Los nacionalismos periféricos que padecemos no pierden el tiempo. Su hoja de ruta ha sido clara desde los inicios de la democracia: dar pasos hasta alcanzar la independencia y, como estadio anterior y a veces perpetuo, el logro de privilegios de todo tipo que además les permitan mantenerse en el poder, a mayor gloria de sus propios intereses, ideas y propuestas… y en beneficio de quienes viven de la sopa boba mientras avanzan en la fragmentación del Estado.

Ante sus pretensiones, no solo no ha habido partidos políticos nacionales o gobiernos centrales que les impidieran alcanzar sus objetivos insolidarios y reaccionarios sino que, durante largos años, unos y otros se convirtieron en uña y carne. Unos sacaban adelante sus presupuestos generales mientras los otros hacían y deshacían a su antojo en su territorio autonómico, provocando con ello el crecimiento de la desigualdad y la desunión ciudadanas. Los nacionalistas, como el franquismo, han venido empleando todos los medios a su alcance para perfeccionar su maquinaria de construcción nacionalista: todo valía y vale para el adoctrinamiento masivo de toda una sociedad, desde los medios públicos de comunicación hasta la educación y la restante maquinaria propagandista. Ante esta estrategia de años cuidadosamente diseñada y puesta en práctica, la aplicación del 155 durante unas semanas no puede ser más que una anécdota sin consecuencias prácticas, especialmente cuando se aplica con tanta desgana y durante tan escaso tiempo. Para dar la vuelta a la situación actual, será clave que quienes defendemos los derechos ciudadanos, el republicanismo cívico y el laicismo identitario seamos capaces de ganarles la batalla política a los independentistas. Y lo esencial no será lamentarse o criticarlos sino poner en marcha, sin complejos ni miedos, nuestra propia estrategia.

El tema viene de lejos: en Cataluña, la estrategia fue diseñada por Jordi Pujol en 1990. Su objetivo era “impulsar el sentimiento nacional catalán de profesores, padres y estudiantes”. Y a alcanzar tal objetivo han destinado dinero público y dedicado todos los medios a su alcance… mientras los partidos políticos nacionales y los diferentes gobiernos de España miraban para otro lado. Y es que el problema no es tanto el nacionalismo de los nacionalistas sino la pasividad de nuestros principales dirigentes nacionales, que en la práctica permanecían mirando a las musarañas o incluso vendiendo la idea de que los promotores de semejantes prácticas eran hombres de Estado o personas muy honorables. Algunos de esos partidos corresponsables piden hoy el voto en Cataluña para cambiar aquello que durante años permitieron o incluso fomentaron.

Las imágenes de niños y jóvenes manipulados para defender la consulta ilegal del 1 de octubre que pretendía levantar barreras entre conciudadanos son hechos recientes… pero el adoctrinamiento educativo e ideológico en Cataluña lleva siendo denunciado desde hace muchos años. Y el PP y el PSOE, rehenes del nacionalismo para gobernar con ellos y repartírselo todo, han estado mirando hacia otro lado. Por no hablar de la inmersión lingüística que el propio PSOE defendía hace unos pocos días en el propio Congreso de los Diputados, tuiteando el logro como si no fuera otro ridículo espantoso. Las personas de izquierdas deben de andar subiéndose por las paredes buscando una opción digna y con la suficiente fuerza a quien apoyar electoralmente. Y yo espero que el 21D sea la última cita electoral en la que no tengan que votar con la nariz tapada o sin excesivas ilusiones… aunque nunca se sabe: veremos si hay alguna sorpresa de última hora.

