La ropa vieja debe de llevar horas hecha, pero como a todo guiso, eso lo hace más sabroso. Es el plato estrella, y en casi todas las mesas de turistas, es decir en todas, se degusta con fruición. El restaurante Versailles de la Calle 8 es la embajada de la disidencia bien de Miami. Una disidencia gris, tenue. De cartón piedra. Pero adinerada y ruidosa. Fidel Castro ha muerto hace apenas cuarenta y ocho horas y en el parking del restaurante ondean banderas cubanas y otras azules y blancas en las que se lee muy grande Pence y, más grande aún, claro, Trump. Go Trump!, gritan a los coches señoras mayores, abuelitas encantadoras que sin embargo parecen recién salidas de un after. Y aplauden, envueltas en banderas y en una rebeldía que tiene algo de épica y mucho de ridículo.

Go Trump!, gritan a los coches señoras mayores, abuelitas encantadoras que sin embargo parecen recién salidas de un after

Dentro de menos de dos meses el Presidente Obama se despedirá, previsiblemente en Chicago y previsiblemente en un discurso lleno de aplausos y de pausas para la publicidad y para Michelle, que viene a ser lo mismo. La dictadura del ego y de las manos bonitas. No preveía yo entonces el puchero al recordar a su chica, como aquel de Vargas Llosa de Perú para mí es Patricia y su nariz, pero llega un momento en el que uno se atreve con todo, especialmente cuando ya le han traído la cuenta. Esperemos que su matrimonio corra mejor suerte que el otro –los dos bailan demasiado bien como para no quererse–. Sigue mientras tanto Guantánamo y, al fondo, el supuesto cadáver del supuesto Bin Laden arrojado desde una zodiac por pura bondad. No sé.

Sigue mientras tanto Guantánamo y, al fondo, el supuesto cadáver del supuesto Bin Laden

Ha sido una campaña dura y a ratos zafia, con dos candidatos dudosos tanteándose, pensándose como esos boxeadores de Mailer que necesitaban tener colocadas todas las piezas antes de lanzar el primer bofetón, ese que las haría saltar todas por los aires. Demócratas y Republicanos. Virtudes y vicios. Demócratas republicanos.

Así nada debería tomarse a la ligera, pero la suerte está echada y las señoras mayores se abalanzan sobre nuestros bloody maries y nos hablan de tromp, y nos dan gorras, y nos tratan de convencer. Las amigas de L ríen y se hacen fotos para inmediatamente subirlas a no sé dónde. Hay cadenas que nunca se rompen. Qué manía la de hablar de la libertad mientras se aleja el sosiego.

América es un país grande. No creo que nadie tenga que venir a hacerlo más grande, como si fuera un grasiento menú. Es grande, pero sin embargo no logra apaciguar ninguna de las locuras que lleva dentro. Todas, tarde o temprano, consiguen salir a la superficie y tomar un poco de aire y volver al fondo a hacer daño y enmerdarlo todo. La mesura y la confianza de Obama se han tornado en ocho años de timidez, que a partir de cierta edad es mala educación. La economía se equilibra, la crisis madura y los números mandan. Y aquí aparece un consejero delegado lleno de ceros a la izquierda, pero también a la derecha, y con control corrupto sobre su corrupción corrupta. Lo cual, hoy en día, se traduce en virtud.

yo veo a todas estas señoras, toda esa comida frita e imagino a sus maridos y sus rifles

Y yo veo a todas estas señoras, toda esa comida frita e imagino a sus maridos y sus rifles y vuelvo al hotel con L y sus cosas que me fascinan, todo lleno de humedad, y no puedo pensar en un devenir más lógico para todo esto. Debe de ser el cansancio.

Será presidente, ya mismo. Cuatro años, o tal vez más. O tal vez menos, lo cual no significaría necesariamente que nos va mejor. Le han votado, de alguna forma han creído en él. Una decisión. No es nuevo que el martirio esté implícito en la fe.

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