Cuando en un país un personaje como Ignacio González tiene el poco decoro de solicitar la libertad provisional diciendo que la cárcel le provoca un grave quebranto de salud, cuando en Soto del Real, rebautizada por algunos medios como la cárcel vip, duermen en la misma celda Ignacio González y su hermano, o Villar y su hijo,  cuando Blesa, con su suicidio a lo Frank Pentangeli, ha dejado según se ha publicado a salvo plenamente a su familia, uno piensa inevitablemente que en España sólo paga “pocarropa”. No es que lo diga simplemente yo; es que lo dijo hace tiempo el Presidente del Tribunal Supremo, que afirma que en España “La Ley está pensada para castigar al “robagallinas” y no al gran defraudador”. Esta frase sin duda es una actualización de lo que dijo Romanones en el siglo XIX de que “al amigo el favor, al enemigo la Ley”. 

Además, sin temor a equivocarnos, podemos añadir para completar el cuadro que las élites extractivas de este país, de las que depende en buena medida la autoría de las Leyes, son las que han diseñado además un sistema de Hacienda Pública fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Y en ese diseño han empleado lo mejor de sí mismos y parece que están dispuestos a morir en su defensa. De hecho, su propia condición de élites depende en buena medida de ello. 

Así, en España, según los técnicos de Hacienda de GESTHA, el 71 % del fraude fiscal proviene de grandes patrimonios y de grandes empresas, un fraude fiscal, conviene recordarlo, que  si se situase en términos de la media europea y no fuera diez puntos superior supondría unos ingresos anuales al Estado de 40.000 millones de euros más de lo que ahora recauda. Repito; un 71 % del fraude fiscal proviene de las grandes empresas y de los grandes patrimonios. ¿Y cómo responde el Estado? ¿Cómo ha respondido el señor Montoro y sus muchachos? Pues mirando para otro lado en el mejor de los casos y en el peor culpabilizando del fraude fiscal, con campañas en prensa incluidas,  a los autónomos, a los pequeños empresarios,  trabajadores, etc. Así, según GESTHA “el 75 % de los efectivos dedicados a la Inspección fiscal sólo pueden comprobar la actividad fiscal de micro empresarios, pequeñas empresas, trabajadores y pensionistas, mientras que existe un déficit en la comprobación de las grandes empresas y fortunas de este país”. Claro y en botella.

Todo esto si hablamos del fraude fiscal. Pero es que si hablamos de la elusión fiscal, de la utilización de resquicios legales para evitar el pago a Hacienda, nos encontramos con que si en teoría el Impuesto de Sociedades es superior para las grandes empresas que para las PYMES, la realidad demuestra que las pequeñas empresas tributan un porcentaje superior que las medianas, y las medianas un porcentaje superior que las grandes empresas. Y Montoro y el PP no han hecho nada para solucionar esto más allá del típico postureo de bajar nominalmente tipos. Como tampoco ha hecho nada para evitar que nueve de cada diez empresas del IBEX 35 operen en paraísos fiscales. 

Élites extractivas y fraude fiscal. Fraude fiscal y élites extractivas. Para el enemigo la Ley, para el amigo el favor.  Tanto monta, monta tanto. Por eso en este país sólo paga pocarropa. ¿Hasta cuándo?

 

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