La jornada del primero de octubre en Cataluña nos ha dejado un enorme repertorio de vídeos e imágenes para el recuerdo. En los próximos días se esperan muchas más, pero estas son las del día primero, el día en que se materializó el órdago de los líderes del independentismo catalán; el día que puede colorear la percepción de todos los acontecimientos que vengan después para la prensa y los espectadores extranjeros .

Mi documento favorito es una pieza bien conocida a estas alturas, un combinado de audio y vídeo que recoge dos versiones bien distintas de uno de los acontecimientos que se vivieron esa mañana en el instituto Pau Claris de Barcelona. El instituto estaba siendo usado como colegio electoral y se encontraba lleno de votantes, personal de la organización y policía nacional con uniforme antidisturbios. El audio principal procede de un WhatsApp que, con patente nerviosismo en la voz, Marta Torrecillas, una colaboradora de la organización del referéndum de 33 años, le envió a su amiga Laura:

“Yo estaba defendiendo a la gente mayor con los brazos abiertos. No hacía más que defender a la gente mayor porque han pegado a niños, han pegado a gente mayor, y me han arrojado, me han tirado escaleras abajo; me han tirado cosas, me han roto (trancat) los dedos de la mano expresamente, uno por uno. En mitad de las escaleras con la ropa levantada me han tocado las tetas y se reían, y me han pegado. Cuéntalo, Laura, cuéntalo por favor para que se entere todo el mundo, Y me han roto los dedos de la mano, uno por uno, expresamente. Esto es mucha maldad, mucha maldad, mucha maldad, mucha.” 

Alguien puso el mensaje en circulación, se hizo viral, y del él se hicieron eco varias personalidades. La alcaldesa Colau twiteó que la policía había abusado sexualmente de manifestantes y otros comentarios hablaban abiertamente de tortura policial. Pero lo más interesante del evento, uno más de la jornada, es que del mismo incidente existía un vídeo que quizás no era conocido por la chica cuando grabó el audio.

El vídeo original dura 39 segundos y en él se vé cómo Marta Torrecillas, luciendo  al cuello una acreditación que no resulta distinguible, se acerca hacia una pareja de policías con uniforme antidisturbios que se halla de espaldas a ella. La chica se gira repentinamente y entonces vemos que un tercer policía la coge por atrás del brazo derecho, la empuja hacia su derecha, la hace girar y caer; Marta, en el suelo, se agarra a otra joven que, igual que ella, forcejea con un cuarto policía nacional; el policía que tiene sujeta a Marta separa a ambas; un hombre con mochila deja caer su peso sobre el cuarto policía, lo empuja y pasa entre las jóvenes. En el forcejeo, a Marta se le ha subido la falda hasta hacer visible su ropa interior, y su camisa hasta quedar justo por debajo del sujetador. El tercer policía la arrastra cuatro escalones, la pone en pie en el rellano y sigue conduciéndola a la fuerza hacia la puerta de salida agarrándola del brazo y la mano. En el segundo tramo de la escalera, igual de largo que el primero, la joven se agarra al pasamanos de la barandilla central, y el policía hace que suelte la presa en pocos segundos: No hay tocamientos, torturas ni gente lanzada por la escalera. No oímos las risas que además sería difícil imaginar. En el “mashup” al que me refiero, a este primer vídeo sigue otro, grabado pocas horas después, en el que la joven aparece con el brazo izquierdo en cabestrillo, la mano vendada hasta el antebrazo, dando sus explicaciones de lo que le ha ocurrido. Hay todavía otro vídeo posterior en el que reconoce haber dado rienda suelta a su imaginación en el relato de los hechos. Pero no se trata de eso exactamente.

Antes de que la existencia de móviles con cámaras en alta definición permitiera dejar para la posteridad casi cualquier acto cotidiano, desmitificando el relato que de ellos pudieran hacerse, la narración de Marta Torrecillas habría sido el perfecto embrión de un romance popular de revolución, como el de María Pineda o Manuela Malasaña: en medio de la invasión extranjera, una joven es violentada por la infame soldadesca, que buscaba niños y ancianos para saciar su sed de sangre. La heroína, con el distintivo rojigualda de la Generalitat, socorría a un viejo inválido cuando para su desdicha cayó sobre ella la lasciva mirada del invasor. El lacayo que la violentó se reía mientras torturaba. El poeta puede dedicar varios versos a causar el horror del público describiendo con aliteraciones cómo el villano (no existía la palabra fascista en el siglo XIX) le rompía los dedos a la doncella, uno a uno, ante las carcajadas de sus compinches. ¿Y por qué el poeta cuenta tan penosa historia? Porque la doncella se lo pidió entre llantos: “cuentalo, poeta, para que se entere todo el mundo”.

