Los resultados han sido ajustados. Muy ajustados. Desborda, de Pablo Iglesias y Pablo Echenique, ha ganado la consulta con un 41.57% (40.830 votos). Recupera la Ilusión, la propuesta de Iñigo Errejón y Clara Serra, ha obtenido un 39,12% (38.419 votos). La propuesta del Movimiento Anticapitalista, Podemos en Movimiento, se ha quedado en un 10.50% (10.313 votos). Una exigua diferencia de 2 puntos porcentuales entre las principales propuestas de funcionamiento de la próxima Asamblea Ciudadana.

A la espera de datos más concretos, el porcentaje de participación es sumamente bajo. Cercano al 20% de los inscritos, sin contar con el factor Echenique de limpia de censos. Si comparamos con el proceso de Madrid, solo en la Comunidad madrileña habrían participado el 25% de los participantes del proceso general.

 

Los discursos

Pablo Iglesias ha valorado así su triunfo: “Pienso que ha ganado la mejor propuesta y ahora podemos debatir y discutir de lo importante: qué Podemos queremos para ganar el país”. Según el dirigente de la coleta, el mandato de las bases es claro: quieren que se llegue a acuerdos programáticos. Y si estos son posibles, entiende Iglesias, que construirá una “ejecutiva plural”.

Por tanto, Vistalegre II debe llevar a acuerdos de todo tipo según el sector pablista. Ramón Espinar, como Secretario General de Madrid, se manifestaba contento por la participación y que la respuesta haya sido plural. “Algo que es consustancial a Podemos”, entiende el madrileño.

Desde el sector errejonista, pese a la derrota, los datos se entienden como una victoria “amarga”, porque consolida una corriente de pensamiento y de acción. Había disgusto en algunas caras de algunas dirigentes por la derrota, pero los resultados inciden en “posibilitar la pluralidad de ideas que coexisten en Podemos y que deben verse reflejadas en el Congreso de febrero” afirman los errejonistas. Iñigo Errejón, por su lado, ha afirmado que Iglesias no está en cuestión. Algo que ha elegido el aludido: “Es un honor y un orgullo que compañeros que piensan distinto a mí no tengan ninguna duda de que quieren que yo siga al frente”.

 

¿Desafección?

Dos pueden ser las respuestas. En primer lugar, el propio motivo de la votación podría influir en la baja participación. Votar para “decidir cómo se ha votar”, aunque se haya revestido de una pelea entre facciones, es un factor a tener en cuenta en la retracción del voto. Y, en segundo lugar, votar o no votar no supone desentenderse democráticamente. Se puede estar completamente de acuerdo con el proceso democrático, pero sin tener necesidad de participar. Sucede en democracias consolidadas como EEUU, donde solo un 30% aproximado de la ciudadanía toma parte en los procesos generales.

 

¿Reedición del González/Guerra?

Desde algunas tribunas y desde dentro de la propia organización morada, se ha querido ver una reedición de binomio González/Guerra en Iglesias/Errejón. Se han hecho bromas diciendo que en este caso era curioso que el malo es el “líder” y el subordinado el malo. Nada más lejos de la realidad. Ni Iglesias es González, ni Errejón es Guerra. El encanto de los dúos no está en el bien y el mal, ni el ying y el yang. González y Guerra tenían claro qué querían para España y cómo lo querían. La disputa era sobre matices y sobre control del partido, en realidad. Lo que les hacía especiales es que iban por el mismo camino mostrando dos figuras heroicas, en términos míticos.

La diferencia entre Iglesias y Errejón es de forma y estrategia. Iglesias quiere seguir actuando sobre el factor irracional de las personas. Las tripas y el enfado social. Errejón, por su parte, desea actuar desde la mesura en el factor racional. Incluso la estrategia es distinta. Iglesias quiere el poder cuanto antes para cambiar desde arriba. Un método muy de manual de la vanguardia leninista. Errejón quiere cambiar la mentalidad social para que les aúpen al poder. O como dice él mismo, desea “la potestad de instituir significados compartidos”.

