudios de opinión, la situación en Argentina es compleja y si bien la ciudadanía no cree en las instituciones, aún cree en quienes las ocupan, por lo que no es visible en el corto plazo el surgimiento de candidaturas con propuestas al margen del espectro político como el caso de Bolsonaro en Brasil… pero tampoco eran muchos quienes creían, tres años antes, que Mauricio Macri fuera a ser electo Presidente de la República en 2015.

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