Ni PSOE ni PP han querido hacer frente al adoctrinamiento que se ha hecho especialmente visible durante los últimos meses pero que lleva años siendo una realidad en Cataluña. No ha habido voluntad de resolver el problema. La Alta Inspección del Estado, que cuenta con solo tres trabajadores en toda Cataluña, no tiene capacidad sancionadora. Respecto a los inspectores, Cataluña lleva lustros sin convocar oposiciones a las plazas que dependen del gobierno regional y las plazas libres se cubren por profesores en comisión de servicios cada dos años, puestos a los que se accede fundamentalmente por afinidad ideológica. Si no se hace nada, los profesores del futuro habrán sido víctimas del propio adoctrinamiento orquestado desde los poderes públicos. El presidente de la Asociación Nacional de Editores de Libros y material de enseñanza, José Moyano, compareció hace una semana en la Subcomisión que negocia el Pacto por la Educación en el Congreso de los Diputados. A este colectivo no lo queda otra que lidiar con las “recomendaciones” que reciben a la hora de ajustar los contenidos a los decretos autonómicos sobre la materia. La LOCE del PP eliminó en 2002 el principio de supervisión previa y ninguna ley educativa posterior lo ha recuperado. Y el problema no está solo en Cataluña, como bien sabemos: en Euskadi, sin ir más lejos, hubo colegios que durante los días posteriores al golpe independentista pararon diez minutos en solidaridad con quienes quieren romper España. Mientras tanto, los nacionalistas siguen vendiendo su idea preferida por tierra, mar y aire: todo lo español es siempre malo… y a todo lo malo terminan llamando español.

Frente a su pretensión de catalanizarlo o euskaldunizarlo todo, no se trata de españolizar nada sino de hacer posible una educación cívica y laica que tenga como objetivo educar a nuestros niños y jóvenes y hacer de ellos ciudadanos libres, críticos y comprometidos, que entiendan además que es mejor derribar fronteras que levantarlas. Y no solo en Cataluña o el País Vasco sino en toda España, para lo que es imprescindible que el Estado recupere la competencia de Educación, un pacto educativo que perdure los próximos 20 años y una nueva ley educativa. Porque no se trata solo de denunciar los comportamientos de los nacionalistas sino, sobre todo y ante todo, de tomar las medidas necesarias que pongan remedio a los males que padece España, uno de los cuales es el adoctrinamiento ideológico y educativo hoy día presente en las aulas, especialmente en las de Cataluña.

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Nací el 11 de noviembre de 1974: tengo, por tanto, 42 años. Soy Diplomado en Ciencias Empresariales, Técnico en Gestión Fiscal y Técnico Especialista en Administración y Dirección de Empresas. Milité desde muy joven en diversos movimientos sociales que se enfrentaron al terrorismo de ETA, como Denon Arten-Paz y Reconciliación (durante los primeros años de los años 90) y Basta Ya (desde finales de los años 90). Milité posteriormente y durante unos tres años en el PSE, partido político que abandoné en 2006 al comprobar que dejaba de ser un partido nacional y de defender la igualdad y por su política en relación a ETA. Me afilié a UPYD el 29 de setiembre de 2007, el mismo día en que se presentó públicamente en Madrid. Desde el 1 de marzo de 2009 hasta el 20 de octubre de 2016 fui parlamentario vasco por UPYD. He estado en la Dirección de UPYD desde 2009 y soy exportavoz nacional del partido. Portavoz de la Plataforma Ahora

6 Comentarios

  1. Para poder hacer una crítica de este tipo, debería usted venir a Cataluña y pasarse por las escuelas del Baix Llobregat, por ejemplo. No creo que viera en absoluto ese adoctrinamiento del que habla.

  2. …. de que está hablando??? Aquí todo el mundo puede opinar de lo que quiera sin contrastar nada, ni poner una visión neutra. Gorka Maneiro, no creo que haya pisado un colegio de Catalunya en su vida. Yo sí, en varios, estudiando y trabajando, y no soy independentista. (Aunque podría serlo, por qué soy libre de elegir.)
    Debe haber tenido un adoctrinamiento de Nacionalismo español desde bien pequeñito, y cree todo lo que le cuentan desde los medios que sí adoctrinan hacia lo más rancio del Nacionalismo Español.

  3. ¿El articulista vive en Cataluña? ¿Han asistido sus hijos él o sus hijos a cualquier escuela en Catalunya? Hablar sin saber nada. Difamar, intoxicar. Este es el verdadero (y peligrosísimo) problema.

  4. Señor periodista. Lea usted la historia de españa, la que viene en los libros de texto de sus hijos o ya en los que ha leído usted. Cuando se de por enterado, venga usred a mi casa y yo le regalo otra historia paralela con el prusma de autores extranjeros que hacen una lectura aséptica y desinteresada de los hechos que ponen a su país al nivel del catalán cuando fueren mejor parados. Yo no voy a hacer demagogia ni exaltación del imposible. Para ello se bastan ustedes solitos y no se merecen las gracias.
    De nada.

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