La tasa de alcoholemia permitida es inferior a 0,5 gr/litro de sangre o a 0,25 mg/litro de aire expirado. Estas cantidades se reducen para conductores noveles y profesionales a 0,3 gr/litro y a 0,15 mg/litro respectivamente. La Dirección General de Tráfico (DGT) estudia rebajar a cero la tasa de alcoholemia permitida, para que solo se pueda conducir sin haber tomado ni una gota de alcohol. La Ley de Seguridad Vial tipifica como infracción muy grave la conducción de vehículos habiendo ingerido bebidas alcohólicas con tasas superiores a las permitidas. Las multas son altas y también se fija una pérdida importante de puntos.

Aunque la normativa es clara, cuando la tasa de alcoholemia supera por muy poco a la permitida da rabia ser sancionado con una infracción muy grave. Es como cuando un alumno suspende una asignatura con un 4,9. En estas situaciones el sancionado se resiste y busca cualquier argucia legal que le sea de utilidad.

Es el caso de Boris Pérez, multado por llegar a los 0,35 mg/litro. En su declaración cuestionaba que por una parte la DGT sancionaba la conducción con una tasa de alcoholemia mayor que la permitida, y que por otra fomentase el consumo de alcohol entre los conductores. Los agentes le preguntaron cómo era eso. La explicación fue contundente. Si según la DGT el 30% de los accidentes de tráfico eran provocados por el consumo de alcohol de los conductores implicados, entonces el 70% de los accidentes eran producidos por conductores que no habían consumido alcohol. Por tanto la conducción es más segura bajo los efectos del alcohol, ya que se producían menos accidentes.

José, también detenido por el mismo motivo, dijo que él declaraba lo mismo aunque no pudiera repetirlo en ese momento. Su caso no era parecido. Conducía marcha atrás por una avenida principal bajo los efectos del alcohol. Había superado la tercera mayor marca registrada en esa ciudad. Toda una medalla de bronce.

En cualquier caso, no sirvió de nada y cada uno tuvo su correspondiente sanción.

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Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.

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