Llevar mi nombre y dedicarse a la música trae asociado el inevitable recordatorio al “Para Elisa” de Beethoven, una de las piezas más conocidas de todos los tiempos que el compositor dedicó a una joven aprendiz de piano llamada Teresa y que debe su popular nombre a la confusión del musicólogo Ludwig Nohl quien, al transcribir el manuscrito original, entendió “Elisa” donde decía “Teresa”. La equivocación ha inspirado a muchas personas a lo largo de mi vida para dedicarme chascarrillos y alusiones a tal coincidencia nominativa, tantos y tan variados que llega a resultar irónico llamar por teléfono y que te dejen en espera con la famosa melodía del “mi, re, mi, re, mi, si, re, do, la”. Y así, esta curiosa narración de anécdotas hace que, una mente inquieta como la mía, comience a reflexionar sobre las causas o motivos que llevan a incluir una cierta pieza, y no otra, en un hilo musical.

Lo que hace en torno a cuarenta años suponía un artículo de lujo para los hogares españoles es hoy en día una herramienta absolutamente habitual en ascensores, tiendas de moda o consultas de dentista. Multitud de empresas se dedican a analizar las características que debe poseer el hilo musical de cada particular negocio, ofreciendo una cadena de melodías especialmente pensada para unos fines concretos. Una o varias entrevistas con el cliente ayudarán a programar y crear la serie de temas más adecuada para definir variables como el ambiente, el tipo de público, la velocidad del consumo o la emoción que quiere despertarse en quien, sin ser apenas consciente, realiza la escucha. En términos publicitarios, se trata de conocer al detalle el público objetivo de una determinada empresa o de un producto concreto para utilizar la música como una herramienta más que facilite el consumo de bienes y servicios.

El concepto de música ambiental continua, sin locutores ni anuncios, ha evolucionado considerablemente después de cuatro décadas generando conjuntos de canciones enlazadas con coherencia ante un profundo estudio de la marca. Algunas tiendas de ropa cara nos reciben con música de cámara en lo que supone una búsqueda de un ambiente clásico y selecto, mientras otras de ropa juvenil más barata lo hacen con música rápida y actual. Establecimientos como bancos o agencias de viajes utilizan el hilo musical como barrera acústica para favorecer la comodidad de sus clientes generando la sensación de que la música evita que otras personas curioseen sus conversaciones. En las jugueterías suenan clásicos infantiles y en los supermercados éxitos pegadizos y conocidos, todo con el sentido de fortalecer, junto a otros diversos factores, una imagen de marca.

Pero no es solo una cuestión particular de cada tipo de negocio sino también de las características concretas de espacio y tiempo dentro de él. En una gran plataforma de venta de productos puede emplearse una música más enérgica para intentar movilizar la compra en momentos del fin de semana donde la clientela es mayor en número, interesando una música calmada para favorecer la compra pausada de ese grupo más pequeño de personas que ha decidido hacer la compra a mitad de semana. De igual modo se emplean sintonías distintas para distintos ambientes dentro de un mismo establecimiento que permitan diferenciar espacios y sus funciones, como hacen los hoteles con las zonas de recepción, spa o restaurante.

Aparte de todas estas peculiaridades, la cuestión esconde un planteamiento de fondo aún más interesante desde mi punto de vista y es el hecho de cómo se llega a esperar un determinado comportamiento, sensación o experiencia en ese público objetivo desde la elección de una música concreta y, anteriormente, cómo han llegado a producirse esos pares de asociaciones que posibilitan esa acción-reacción. El estudio psicológico y empresarial que requiere la elaboración temática de un hilo musical para la consecución de unos fines se fundamenta en la premisa esencial de que constantemente estamos siendo influenciados o moldeados por la sociedad y sus agentes de cambio. Ninguna música provoca de por sí emociones o maneras de actuar programadas sino que es el contacto de la persona con el mundo y la cultura que le rodea lo que construye dichas asociaciones. El planteamiento contribuye a derrotar universalismos formulando una manera de vivir activa y constructiva a la par que infinitamente más interesante y enriquecedora, tanto a nivel individual como colectivo o grupal.  

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Directora de Orquesta y Coro titulada por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, compagina su labor como directora con la docencia musical. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, centra su interés en el estudio de las relaciones del binomio psicología-música. Su experiencia vital gira en torno a la cultura, la educación, la gente, la mente, la actualidad, lo contemporáneo y todos aquellos parámetros que nos conforman como seres sociales

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