Los números no paran de crecer: la Fiscalía chilena investiga ya a 158 personas relacionadas con la Iglesia Católica (en su mayoría clérigos, aunque también seglares) por delitos de pederastia. Después de haber allanado oficinas de la institución en diversas ciudades del país en búsqueda de nuevos antecedentes y de que el fiscal nacional ordenase la designación de persecutores en cada región de Chile, se ha dado a conocer el informe que investiga a lo que parece más de la mitad del clero chileno.

El caso va tan atrás como 1960; pero investiga causas abiertas desde que entró en vigor la Reforma Procesal Penal en 2000, e indica que 158 personas ligadas a la institución han sido investigadas: 139 religiosos, 10 laicos que ocupaban cargos pastorales y otras nueve cercanas a alguna institución eclesiástica.

Hasta el momento se ha identificado a 266 víctimas, de las que 178 eran menores al sufrir los abusos y 31 eran adultos, mientras que del resto no se ha precisado su edad, ya que el cómputo recopila los informes de las Fiscalías regionales, de organizaciones sin fines de lucro y de las distintas diócesis chilenas.

Un problema profundo en la Iglesia Católica, y que ya parece intrínseco a la misma a ojos de la opinión pública. En mayo de 2014, el Vaticano informó de que en los últimos 10 años había castigado a 3.420 sacerdotes por abusos sexuales a menores, de los que 848 curas fueron directamente apartados del servicio sacerdotal, la pena más dura que contempla el derecho canónico. De España no hay datos muy recientes, pero tan sólo el pasado 28 de julio, el que fuera párroco de la localidad mallorquina de Selva, Antoni Cano, ha sido apartado del sacerdocio como resolución de un proceso eclesiástico penal abierto contra él por pederastia.

Mientras, lo único que puede hacer el Papa es aceptar renuncias y pedir perdón. Hasta ahora, Francisco ha aceptado cinco renuncias de las 34 que le fueron presentadas en bloque en mayo pasado de los abusos chilenos. También entonó un mea culpa, asegurando que “reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación”.

A la hora del perdón, el sumo pontífice se dirigía “a todos aquellos a los que ofendí”, y expresaba su deseo de poder hacerlo personalmente. Y quizá el perdón más polémico y destacado se haya dado en España.

Román Martínez Velázquez de Castro, el sacerdote que se enfrentó a un juicio por el caso Romanones y que fue declarado inocente por la justicia española, recibió también la máxima sentencia de inocencia del ámbito eclesiástico: fue recibido por el Papa Francisco en audiencia privada, donde éste le pidió perdón.

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