Tiempos grises estos que nos han tocado vivir. Tiempos grises estos, en los que toca recordar lo obvio, en los que el pensamiento único neoliberal ha impuesto su hegemonía y en los que toca desmontar un día sí y otro también evidentes falacias.

En primer lugar, recordemos lo obvio. Y recordar lo obvio significa volver a explicar para qué sirve el Estado de Bienestar, para qué sirven tener una sanidad pública y una educación pública adecuadas y de calidad. De esta forma, hay que recordar que estos dos servicios básicos forman parte de los salarios indirectos que perciben los trabajadores, en activo o en paro, con independencia de su renta. Ambas, la educación pública y la sanidad pública, garantizan la igualdad de oportunidades ante la vida y ante la enfermedad de todos los ciudadanos; y lo hacen con independencia de la situación laboral de cada cual, de su riqueza o de sus circunstancias personales.

En segundo lugar, los impuestos directos se pagan en función de la renta, es decir, son progresivos y paga más quién más gana, mientras que los indirectos, como el IVA, los paga todo el mundo igual, con independencia de su renta. Así, cuando el señor Aznar, delante de nuestras narices, dice que hay que bajar el IRPF y subir el IVA, directamente está planteando una contrarreforma fiscal en el que se baje impuestos a quien más dinero gane y se suba al conjunto de la población. Es decir, que se penalice a los débiles. Nada que deba extrañarnos teniendo en cuenta la trayectoria dentro y fuera del gobierno del personaje, y sus relaciones con el IBEX. Lo que sí que debería extrañarnos es que todavía hoy se tenga que explicar esta obviedad, o que haya que denunciar la tremenda injusticia de que las grandes empresas paguen un tipo real de Impuesto de Sociedades más bajo que las PYMES, como el propio Ministro de Hacienda, sin ningún sonrojo, afirmó en sede parlamentaria.

Tiempos grises estos estos además en los que hay que recordar que tener un trabajo estable y dignamente pagado no constituye ningún privilegio, que debería ser un derecho más que otra cosa, y que la llamada “flexibilidad” laboral no esconde más que la precariedad del empleo y el descenso de sueldos. De eso se ha tratado la reforma laboral del PP. De eso se han tratado todas las reformas laborales. Y es que no nos engañemos; no se está creando empleo, lo que se está haciendo es crear trabajo precario y a tiempo parcial, y mal pagado. Y aumentar las plusvalías de los poderosos. Tiempos tristes estos en los que hay que recordar qué es la plusvalía, a pesar de que se sepa que tres españoles acumulan la misma riqueza que catorce millones de compatriotas, a pesar que la propia UE advierta a nuestro país del aumento de desigualdades.

¿Y qué decir de estos tiempos dónde se persigue a los titiriteros mientras permanecen impunes corruptos y muchos de los que han llevado a este país a la ruina? Tiempos de plomo aquellos que vive un país como el nuestro dónde la libertad y los derechos amenazan en convertirse en recuerdos.

¿Reaccionaremos? Veremos. Ojalá se acaben pronto estos tiempos grises y al menos pueda brillar algo la esperanza. Aunque eso es algo que depende de nosotros. De nadie más.

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