Para Iglesias, la política es puramente agonística, esto es, en la lucha amigo-enemigo no cabe salvación para el derrotado. Se asemeja a Aquiles queriendo reducir a la nada a Héctor a las puertas de Troya. Errejón entiende que el momento republicano es un factor importante en la construcción del “pueblo”. Para ser hegemónicos no hay otra posibilidad que compartir camino con otros movimientos aliados. No todo es conmigo o contra mí. “No se trata de llevar al pueblo al poder sino, primero, de construir pueblo” afirmó hace tres años.

 

El problema de las facciones

Una cuestión en la que también difieren del dúo González/Guerra es que en el caso de Podemos hay una clara existencia de facciones políticas constituidas. La diferencia entre tendencia y facción es que, la primera, es la suma de una serie de personas bajo una mentalidad común, pero sin una unión orgánica fuerte y delimitada. La facción, por su parte, es una construcción orgánica que recorre todo el partido desde la base a la cúpula. No quiere decir que no tengan una mentalidad propia, que la tienen, pero sí es un elemento orgánico.

Iglesias desearía un partido organizado al modo leninista. Con una vanguardia a la cabeza que siga las instrucciones del máximo dirigente sin divergencias. No excluye el debate de puertas hacia dentro, pero una vez terminado hay que actuar como ariete. Los errejonistas, tal como reflejan en su propuesta de voto, desearían un partido de facciones. Una especie de Partido Socialista Francés donde desde el círculo más pequeño hasta la dirigencia estuviesen representados proporcionalmente según los votos obtenidos. Y donde el debate sea libre y sin exclusiones. Donde entre todos, con cesiones de unos y otras, se construya el proyecto.

En Podemos se observa que el pablismo, el errejonismo o el anticapitalismo son facciones que recorren toda la estructura. Hay personas que dicen (o sienten) representar a cada una de las facciones desde abajo hasta arriba. Las disputas, las purgas o el mero choque de personalidades y opiniones pueden, como se ha visto en la mayoría de los partidos de izquierda, potenciar el faccionalismo y la disidencia. En especial cuando siempre hay dos que se unen contra otra. Como ha sucedido hasta el momento entre pablistas y anticapitalistas.

Las recompensas emocionales o de poder (cargos) en los partidos actúan de mecanismo de unión. Parece que Iglesias va a intentar recompensar a todos y todas en Vistalegre II.

Y si ¿no lo hace? Igual se encuentra sin partido y sin amigo del alma.

La historia demuestra que suelen perecer los partidos que actúan sin recompensar, al menos emocionalmente, a sus miembros y facciones.

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3 Comentarios

  1. Con gente como Espinar no. Es lo que pasa cuando un macarra utiliza “Juego de Tronos” como manual de convivencia.

  2. -La historia demuestra que suelen perecer los partidos que actúan sin recompensar, al menos emocionalmente, a sus miembros y facciones.-

    Entoces el P(SO)E ya estaria en la basurero de la historia.La verdad es que cada dia que pasa el P(SO)E apesta màs a muerto.
    Y hablando de manuales de convivencia me parece un poco más fuerte el que tiene la cateta e inculta de Susanita Diaz.La verdad es que no tiendo hasta cuando os vais a seguir llamando de izquierda.¿No os da lastima seguir engañando a los pobrecitos andaluces y extremeños?Y que conste que soy màs andaluz que la bandera.Por eso sè, de lo que hablo.

  3. Muy clara esta síntesis y muy explícitas las divergencias entre la horizontalidad de Errejón y el verticalismo de Iglesias. Pero no creo que este verticalismo sea neoleninista, sino el recurso más a mano para sostener la cohesión de Podemos en lo inmediato. Por el otro lado la propuesta horizontalista de Errejón trabaja a largo plazo pero es la única forma de garantizar la existencia futura de Podemos. Veremos si hay suficiente habilidad para combinar las dos sin levantar ronchas separatistas….

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