Saltaba la noticia en todos los medios de comunicación de como el gobierno de España, por suerte un equipo de gobierno con sentimientos y empatía. España acogería a 629 seres humanos entre los que se encontraban mujeres embarazadas y niños que incluso viajaban solos ante el peligro.

Pareciera como si se hubiese estado esperando al punto final de un gobierno corrupto por los cuatro costados, para que les esperara un nuevo gobierno que a priori nos deja ver a quienes somos socialistas de corazón y convicción que al fin se recupera aquello que jamás se debió perder.

Nos emocionamos los que creemos en la igualdad sin excepciones. Quienes no creemos en etiquetas y sí en proyectos donde todos podamos participar.

Se quitaron las caretas los que ya sabíamos de que pie cojean algunos que dicen llamarse progresistas.

La historia olvidada, porque no interesa recordar a quienes tuvieron que partir en busca de libertad, de dignidad.

Si el mar hablase cuanto nos podría sorprender, pero cuanto nos haría tragarnos esas palabras que no se miden. Sin lugar a duda la especie más cruel del planeta ha resultado ser la especie humana. Esa que mira de diferente manera según su procedencia. Esa especie humana que coge a los débiles y le arrastra al abismo, los humilla e incluso los asesina.

Ese mar tan maravilloso que apreciamos y adoramos habla con sus olas, su color…

Habría que preguntarle cuando esos seres humanos navegan sin rumbo fijo, cuantas mujeres en las travesías son violadas, o cuantos niños lloran hasta llegar a secarse sus lágrimas, envueltos por el miedo, por el hambre, el frío o el calor.

El mar habla, pero nadie le quiere escuchar por temor a sus respuestas.

Me pregunto si esos que se dan golpes de pecho, que van a misa, se confiesan y comulgan por creerse estar en paz consigo mismos, que pudiera ser, porque de eso se trata, de ser hipócritas, mezquinos y crueles.

Miro al mar, y me hago tantas preguntas que no creo ni tan siquiera que sean respondidas ni la cuarta parte.

¿Qué nos diferencia de los niños que nacen en los países del Este, Oriente Medio, o África, ¿por ejemplo? No creo que existan diferencias, porque las diferencias las creamos nosotros, exactamente igual que creamos la identidad de sexo desde el momento en que ya se nos ve en las ecografías.

El mar habla, pero nosotros no queremos escuchar.

Para remate de una reacción odio amor, dependiendo de quién viniese, la televisión se hacía eco de centenares de niños enjaulados literalmente. Sus gritos, llantos, llamando a sus madres o enseñando fotos de familiares para que les sacasen de esas jaulas, nos ponía la carne de gallina.

¿En serio nos creemos que eso estaba ocurriendo como algo puntual?

No señores no, eso no es nuevo, y esa es la cruda realidad que tenemos ahí y ante la que no nos sentimos responsables, cuando efectivamente lo somos.

En Estados Unidos gobierna un monstruo que ni siente ni padece. Pero es que además es de los pocos gobernantes que no han mentido en su campaña electoral. Lo dijo y así hizo.

Alguien que el imperio del que dispone ha sido gracias a la prostitución.

Un ser que dejó claro no dejar entrar a los de fuera, porque no hay sitio para nadie que no sea de allí.

Ahora reculó y nos dio a entender que es buena persona y que no va a permitir que se separe a los niños de sus familias. Lo que es evidente que le tocó dar un giro porque la prensa internacional se hizo eco, y no le quedó otra.

Me gustaría que la historia diese un giro y que nadie tuviese que lanzarse a un mar engañados incluso por quienes se lucran de sus miserias. Pero no, eso no ocurrirá porque a fin de cuentas el horror sirve para enriquecer a los de siempre.

Los gobiernos callan mientras el mar habla, y se traga a seres humanos que no deberían estar en tierra de nadie.

Aún así, gracias Pedro Sánchez por darnos un mínimo de esperanza dando la cara por quienes ya no podrán hablar jamás, como tampoco por quienes el miedo les atado pies a manos y no pueden denunciar absolutamente nada.

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