En noviembre de 1975, mientras Franco agonizaba, el rey de Marruecos Hasán II pidió a la población marroquí que realizase una marcha “pacífica”, enarbolando como única arma ‘El Corán’, con el fin de ocupar los territorios del Sáhara español y forzar al Gobierno de España, en ese momento dirigido ya por Juan Carlos I, a que retirase sus tropas de la región. Así fue cómo surgió lo que luego llamaron la “Marcha Verde” y que desembocó en la retirada de las fuerzas españolas del Sáhara y la ocupación de Marruecos de la zona septentrional y oriental del territorio y la ocupación de la zona meridional por parte Mauritania.

En aquellos días Mahamuda, una joven saharaui, dio a luz al pequeño Brahín, el cuarto de sus hijos. Brahín nació destinado a vivir en campamentos en pleno desierto, en un país en guerra, donde el Frente Polisario, a través de la siempre difícil y larga “guerra de guerrillas” seguía luchando contra Marruecos para que se les devolviera a los saharauis lo que nunca debió de dejar de ser suyo.

Brahín prácticamente no participó físicamente en la guerra contra Marruecos, sobre todo por cuestiones de edad, aunque sí recuerda cómo el Frente Polisario luchó hasta el final, hasta ese 6 de septiembre de 1991, día en el que se acuerda un alto el fuego y que se preparó un referéndum, cuya celebración se preveía para 1992, y que todavía, como todos sabemos, no se ha celebrado.

Brahím, que hoy en día vive en el campamento de Tinduf, en territorio de Argelia, con poco más de cuarenta años a sus espaldas, casado y con cinco hijos, ha visto de todo y ya no se cree nada. Están hartos del olvido de la comunidad internacional, hartos de lo que él y los suyos siempre consideraron una traición del Gobierno español, ya que los dejaron solos frente a los excesos del Gobierno marroquí.

España cometió un error histórico al entregar el Sáhara a Marruecos de una forma ilegal y no se puede entender el silencio que durante cuarenta años han tenido y siguen teniendo nuestros gobernantes frente a este problema, del que nosotros, históricamente, somos responsables como país.

Eso sí, ni Brahím, ni los miles de saharauis que viven en los campamentos del desierto, meten en el mismo saco a los distintos gobiernos de España y a la ciudadanía. Saben diferenciar perfectamente que el pueblo español, a diferencia de sus dirigentes, sí ha tomado cartas en el asunto y se ha venido solidarizando con el pueblo saharaui, dejando en evidencia a los gobiernos de turno que no han sido capaces de ponerse al frente de la lucha por los derechos humanos y por la dignidad de una gente a la que abandonamos a su suerte hace cuarenta años.

Hoy Brahím está un poco más feliz viendo cómo uno de sus hijos marcha hacia España para pasar los dos meses de verano con una familia de acogida. Hoy Brahím está más contento viendo cómo muchos intelectuales y artistas españoles viajan a los campamentos a contar en documentales y películas la situación en la que viven y también cómo la sociedad española se echa a la calle en multitud de ocasiones para apoyarlos.

Pero él y los suyos saben que eso no es suficiente. Lo agradecen, pero saben que Marruecos no va a ceder por las buenas. Brahín sabe perfectamente que mientras la comunidad internacional no tome partido de una manera contundente para que a los saharauis se les devuelva lo que es suyo, no habrá nada que hacer.

El gobierno español sigue mirando para otro lado. Nosotros tenemos que hacer que nuestros dirigentes vuelvan a mirar hacia el Sáhara y que hagan saber a Mohamed VI que el Sáhara no es suyo. Si nuestros gobernantes no quieren implicarse, al pueblo saharaui y al Frente Polisario no le quedará otra que volver a las armas y retomar la lucha armada. Desgraciadamente la lucha armada siempre trae lo mismo: sangre y muerte de inocentes. Por eso no debemos ser cómplices por inacción de la masacre de un pueblo. Obliguemos a nuestros políticos a que de una vez por todas se preocupen de una región olvidada por todos, pero cuyos habitantes nunca dejaron de ser nuestros hermanos.

Hoy más que nunca debemos gritar ¡Viva el Sáhara libre!

 

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