Adictos a la velocidad, a las prisas, a la impaciencia, a contestar un wassap a toda prisa… nuestra cultura nos ha inculcado el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que esa aceleración nos han convertido en adictos a ese tiempo que se aleja irremediablemente; y por mucho que corramos nunca podremos llevar su mismo ritmo. La ansiedad se ha convertido en nuestra compañera de viaje y el estrés, uno de los problemas más importantes de salud en el ámbito europeo. Tanto es así que es en una de las más importantes consecuencias del absentismo y baja laboral. De hecho, la Organización Mundial de la Salud prevé que en 2020, la ansiedad y la depresión serán las principales causas de baja en el trabajo.

En este contexto, el movimiento slow puja por hacerse hueco en nuestras vidas. Se trata de una filosofía que no es ajena a grandes marcas y empresas. El sector de la alimentación, la decoración, incluso marcas de moda han decidido apuntarse a esta filosofía como principal desafío de la aceleración y las prisas.

Un libro Slow Life de Editorial Arcopress y su autora, Alejandra Rodríguez, una coach «personal y espiritual» conocida en las redes como @spiritualwoman nos dan las claves para desacelerar y poner un punto de inflexión a nuestro día a día proponiendo distintos ajustes para que el lector configure su propio movimiento slow. Alejandra se lo planteó un día. Abogada de éxito, con todo un futuro profesional por delante decidió parar y conectar con su propio interior. ¿El resultado? Un nuevo estilo de vida con miles de seguidores que desean cambiar de vida, reducir la marcha, priorizar y dejar de vivir por inercia.

 

¿Cómo se practica la filosofía slow, haciendo algo en concreto o simplemente es una actitud ante la vida?

Es más una actitud que cualquier otra cosa. Es la forma en que se reconfigura la rutina diaria, se observan los problemas y, en general, la manera en que uno empieza a ver la vida y a responder a la realidad. ¡Casi cualquier cosa puede hacerse en modo slow!

Cuanto menos se tiene, más importancia se le da a las cosas que realmente la tienen y menos se sufre por aquellas de las que podemos prescindir

 

¿Está emparentado con el movimiento de Downshifting que es deshacerte de cosas o minimizar necesidades?

Sí, es un movimiento muy similar, también aboga por una reducción de la marcha y un replanteamiento general del estilo de vida. El movimiento downshifting surge en Estados Unidos cuando algunos ejecutivos bien posicionados comienzan a comprobar que el éxito económico no solo no da la felicidad, sino que el precio de ese éxito es demasiado caro. Se preguntaron qué es lo verdaderamente importante en la vida, llegando incluso a abandonar sus trabajos e irse a vivir al campo.

Lo que nos ha llegado de este movimiento, y es una parte importante también de lo que promuevo con mi trabajo, es que el materialismo y el consumismo son sueños vacíos que no aportan felicidad a largo plazo y que, por tanto, son perfectamente prescindibles. Cuanto menos se tiene, más importancia se le da a las cosas que realmente la tienen y menos se sufre por aquellas de las que podemos prescindir.

 

Vivimos una sociedad que parece que premia la rapidez, ser el primero, llegar a lo más alto… ¿cuáles crees que son los principales obstáculos que nos impiden bajar la marcha?  

Creo que son muchos los aspectos que influyen en que cada día vivamos de forma más materialista y estresante. En primer lugar, recibimos una educación en la que sólo se premia el éxito y crecemos pensando que ser el mejor nos traerá amor, mientras que fallar o ser peor que los demás, nos traerá desprecio o indiferencia.

Para conseguir una relación de equilibrio con las redes sociales debemos ver qué rol tiene la tecnología en nuestra vida y olvidarnos del teléfono cuando llegamos a casa o mientras estamos con los amigos

Además de esto vivimos sometidos a una publicidad agresiva constante donde equipos completos de los mejores publicistas estudian la manera de crearnos necesidades, ¿consecuencia? Queremos mejores sueldos para cubrir esas necesidades que no tenemos realmente y, además, si las cubrimos con cosas más caras que el vecino, mejor.

La posibilidad de bajar la marcha comienza cuando somos conscientes de que somos suficiente, ganamos suficiente y tenemos cosas suficientes. En ese momento caemos en la cuenta de que podemos simplemente fluir y no luchar permanentemente por tener o ser más y mejor.

 

Y a todo esto… ¿y qué hacemos con la ansiedad?

Jajajaja, pues, en primer lugar, aprender a distinguir lo que es la ansiedad de cualquier otro estado de estrés o nerviosismo, y dejar de utilizar una palabra tan fuerte para sensaciones ligeramente aversivas. Para el estrés, los nervios, la impaciencia, el miedo, etc, meditación, consciencia y gratitud, que todo pasa y todo llega.

 

¿Hay una dieta slow?

Bueno, en mi opinión, el propio estilo de vida slow es incompatible con la palabra dieta, tal y como la entendemos en general. En el terreno de la alimentación una actitud slow iría acorde con comer saludable, de forma equilibrada, local, de temporada y lejos de cualquier obsesión. ¡Por supuesto que se puede seguir un plan de adelgazamiento con actitud slow! Pero siempre desde la responsabilidad, el amor y el fluir. Si se llama dieta slow y ofrece alguna promesa parecida a la de la alcachofa, ¡mejor nos alejamos!

 

Apuntarte a un maratón, hacer cinta y machacarte en el gimnasio. Toda esta locura por tener un cuerpo fit, ¿es slow?

