Hay un poema de Rafael Alberti titulado ‘El aburrimiento’ en el que el poeta gaditano repetía incansablemente la expresión “Me aburro, me aburro, me aburro”, y lo único que sacaba al poeta de ese letargo de hastío es cuando pisa una caca de perro y piensa que “pisar una caca de perro es señal de buena suerte”. Bueno, pues el discurso de investidura de Rajoy fue lo mismo pero sin la caca de perro: un continuo “Me aburro, me aburro, me aburro”…

Quizá este análisis del discurso de don Mariano pueda parecer un tanto simplista, pero es la sensación que me quedó tras escucharlo. Y al parecer no me pasó únicamente a mí, ya que prueba de este sopor colosal que provocó la hora y veinte minutos de perorata es la cantidad de mensajes en twitter con imágenes de sus señorías dormidos en sus escaños tras engullir a las cuatro de la tarde el soporífero postre del discurso de investidura de Rajoy.

Pero a parte de este aburrimiento y analizando un poco más a fondo ese discurso, lo que más cabe destacar es el tiempo total que el candidato a presidente del gobierno dedicó a hablar de la corrupción. ¿Saben cuánto dedicó Rajoy a lo que para la ciudadanía es uno de los problemas más importantes de la nación?… dos minutos. Y aquí ya no hablamos de aburrimiento sino de indignación. Porque es indignante que hayamos tenido que tragarnos el paripé de una semana hablando de un pacto anticorrupción entre PP y Ciudadanos, donde el concepto de corrupción variaba a su antojo, y ahora tengamos que ver con mayor indignación si cabe que se le dedique al tema de la corrupción esos escasos dos minutos y que encima trate de vendernos la moto esgrimiendo que la corrupción bajo su gobierno se persigue más que nunca. Ver para creer.

Lo demás lo dedicó Rajoy sobre todo a repetir esa idea ya manida de “Yo o el caos”, esa expresión cínica y casi antidemocrática de que son los únicos capaces de formar un gobierno que garantice estabilidad. Mire, Señor Rajoy, de momento los números no le dan y mientras que las matemáticas lo permitan, cualquier otro gobierno en el que usted no esté es totalmente legítimo y yo diría que muy necesario para la salud democrática de nuestro país.

Además de hablar de los pactos de estado firmados con Ciudadanos, que como en el documento que firmaron ambas formaciones la mayoría no explicó, y de pintar una España casi irreal, Rajoy tenía guardada una carta en la manga para sacarnos a todos de la somnolencia que estaba produciendo sus discurso. Y cómo no… sacó el conejo de la “Unidad de España” de su chistera maquiavélica, un discurso que por otro lado siempre le ha venido bien a la derecha y sobre todo ha servido de acicate a su bancada de hooligans que aplaudían con estrépito la defensa de esa España unida frente a los diablos independentistas y sus cómplices que sólo piensan en romperla.

Resulta curioso que en tiempos difíciles Rajoy siempre saque como tema estrella este discurso españolista de soberanía nacional cuando todos sabemos que somos un país sin soberanía cuyo destino rige la Troika y que a la vuelta de la esquina vamos a sufrir ese nuevo colonialismo político y económico por parte de Europa cuando tengamos que hacer frente al pago de la deuda y cumplir el déficit. Pero claro el discurso del miedo y del patriotismo patatero de que “vienen los independentistas”, como si del lobo se tratase, siempre le ha venido muy bien a la derecha en este país.

Fue en el tema de la unidad de España cuando Rajoy nos sacó del letargo, donde puso más énfasis para que despertáramos – los que estábamos en casa y sus señorías – y pusiéramos un poco más de atención en un discurso que no trae nada nuevo, que es continuista con las políticas de estos cuatro años que han llevado a nuestro país a ser el adalid de la desigualdad social, de los recortes, de políticas represivas como la Ley Mordaza, de actitudes caciquiles en lo que se refiere a temas de interés general como la educación, donde se aprueba una ley como la LOMCE sin el consenso ni la participación de la comunidad educativa, etc…

Pero la tónica general del discurso del señor Rajoy fue el aburrimiento. Su cantinela nos mató de hastío, apatía y desgana. Y hablando de muertes y de aburrimiento. En la peli ‘Quo Vadis?’ hay una escena famosa en la que Patronio dedica una carta de despedida a Nerón después de haberse abierto las venas y poco antes de morir que, por momentos, parecía referirse al discurso de investidura de Rajoy: “Haber nacido en tu reinado, Nerón, es una equivocación, pero morir en él es una alegría (…) Puedo perdonarte por haber incendiado nuestra amada Roma. Por haber esparcido en toda la nación el hedor de tus crímenes… Pero hay una cosa que no puedo perdonar: el aburrimiento de haber escuchado tus versos”.

Frente al aburrimiento y la inacción de Rajoy sólo queda el NO de los que a partir del viernes tendrán que entenderse SÍ o SÍ.

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