Una vez que el Gobierno ha decidido sacar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos la pregunta del millón es: ¿qué hacemos después con el monumento construido a mayor gloria del régimen franquista? Algunos optan por cerrarlo definitivamente y dejar que el tiempo haga su trabajo hasta el olvido. Otros creen que España necesita afrontar su pasado reciente, no ocultarlo como se ha hecho desde la Transición, de forma que habría que dar al Valle algún uso como museo de la memoria histórica que recordara los crímenes del fascismo. En los últimos días, desde que el Ejecutivo socialista dictara el decreto de exhumación de los restos de Franco, el presidente Pedro Sánchez ha estado dándole vueltas a la cuestión, consciente de que se trata de una decisión crucial de la cual depende que el problema se solucione satisfactoriamente o se enquiste de nuevo, supurando viejas heridas.

Hay demasiados crímenes soterrados en Cuelgamuros, demasiadas cuentas pendientes, demasiado odio y demasiados traumas sin resolver

Finalmente, el presidente parece haber optado por renunciar a la idea de convertir el complejo de Cuelgamuros en un museo de la memoria histórica, ya que no tiene claro que el actual monumento, tal como se concibió para ensalzar la “cruzada nacional”, pueda servir como símbolo de la reconciliación entre españoles. Hay demasiados crímenes soterrados bajo aquellas piedras, demasiadas cuentas pendientes, demasiado odio y demasiados traumas sin resolver. Si finalmente no puede llevarse a cabo una “resignificación” del Valle de los Caídos, otorgándole un nuevo simbolismo como monumento capaz de superar el desgarro que el país sufrió durante la guerra civil y la posterior dictadura de cuarenta años, una solución que baraja Sánchez sería convertirlo en un cementerio civil. La alternativa de abrir allí un museo de la memoria histórica, a semejanza del que ya existe en Chile, sigue sobre la mesa, pero el Ejecutivo socialista sería partidario de construirlo en territorio neutral, es decir, fuera del histórico enclave de Cuelgamuros, para no soliviantar los ánimos, ya demasiado caldeados, de los partidarios de uno y otro bando.

Lo que sí parece claro a pocos días para que empiece el curso político es que Sánchez no está dispuesto a renunciar a la creación de una Comisión de la Verdad sobre la Guerra Civil y el franquismo. Así lo ha planteado al menos durante la conferencia de prensa que ha ofrecido en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, junto al presidente de Bolivia, Evo Morales. Tras visitar el Museo de la Memoria de Santiago de Chile, una exposición sobre la sangrante violación de derechos humanos que sufrió el país durante la dictadura del general Augusto Pinochet, Sánchez ha sopesado si el Valle de los Caídos podría ser un centro de interpretación cuanto menos similar. En principio la conclusión ha sido que no. La historia de Chile y de España, las connotaciones culturales y sociales de ambos países, poco tienen que ver, más allá de que ambos pueblos sufrieron la represión del fascismo.

Por tanto, para Sánchez el Valle de los Caídos debe ser un “lugar de reposo”, aunque el futuro del recinto dependerá del debate que tendrá lugar en el Congreso de los Diputados. Una intención, la de reconvertir el lugar en un camposanto más, que dista significativamente de las ambiciosas propuestas que los socialistas habían venido lanzando en los últimos años sobre el futuro del mausoleo del dictador. Así, en diciembre de 2017 el Grupo Parlamentario Socialista presentó una proposición de ley en la que apostaba por transformar el Valle de los Caídos en “un centro nacional de memoria impulsor de la cultura de la reconciliación, la memoria colectiva democrática y la dignificación y reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura a través de programas culturales, museísticos y de investigación”. Poco parece quedar ya de aquel proyecto idealista. Quizá la realidad política española –cada vez más tensa con el problema catalán reavivándose de nuevo– y el encendido debate que se ha abierto en los medios de comunicación y en la calle a costa del futuro de los huesos del dictador han terminado por convencer a Sánchez de que es mejor ser prudente y terminar cuanto antes con el espinoso asunto de Cuelgamuros.

Cuestión aparte es la creación de una Comisión de la Verdad, a la que Sánchez parece no haber renunciado de momento. Cabe recordar que el grupo socialista propuso el año pasado la modificación de la Ley de Memoria Histórica mediante una proposición de ley y en ese texto ya se planteaba la puesta en marcha de tal comisión. Ahora el jefe del Ejecutivo cree que este asunto se puede retomar durante la tramitación en el Congreso del real decreto de exhumación de los restos del dictador una vez que sea convalidado y siga su curso como proyecto de ley. “La voluntad del Gobierno es crear esa Comisión de la Verdad, que sea lo más plural posible y que esté incorporada por todas las perspectivas históricas sobre la Guerra Civil y la dictadura para que de una vez por todas se cierren esas heridas que se siguen sufriendo en el país”, aseguró Sánchez a las agencias de noticias. El presidente ha admitido además la “dificultad” que entraña el proceso legal para la exhumación de los restos de Franco y ha reconocido que la iniciativa se podría haber hecho efectiva “de forma más rápida”. Sobre la actitud del PP en relación con el decreto de exhumación (los populares se abstendrán finalmente cuando se vote en el Parlamento), Sánchez considera que el partido de Pablo Casado ha perdido una buena oportunidad para “desembarazarse de su pasado”.

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