Ya se que ahora no hay que poner la “p” pero a mi es que me parece como nombre, uno de los más bonitos del calendario. Septiembre, suena bien, de septem (en latín), el séptimo mes del calendario romano hasta el año 153 a.C., cuando el inicio del año se trasladó de marzo a enero. Es el mes de los buenos propósitos, desde quitarte la barriguita cervecera hasta comenzar con los cursos de inglés que siempre dejaste aparcados. El mes de retornar al trabajo, al colegio, a la Universidad, aunque en el caso de nuestro país es más bien el mes para recuperar el tiempo perdido, el lapsus de tiempo que vivimos en un Gobierno cuasi provisional que se mantiene en la cuerda floja y que como los malos estudiantes vuelven en septiembre para recuperar las asignaturas suspendidas durante el curso pasado.

Nos enfrentamos, como si de la película del día de la marmota se tratase, a repetir, a volver a sacar los mismos temas, los mismos problemas, aquellos que no supimos resolver en un curso completo y ahora queremos resolverlos en un examen rápido de unas horas. Así, llegaremos al referéndum de Cataluña sin la más mínima negociación entre las partes, sin reconocer la realidad de un deseo soberanista, sin mover un ápice la Constitución que nos pudiera servir de encaje para propuestas intermedias, federalistas. El día 11 tendremos probablemente la madre de todas las Diadas y mientras, en vez de buscar soluciones, los Gobiernos de Madrid y Cataluña se dedicarán a jugar con los muertos de un atentado cruel y despiadado. Parece como si la única solución fuese la confrontación, desgaste, el camino del precipicio en ambas partes. En 1714 Barcelona cayó ante las tropas borbónicas, después de 14 meses de asedio durante la Guerra de Sucesión Española ¿es este el modelo de Rajoy y Puigdemont? La bola del inmovilismo de Madrid y la huida hacia delante de los nacionalistas catalanes ya se ha hecho tan grande que de verdad empieza a ser preocupante.

Septiembre nos volverá a poner los pies en el suelo de la cacareada recuperación económica, basada principalmente en la reducción drástica de los salarios y de las condiciones laborales de los trabajadores. Los sindicatos quizás también deberían pasar por esos exámenes de septiembre para que justificaran cómo hemos llegado hasta aquí sin tomar la calle y “aquí no pasa ná”. Y no digamos la oposición, la de los partidos de izquierda o que dicen serlo, que escuchan impávidos de boca de Rajoy la chulería de que si son capaces, presenten una moción de censura. Vergüenza del yoismo de los líderes que tenemos que no son capaces de ponerse de acuerdo para quitar al tío del puro de la Moncloa. Podemos con sus personalismos y el PSOE que todavía no tiene claro qué quiere ser de mayor.

No se si será la vuelta al cole, la cuesta de septiembre o la mala leche de agotar las vacaciones, pero este septiembre de 2017 me parece más negro que nunca. Ojalá sea solo eso una visión pesimista, el recuerdo de cuando en septiembre se cerraron las alamedas de Santiago de Chile. Sean felices y disfruten como puedan, porque, además, del calor, al menos en el Sur, no nos libramos.

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