Usted, lector, tiene dos opciones:

Opción 1

Usted piensa que los votantes eligen libremente a sus dirigentes políticos y que el discurso de estos (los políticos) tiene alguna relevancia porque el futuro depende de ellos y de sus programas.

Usted piensa que el demencial nivel de deuda acumulada a nivel mundial puede ser absorbido por un “vigoroso crecimiento”. Piensa también que la economía va bien, medio bien o que, aplicando “otras políticas” (de gasto, de reparto, de crecimiento, etc.) podría mejorar significativamente.

Entonces, usted analizará los programas, las propuestas, las declaraciones… populismo por aquí, política de austeridad por allí, lucha contra la corrupción siempre… eso siempre, los pactos de gobierno, incluso quién es ministro o quién no. Estará usted en contra de tal político porque es un machista o un maleducado. Se meterá con Merkel y le parecerá menos peligroso, o más simpático, Obama que Bush.

Opción 2.

Usted está convencido de que la situación de endeudamiento a la que se ha llegado responde al final de un modelo. No de un sistema, el capitalista, sino de un modelo, el de crecimiento en base al crédito y, en consecuencia, de que una crisis financiera y económica es inevitable. Y no hablamos de una crisis cualquiera, sino de una que va a hacer que, a su lado, la del 2008 parezca una apacible merienda en el campo.

Ahí está el tema: cuál va a ser el camino por el que nos van a llevar a lo inevitable

Entonces usted interpretará cada acontecimiento no como algo aislado (Brexit por aquí, Trump por allí…) sino como el caos (económico, pero también social) necesario, el desguace programado de un modelo. Desguace necesario antes de implantar un nuevo modelo económico y financiero global. Porque todo nuevo elemento de caos e incertidumbre beneficia y está programado, permitido, inspirado…como quiera decirlo, por la élite mundial de corporaciones y mega-ricos que han decidido que hay que aproximar la fecha de esa crisis.

De hecho, pensará quizás usted, que nos están llevando a ella de cabeza. La cuestión es saber qué camino van a tomar. Ahí está el tema: cuál va a ser el camino por el que nos van a llevar a lo inevitable.

Entonces, quizás, leerá usted el resultado de las elecciones USA como el balanceo entre ir de cabeza a una crisis a través de métodos violentos (una guerra generalizada en Oriente Medio o, incluso, un conflicto con Rusia). Lo cual, no hace falta decirlo, era la opción Hillary Clinton y de –aparentemente- el establishment USA y muy especialmente de los bancos de Wall Street. Entre esto, decimos, o la opción Trump.

Opción Trump: menos guerras pero más gasto y más deuda y, sobre todo más inflación.

Naturalmente la opción 1 y la 2 no son excluyentes. Se puede pasar de una a otra o, incluso, fabricar si hiciera falta una síntesis de las dos.

Los mercados no se han equivocado. Los de acciones se mantienen porque ven negocio en un primer tiempo, pero los de bonos han caído estrepitosamente esta semana, es decir, las rentabilidades suben. La inflación está ahí. Los tipos de interés van a subir. Lo cual, en un mundo superendeudado, es la mejor manera de provocar un cataclismo. No es que no se vaya a pagar la deuda, que es impagable. Es que muchos no van a poder pagar los intereses. Y eso son palabras mayores.

¿Se imaginan lo que puede significar para el Reino de España, con una deuda pública del 100% del PIB, cualquier subida de los tipos de interés? Son 10 mil millones más a pagar por cada 1% de subida. Sí, la ruina. Ruina para la Seguridad Social, los fondos de pensiones y de inversión. Ruina para todos aquellos que tienen unos ingresos fijos (pensionistas) o para los que aún se sienten privilegiados (funcionarios). Bastará con congelar sueldos y dejar correr la inflación y su nivel de vida bajará espectacularmente.

Belicismo con Hillary o incertidumbre, inflación y, quizás, caos con Donald

Estas son las dos opciones que aquellos que han decidido que hay que ir pasando página han hecho aparecer bastante claramente en las elecciones USA. Belicismo con Hillary o incertidumbre, inflación y, quizás, caos con Donald. Así que, irónicamente, va a resultar que, en realidad, el “mal menor” en las elecciones USA era Trump. Por lo menos habrá –en principio- menos muertos.

Además de que, no me lo negarán, Donald ofrece una ventaja inigualable. A partir de ahora, todo lo que ocurra será culpa de él. No de la Fed y los demás bancos centrales y de su demencial política y de un modelo agotado, no. Será culpa de Donald Trump, el “candidato antisistema” y, por extensión, de todos los antisistemas que (equivocadamente) le han votado.

Genial, ¿No?

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