Fue Leonardo Boff, fundador de la Teología de la Liberación, quien dijo aquello de que quien controla el agua controla la vida y controla el poder. Hoy no son pocos los magnates de los negocios que han puesto sus ojos y sus inversiones en el líquido elemento sin el cual la sociedad estaría condenada a la extinción. En España, país de sequías que ha sido sancionado recientemente por la UE por no depurar adecuadamente sus aguas residuales, un hombre, Eugenio Calabuig, uno de los empresarios más poderosos e influyentes de la Comunidad Valenciana, ha sabido levantar todo un imperio gota a gota. La odisea hídrica de Calabuig, actual gerente de Global Omnium/Aguas de Valencia, le ha llevado a controlar el suministro y ciclo de gestión no solo en tierras valencianas, donde en los últimos años se ha codeado con lo más granado del poder político, sino en más de 300 ciudades españolas de once comunidades autónomas y en diversos países de África, Asia y América Latina. La firma de Calabuig presume de poseer una red de tuberías de 15.000 kilómetros, de dar empleo a 2.500 trabajadores y de ser la primera empresa de capital español dedicada a la gestión del agua en nuestro país. Además, es la entidad que “da un abastecimiento de calidad a más de 6 millones de personas” (entre servicio de agua potable y tratamiento residual)”, según la página web de Global Omnium, grupo que preside el directivo castellonense. Es decir, buena parte del país bebe el agua que le da Calabuig.

El industrial castellonense ha sido investigado en la causa por el agujero en las cuentas del Banco de Valencia (BdV)

El magnate valenciano del sector ha sabido prosperar durante todos estos años de crisis en los que ha logrado adjudicaciones y contratos tanto en el feudo valenciano del PP de Francisco Camps como en la taifa andaluza de Susana Díaz. A fin de cuentas el agua no entiende de ideologías y este industrial que no suele prodigarse demasiado en los medios de comunicación se ha conectado bien con el poder con independencia de su color político. Sin embargo, tras el hombre triunfador que en los últimos años ha progresado en los negocios se esconde una cara algo más turbia y menos cristalina que el agua que fluye, controla y le hace rico. Querellas, investigaciones judiciales, encarnizadas batallas con otros grupos empresariales, relaciones con amistades políticas poco recomendables y hasta pugnas familiares a cuenta de sus empresas jalonan su intensa biografía. Una serie de escándalos persigue a Calabuig, que aparece como investigado en la causa por el agujero en las cuentas del Banco de Valencia (BdV) y hasta tuvo que dar explicaciones ante el juez José Castro por sus supuestos negocios con el duque de Palma y el caso Noos.

¿Pero quién es en realidad Eugenio Calabuig? Castellonense de 58 años y descendiente de una familia de rancio abolengo de la capital de La Plana, estudió en los jesuitas de Valencia y se licenció en Ciencias Económicas. Hizo sus primeros pinitos en los negocios en la empresa familiar, Fomento Agrícola de Castellón (Facsa), fundada por su abuelo, Enrique Gimeno, allá por 1873. Ya en aquella época convulsa de la historia de España –se instauraba la primera República que apenas iba a durar un año– Facsa se dedicaba a la gestión del agua sin importarle que en este país mandara un rey o un civil.

Desde entonces el apellido Gimeno, un fetiche entre la clase empresarial de tierras levantinas, resuena como un poderoso tótem en Castellón, cuna de caciques como el ex presidente de la Diputación Provincial, Carlos Fabra, con quien Calabuig todavía queda para comer de vez en cuando en los mejores restaurantes de Oropesa, como prueba cierta fotografía robada por un diario digital. Hoy Fabra, condenado a cuatro años de cárcel por defraudar 700.000 euros a Hacienda, no es más que un jubilado que disfruta de su retiro dorado pero que todavía mantiene en su vieja agenda el teléfono de aquellos empresarios con los que se relacionó durante su azaroso mandato. De hecho, al gerente de Aguas de Valencia no le fue mal con Fabra, ya que en el año 1996, en medio del big bang del pelotazo inmobiliario y en pleno apogeo del régimen fabrista, fundó Fomento Urbano de Castellón (Fucsa), empresa de la que sigue siendo presidente y que se dedica a la gestión del suelo y a la promoción de viviendas en la provincia castellonense. Por lo visto en España el agua se transforma en cemento, y viceversa, con una facilidad pasmosa.

Con todo, el magnetismo de Calabuig parece cautivar no solo a los gobiernos autonómicos y municipales del PP, sino también a los del PSOE. Hasta el mismísimo presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, cuando era alcalde de Morella, tuvo un hueco para la notable familia castellonense. De hecho, hace ya tiempo que Puig puso en manos de Calabuig el suministro de todo el agua potable que consumen sus paisanos morellanos. Hoy Empresa de Aguas y Servicios Públicos de Morella, la compañía que abastece a la localidad castellonense, es una sociedad estable formada por Global Omnium y el Ayuntamiento morellano en una proporción del 90 y el 10 por ciento, respectivamente. Y así, hectolitro a hectolitro, tejiendo buenas relaciones con unos y con otros, es como Calabuig ha alcanzado el estatus de dueño y señor de las aguas, no solo de Valencia, sino también de otras 11 comunidades autónomas españolas que contratan con él en un proceso de expansión que no parece tener límites. Aunque esa es otra historia que merece capítulo aparte.

 

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