Luego de la destitución de Dilma Rousseff por crímenes de responsabilidad el pasado 31 de agosto, y después de ejercer la primera magistratura de la República Federativa del Brasil desde el 12 de mayo de manera interina por la suspensión de la entonces Presidente, Michel Temer cumple siete meses al frente de Planalto y los problemas que enfrenta se acumulan uno a uno.

A la crisis económica que se agudiza día a día y que el gobierno pretende combatir con políticas como las del congelamiento del gasto público por 20 años (sí, leyó bien, 20 años) se suman las denuncias de corrupción que esta vez involucran directamente al Presidente.

El sistema político brasileño en su conjunto se encuentra en crisis, y aunque hasta el momento ha logrado dar respuestas institucionales para promover su regeneración, la situación adquiere tal complejidad que resulta complejo el pensar salidas alternativas a la crisis.

La causa ‘Lava Jato’, iniciada hace más de dos años y que inicialmente arrinconó política y judicialmente a los principales líderes del entonces gobernante Partido de los Trabajadores, con acusaciones de corrupción que involucran a Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva y muchos de sus colaboradores más cercanos, demostró que en realidad es más transversal de lo que se suponía y hoy investiga a numerosos dirigentes políticos de todos los principales partidos políticos brasileños.

Recientemente se supo que uno de los 77 directores de Odebrecht, la mayor empresa constructora brasileña involucrada en el pago de coimas a funcionarios y políticos para hacerse de los contratos más jugosos de obra pública, que acordó con la Justicia ‘arrepentirse’ a cambio de morigerar su condena acusó al Presidente Temer de haber recibido ‘donaciones’ de la empresa para financiar sus campañas, lo que sumado a la crisis económica de la cual no logra salir el gigante sudamericano, pone en jaque al Gobierno.

Frente a esta realidad, cada vez son más fuertes las voces de quienes creen que Temer debería renunciar y convocar a elecciones presidenciales, pero hay que prestar particular atención, si finalmente se produjese la renuncia, a la fecha en la que se produzca, puesto que si Temer renuncia antes del 31 de diciembre de este año, habrá una elección directa para elegir al nuevo Presidente de la República, pero si la renuncia en cambio se produjera el año próximo, la elección del nuevo Presidente sería de manera indirecta, a través del Congreso de la Nación.

Por ello hay quienes piden insistentemente el adelantamiento de las elecciones previstas para 2018, y para entonces se abre un abanico de opciones muy particular, puesto que los principales candidatos son el denunciado Lula Da Silva y quien fuera su Ministra de Medio Ambiente, y líder del Partido REDE, Marina Silva.

Pero ninguno de estos candidatos obtendría la mayoría para alzarse con la primera magistratura brasileña en primera vuelta electoral, por lo que sería inevitable un ballotage, y en él Silva, que es de las pocas líderes políticas que no fue mencionada en el escándalo de las denuncias de corrupción, corre con ventaja para imponerse en cualquier escenario posible, tal como lo refleja la reciente encuestas publicada por Datafolha.

Se plantea entonces un escenario difícil para los próximos meses en Brasil: una crisis económica, cada vez más profunda, y a la que los políticos locales no logran encontrar solución; las denuncias de corrupción que día a día involucran a más y más dirigentes políticos y que salvo honrosas excepciones, parecen no dejar a nadie afuera; el descrédito del gobierno actual, que sostenido por las mismas burocracias políticas denunciadas no deja de perder apoyo en la opinión pública.

La situación se agrava permanentemente y las soluciones no aparecen como próximas. Mientras tanto, el gobierno es ejercido por quien fuera electo vicepresidente de Dilma Rousseff, quien aliado a sus opositores forzó su destitución, y una vez en el gobierno no logró encontrar salida a la situación socioeconómica del país, y además, ahora, es incluido en las denuncias de corrupción. Nadie sabe qué puede hacer Temer… pero todos saben que Temer es de temer.

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