Pag. 24. Los pájaros volaban como pedradas lanzadas por el viento.

Pag. 35. Lo que de verdad hace insufrible la vida, esta vida, no es el dolor ni la desdicha, sino que todos los días haya que volver a hacer la cama.

Pag. 37. … pan reblandecido por sus lágrimas.

Pag. 42. Si cobraran dinero por salir a la calle, habría cola para sacar la entrada . Como es gratis, nadie lo valora, no se dan cuenta.

Pag. 46. Lo que deseamos o lo que nos asusta ¿no es acaso real aunque nunca suceda?

Pag. 59. … la libertad no te la dan, hay que conquistarla.

Pag. 74. Para mí, escribir siempre ha tenido algo de penitencia que se cumple en soledad.

Pag. 83. Aquella áspera libertad que me otorgaba el que nadie esperase nada de mí.

Pag. 118. La única vida verdadera que he conocido: la infancia.

Pag. 185. A mí nunca me ha interesado la actualidad, salvo en los grandes acontecimientos.

Pag. 247. Si quieres robar vete a unos grandes almacenes, como todo el mundo. A los amigos no se les roba.

Pag. 256. Herman Göring, antes de suicidarse, solía decir: por lo menos yo he vivido diez años como un príncipe del Renacimiento.

Pag. 270: Franco, respondiendo al embajador volante de Estados Unidos, Vernon Walters:
“No se equivoque, mi verdadero monumento no es esa cruz en el Valle de los Caídos, sino la clase media española”.

Pag. 275. Necesitaba la riqueza para dar forma a un carácter propio, no para diluirlo en el lujo.

Pag. 291. No la quería, ni siquiera la veía, quería el recuerdo de mí mismo enamorado de ella.

Pag. 307. Nunca he sentido simpatía hacia los ricos, pero me parecen merecedores de más respeto que las personas atractivas.

Pag. 323. ( sobre los años de la movida): todo el mundo parecía un poco payaso.

Pag. 338. No frecuentes la heroína, salvo que sientas demasiado odio hacia ti mismo y ningún amor por nadie de este mundo.

Pag. 342. ¿Denigrante? Tú no tienes ni puta idea. ¿Tú sabes que hay cajeras de súper que llevan puestos pañales para que no les descuentan el tiempo de hacer pis?

Pag. 349. Tigre feroz y generoso.

 

Subrayar un libro es algo absolutamente personal, casi tanto como escribirlo. Algo parecido a recoger piedras o conchas en una playa: muchas maravillas se nos escapan, aunque nuestros pies pasen junto a ellas, otras son demasiado grandes o voluminosas para recogerlas, y a veces nos enamoramos de piezas insignificantes que para el resto del mundo carecen de interés por completo.

Subrayamos los que nos llama la atención, lo que de algún modo nos toca por dentro o despierta un eco.

Las frases que subrayé y luego iba copiando en las páginas de cortesía de la novela Para morir iguales de Rafael Reig, no son probablemente ni las mejores ni las más significativas, pero sí son las que a mí me hicieron parar, detener la lectura y coger un rotulador calibrado, para -mientras lo movía- mirarlas y disfrutarlas más despacio. En particular la última, la del tigre feroz y generoso, solo yo puedo comprender todos los motivos que me hicieron subrayarla y copiarla, pero aún así es hermosa, pienso, para cualquiera, por eso la he dejado; aunque no se comprenda bien, suena preciosa, cómo suena todo en la magnífica novela de Reig, en la que la mismísima Marisol, Pepa Flores, se convierte en virgen para aparecérsele a el protagonista, Pedrito Ochoa… Pero para disfrutar de ese juego de ingenio, no basta con mis pequeños subrayados y quien quiera descubrirlos tendrá que leerse la novela entera.

 

 

(Mecanografía, Whatsapp y Walter Flores)

 

 

Novelaza de Rafael Reig

Rafael Reig, Premio Nacional de Literatura Cultura Viva

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