En la narración original, el hecho de quedar expuesta en la caída se convierte en un acto obsceno de tocamientos. En el tuit de la alcaldesa de Barcelona, son ya agresiones sexuales. De ahí a una violación en toda regla por parte de la policía hay solo un par de eslabones en la cadena de transmisión del relato en el entorno independentista, pero la aparición del video interrumpió la génesis de este moderno ejemplo de romance popular por twitter.

Con todo, lo más interesante de la narración no son los coloridos detalles con los que la joven adorna su agitado encuentro de treinta segundos con la policía, que podemos entender como resultado de la agitación tras un estado de shock en una jornada ciertamente cargada de tensión, emoción y violencia. Lo más interesante, y lo más inquietante es el comentario ético-moral con el que, sin esperar al poeta que rime su romance, la joven termina su relato. “Esto es mucha maldad” dice; “mucha maldad”, repite por mor del énfasis dramático; “mucha maldad,” insiste por si quedara duda. Suponiendo que su amiga no sabe en realidad cuánto de maldad hay en la policía nacional, vuelve a decir: “mucha”. La chica, convertida en juglar de su propia desgracia, incluye su narración en un contexto conocido para su público que haga reconocibles los elementos sólo sugeridos: el conflicto del bien (los nacionalistas) contra el mal (la policía española).

Todos los que hemos tenido contacto con funcionarios equipados con material antidisturbios durante sus horas de trabajo les hemos dedicado los menos imaginativos epítetos que nos han venido a la cabeza, tanto in situ como al revivir la escena entre amigos y familiares. Pero yo no recuerdo que nadie refiriera el choque en estos términos casi fabulísticos de encuentro con el mal. El colofón de la historia de Marta (concejal de ERC) es la parte más ilustradora del documento, porque muestra el ambiente en que ha crecido una parte considerable de lo que ya son dos generaciones de ciudadanos catalanes. Este comentario de Marta nos permite vislumbrar el fondo épico en el que el independentismo ha ido tejiendo el fabuloso tapiz de su empresa secesionista. Un relato que ya está muy lejos de todo lo que de verdad ocurre en Cataluña y en España.

El rostro y la actitud de Marta en la segunda parte del vídeo es lo único reconfortante del documento. Es difícil pensar que con una persona así sea imposible llegar a un acuerdo cívico y satisfactorio para las dos partes. A mi me parece indistinguible de cualquier señora de Ávila o Madrid.

El vídeo, con el audio superpuesto, puede verse aquí

https://www.elespanol.com/espana/20171001/250975663_0.html

El audio completo, tal como fue hecho público, está recogido con el sinóptico etiquetado “dedos-tetas” en la web de La vanguardia con bajo el titular “Audio estremecedor”

http://www.lavanguardia.com/politica/20171001/431704301221/marta-torrejillas-dedos-tetas-policia-nacional-referendum-1-o.html

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Daniel Riaño Rufilanchas es un investigador científico que nació en Madrid. Su especialidad es la lingüística cognitiva y computacional. En la actualidad enseña Filología Clásica y redacción académica en la Universidad Autónoma de Madrid, pero también ha trabajado en prensa musical de varios medios. Ha grabado reportajes sobre temas artísticos, culturales y de conservación de la naturaleza. Cuando no está dedicado a asuntos de lingüística, programación o literatura griega probablemente esté discutiendo sobre la manera en que los avances tecnológicos están transformando nuestra sociedad o tratando de volar un dron.

2 Comentarios

  1. Si no aplican la justicia a estas personas que mienten y dejan que todo se alargue más, acabaremos como en el Oeste sin Ley, cada uno haciendo lo que le parece y diciendo que es en beneficio común.

  2. Querido Daniel, hay otro video intermedio de la misma chica en la que se ve como sale del colegio “con los dedos rotos”, rodea una ambulancia y milagrosamente, apoya las dos manos sobre una barandilla, sin un solo gesto de dolor. Eso si soltando por su boca lo de las tetas a voz en grito y visiblemente cabreada. Después se difunde el video en el aparece con el brazo en cabestrillo y una mano vendada. En fin…

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