¿Haliqué? 

Halitosis. Si te huele el aliento es que tienes halitosis. Mucha gente lo niega en público, pero lo niega poniendo tierra de por medio, ocultando disimuladamente la boca con la mano o hablando con la boca pequeña. En realidad, la halitosis es un problema más frecuente de lo que parece. La sufren del 30 al 50% de la población adulta, siendo en la mayoría de los casos un problema bucal y no estomacal como se piensa. Los responsables del mal olor son unas bacterias que fermentan en la boca por la noche, debido a la falta de saliva y al estancamiento de los alimentos. De ahí que aumente el pH de la boca, la lengua se ponga blanca y pastosa y el aliento huela a podrido.

De aquellas lluvias, estos lodos

En la mayoría de los casos, la halitosis se debe a una mala higiene bucal, el alcohol o el tabaco, según apuntan los expertos (excepcionalmente, a otras patologías). Lo cual significa que si te lavaras bien los dientes a diario, cuidando de eliminar la comida que queda en la lengua y en los espacios interdentales, es muy posible que tu boca no tuviera ese desagradable olor a ácido sulfhídrico.

Ten en cuenta que la halitosis no es una enfermedad, sino un problema personal que no se sufre en silencio. Comienza el día que un familiar nos dice aquello de “te huele la petaca”. A partir de entonces se abre para nosotros un periodo de inseguridad y falta de autoestima, que puede ir a más por el rechazo de los compañeros de trabajo o el fracaso en una primera cita. Y es que, según un estudio de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), un tercio de las mujeres considera el mal aliento el principal inhibidor físico de la libido.

¿Qué hacer?

Si quieres recobrar el aliento (¡pero el bueno!) toma aire, respira hondo y sigue estos consejos:

–Mucha higiene. Lávate los dientes después de las comidas. Utiliza pasta con flúor, un cepillo de buena calidad y consulta la manera correcta de cepillarlos. No olvides darte entre los dientes, sobre las encías y la lengua. Recurre al hilo dental una vez al día.

–Enjuague bucal. No acaba con el mal aliento, pero lo enmascara durante más tiempo. Procura mantener el líquido elemento en tu boca más de 30 segundos antes de arrojarlo.

Más fruta y verdura. Evita las comidas hiperproteicas, hipocalóricas y ricas en grasas. Modera el consumo de carne a lo establecido por los especialistas (el pollo tres veces a la semana. Las carnes rojas, una).

Aficiónate al agua. El agua refresca el aliento y limpia tu boca de partículas nocivas. Después de comer enjuágate los dientes con agua para eliminar bacterias. Beber agua a lo largo del día estimula la producción de saliva.

Evita los alimentos fuertes. La cebolla, el ajo, el chorizo, las aceitunas aliñadas, los encurtidos, el café, la salsa de tomate, algunas especias (curry, comino), producen mal aliento. Suprímelos el día que tengas jornada laboral partida, acudas a una entrevista de trabajo o hayas concertado una cita a ciegas.

Nada de alcohol y tabaco. Ambos son agentes secadores de nuestra saliva, que es un fluido líquido de reacción alcalina complejo muy necesario para limpiar la boca de organismos infecciosos o que producen mal olor. De hecho, las personas que padecen sequedad bucal suelen tener halitosis.

Toma chicles o caramelos. Por supuesto, sin azúcar. Perfumarás tu aliento y evitarás que se te seque la boca.

–Dentadura postiza. Si usas una, cepíllala por la noche y sumérgela después en un vaso con agua y una tableta antibacteriana.

–Acude a los remedios caseros. Mastica hojas de perejil o semillas de hinojo, cepíllate con bicarbonato de sodio, haz gárgaras con zumo de limón disuelto en agua, toma té verde o negro o una infusión de clavo o de salvia y caléndula o una cucharada de vinagre de sidra después de las comidas.

–Visita a tu dentista. Al menos una vez al año.

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