Cuando este viernes, Albert Rivera se descolgó con la famosa frase en la cual se preguntaba si el PP no podía presentar otro candidato que Mariano Rajoy, ya daba por roto el Pacto de Investidura, aunque no modificó el sentido del voto de su grupo. Y todo porque los puntos del acuerdo en materia de “regeneración democrática”, el llamado “pacto anticorrupción”, acababa de saltar en mil pedazos. A la primera de cambio, Rajoy había incumplido el espíritu de dicho acuerdo en lo que se refiere a las llamadas “puertas giratorias” designando al ex ministro de Industria, José Manuel Soria, para representar a España en el Banco Mundial.

Rivera se enteró oficialmente cuando concluyó la sesión de investidura. Se lo dijo el propio Rajoy. Pero el ya lo sabía. Se lo habían filtrado de Génova. De ahí su enorme cabreo cuando subió al estrado. Un discurso en el que, supuestamente, sólo iba a reiterar su apoyo a la investidura, se convirtió en un alegato incendiario que puso muy nervioso a Mariano Rajoy, a indignó al mismísimo portavoz popular, Rafael Hernando quien llegó a responderle con un “yo no firmo pactos para quince minutos”. Ese “amor para toda la vida” que declaró el día de la firma del Pacto de Investidura, con su homólogo de la formación naranja, Juan Carlos Girauta, se había convertido en el más violento de los divorcios. Toda la culpa la tenía la dichosa noticia de la candidatura de Soria. Incluso la propia vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, salía precipitadamente del hemiciclo alegando “no saber nada” de esa noticia.

La noche fue durísima. Llamadas subidas de tono entre Hernando y Girauta, Rajoy teniendo que dar explicaciones. Al borde de la dimisión, el gallego decidió convocar “urgentemente” al comité nacional. No hubo tantas prisas cuando les convocó para pedirles un cheque en blanco para negociar con Ciudadanos.

Terrible noche para todos en la que algunos dirigentes regionales se pusieron en contacto con Dolores de Cospedal para criticar la decisión de Rajoy. Uno de ellos llegó a decir que “¿cómo vamos a explicar a los cuadros a los que estamos pidiendo la dimisión por estar implicados en casos de corrupción que, luego en Madrid, proponen a alguien que aparece en listas de sociedades de paraísos fiscales?”. El presidente de Castilla y León, una de las plazas más fuertes de los populares, Juan Vicente Herrera, llegó a decir a un periodista que le preguntó sobre este asunto que “no me apriete. Mi opinión sobre Soria es manifiestamente mejorable”.

Dolores de Cospedal reconoce que llamaron a Rivera porque se daba por segura la ruptura del acuerdo de investidura. Al final, se lograron calmar los ánimos. Ni Rivera ha retirado, de momento, su apoyo, ni los líderes regionales del PP dijeron una sola palabra en contra de esta propuesta que, de todas maneras, se veía venir.

Soria siguió cobrando su pensión como ex ministro, tal y como denunció Diario 16, a pesar de tener ingresos procedentes de fondos de inversión donde tiene colocados títulos millonarios. Tampoco ha justificado su firma en los papeles de Panamá. Y, para colmo, seguía mandando en la organización canaria a pesar de las denuncias de los nuevos dirigentes regionales.

Si José Manuel Soria, al final, es presentado y designado en nombre de España como director general, recibirá una remuneración anual que sobrepasa los 220.000 euros.

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