42 años atrás y en medio del plan sistemático de exterminio de opositores ideado e implementado por la última dictadura militar argentina, el Ejército Argentino se ensañó con un grupo de estudiantes secundarios en la ciudad de La Plata y secuestró a diez de ellos la noche del 16 de septiembre de 1976 en lo que con posterioridad se conoció como ‘La noche de los lápices’.

Eso fue una noche de más de cuatro décadas atrás, y siempre tras la noche llega el amanecer y como dice un slogan que recuerda a aquellos jóvenes militantes de los setenta, los lápices siguen escribiendo.

En aquel lejano 76, los jóvenes platenses se habían organizado para peticionar ante las autoridades el Boleto Estudiantil Secundario, que garantizara la gratuidad del transporte público para acceder a los centros de estudios, pero los militares, en aquella época, no eran muy afectos a la organización ciudadana y el peticionar ante las autoridades, principalmente porque más que organizar son partidarios de ordenar a quienes ellos entienden que deben ser sus subordinados y lo de peticionar menos, puesto que eran autoridades por el poder de las armas y en la estructura militar se obedece, no se peticiona.

En los procedimientos secuestraron a diez jóvenes, de los cuales solo cuatro lograron salvar su vida. Quienes no lo consiguieron sufrieron las torturas y vejaciones que se relatan en el informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas,  Nunca Más y en la película que a mediados de los 80 realizara Héctor Olivera.

Paradójicamente (o no) esta reivindicación estudiantil vio la luz cuatro décadas después de la noche de los lápices, cuando en la misma ciudad de La Plata la gobernadora María Eugenia Vidal, que muchos califican como de centro derecha, dispuso que se implementara el Boleto Estudiantil gratuito . Lo que no pudieron hacer los jóvenes militantes en los 70 ni el peronismo en sus 27 años ininterrumpidos de gobierno en la Provincia de Buenos Aires, lo que ni siquiera se ganó en la ‘década ganada’, fue implementado por quien tuvo la decisión de llevar adelante este reclamo histórico.

Las Fuerzas Armadas creían que con este tipo de accionar ejemplificador lograría la desmovilización popular de los sectores juveniles, pero lejos de ello hoy en día, recobrando aquel ejemplo, son grupos juveniles quienes alzan la bandera de los nuevos derechos y las viejas reivindicaciones.

Son jóvenes quienes se movilizan en defensa del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, son jóvenes quienes reclaman la separación entre Iglesia y Estado, son jóvenes quienes luchan por educación pública y gratuita, son jóvenes quienes marchan por el acceso al trabajo, en casi todos los reclamos populares, quienes mayoritariamente se movilizan son los jóvenes.

Con nuevas formas, con otras manos, con diferentes colores pero con la misma convicción e ideales de solidaridad, compromiso y reivindicación que los derechos de todos deben ser para el goce de todos, los lápices siguen escribiendo.

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