Si se hace con amor y con un profundo respeto al cuerpo, sí. El problema de estas modas o hobbies es que muchas veces llegamos a ellas en un intento desesperado de cambiar nuestro cuerpo, alejarnos de nuestra realidad o para drenar odio hacia nosotros mismos, y como imaginarás nada de esto es equilibrado, positivo, respetuoso con nosotros, ni slow. Se puede entrenar running o trabajar por un six pack de impresión, si se hace de forma saludable y equilibrada.

 

¿Meditar o practicas alguna disciplina con el yoga o el mindfulness imagino que ayudan a desacelerar?

Sí, practico yoga dos veces a la semana y estudio yoga casi todos los días. Además procuro meditar a diario, aunque no siempre lo consigo. El yoga y la meditación cada vez están más presentes en mi vida y son el fundamento de mi propuesta de slow life. Slow life es el nombre del libro porque es un concepto que engloba muchos aspectos, muy moderno y fácil de recordar, pero si quieres que te sea sincera, ¡bien podía haberse llamando filosofía yogui para la vida cotidiana!

La práctica de atención plena, el desarrollo de la consciencia y la gratitud, la gestión de las emociones, la comunicación, la correcta alimentación y una actividad física moderada ayudan a alcanzar la calma

 

En tu vida hay una serie de hechos que provocan un cambio.  No todo el mundo puede hacer lo que tú hiciste… ¿Hay un antes y un después en tu vida respecto a vivir más lentamente? ¿Qué fue lo que te hizo cambiar?

Sí, bueno, en mi caso no hay un factor determinante en el cambio, sino que fueron una serie de situaciones y experiencias que me llevaron a preguntarme qué estaba haciendo con mi vida y si quería seguir por ese camino.

En mi cambio de profesión hay, por un lado, mucho trabajo y muy duro por mi parte y, por otro lado, el factor oportunidad que no puede pasarse por alto. Soy consciente de que la vida me puso la oportunidad de redirigir mi carrera en el momento que más lo necesitaba y yo, simplemente, tomé ese tren.

 

¿Los problemas sentimentales cómo se llevan al terreno slow?

Con mucha comunicación, comprensión y compasión. También podríamos empezar por aplicar mindfulness durante el tiempo que pasamos en pareja, a veces nos quejamos de que no es suficiente y cuando estamos juntos nos ponemos a ver el teléfono o nos quedamos pegados en nuestro pensamiento sobre la cena que tenemos que hacer o el informe que tenemos que entregar mañana.

Además, ¡hay algunos trucos que nos podrían ahorrar muchos problemas! Como el no suponer y el no esperar que la otra persona actúe como queremos o sepa lo que queremos.

 

Hablemos del movimiento slow y las nuevas tecnologías… Estar siempre conectado tiene sus consencuencias… ¿Se puede conseguir una relación de equilibrio con la tecnología con el estrés de tener que dar me gusta, contestar y estar siempre conectado?

Sí, no es fácil, pero sí se puede. Hay personas a las que las redes sociales parecen no haber embriagado, sin embargo muchos de nosotros padecemos una auténtica adicción y no nos damos cuenta.

Para conseguir esa relación de equilibrio primero debemos ver qué rol tiene la tecnología en nuestra vida y por qué, pero sea cual sea esa relación, tomar distancia con ella pasa por olvidarnos del teléfono cuando llegamos a casa o mientras estamos con amigos y, además, por entender que las redes sociales no son más que comida rápida para nuestra mente. Si queremos una mente sana y fuerte, mejor démosle un libro.

 

¿Qué «enemigos» nos impiden ser slow?

¡Qué difícil! Bueno, de forma muy básica, algunas cosas que debemos trabajar sin falta es el perfeccionismo, la obsesión por la productividad, la forma en que se manifiesta nuestro ego, el consumismo y la monkey mind.

 

En el otro lado. ¿Me podrías dar alguna recetas mágicas para alcanzar la calma?

La práctica de atención plena, el desarrollo de la consciencia y la gratitud, además resulta de mucha ayuda trabajar la gestión de las emociones, la comunicación y, aunque parezca que no tiene mucho que ver, la correcta alimentación y una actividad física moderada.

 

Hablemos de la espiritualidad. Una mujer espiritual en el siglo XXI. Parece contracorriente y sin embargo tu éxito en redes sociales avala la necesidad de buscar esa esencia espiritual que hemos perdido. 

Sí, yo también estoy sorprendida con el crecimiento de la tribu este último año. Cuando abrí mi cuenta y elegí llamarme @spiritualwoman mi intención era compartir reflexiones que nacían de mi propio desarrollo personal y espiritual y, aunque se había empezado a producir un cambio en mí, no había señal alguna de que esto llegaría hasta donde ha llegado.

Creo que el ritmo cada día más frenético que llevamos empieza a saturar a las personas, quizás el cambio haya empezado por las más sensibles, pero no me cabe la menor duda de que cada vez seremos más.

 

Y otra cosa…para aquellos que no hayan leído este libro. A quién va dirigido y con qué objeto?

Slow Life habla de tantos aspectos diferentes que establecer un nicho de mercado claro ¡es bien complicado! Quizás podría decir que resulta perfecto para todo aquel que esté empezando a intuir que hay una forma diferente de hacer las cosas y que, además, de esa forma puede llegar a ser más feliz.

El objetivo del libro es plantear distintas opiniones, reflexiones y hacer propuestas sobre cosas tan diferentes como la alimentación, el descanso, el estrés, la relación de pareja, la motivación laboral, la consciencia, la gratitud, las meditación y, de verdad, un larguísimo etcétera. Todo aquel que esté abierto a conocer un punto de vista distinto sobre la vida y la forma en que tenemos de verla, encontrará en Slow Life una buena herramienta para la propia reflexión.

 

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