Tiempo atrás hablábamos de ‘El huracán Odebrecht’  y actualmente estamos viendo lo que los cubanos llaman el rabo de nube, que no es más que el coletazo que sigue al vendaval.

Siguen avanzando las investigaciones en torno a la constructora brasileña y, consecuentemente, sigue el accionar de la justicia al respecto. En Argentina se indaga sobre la relación entre la empresa paulista y el gobierno anterior, y se cierne un manto de oscuridad sobre quienes ocuparon lugares de responsabilidad en el entonces Ministerio de Planificación Federal.

En Brasil condenaron al ex presidente Luis Inácio ‘Lula’ Da Silva a nueve años y medio de cárcel por corrupción en una causa conexa a la de Odebrecht. En su caso fue en el caso de la constructora OAS, que es parte de la mega causa del Lava Jato, la red de corrupción por la que grandes empresas del país se pusieron de acuerdo para repartirse los multimillonarios contratos de Petrobras sobornando a políticos y funcionarios de la petrolera.

El jueves pasado, en Perú, se produjo el encarcelamiento del primer presidente latinoamericano por el caso Odebrecht. A Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia le dictaron orden de prisión acusados de haber recibido dinero ilegal para su campaña electoral en 2011, en la que acabó triunfando.

Lo que parecía que nunca ocurriría comienza a ocurrir. Quienes ostentaron los mayores estamentos del Estado tienen que comenzar a rendir cuentas de sus actos en los estrados judiciales y esto, en países que recuperaron el sistema democrático de gobierno, hace escasos 30 años, sólo puede traer beneficios.

Decía tiempo atrás José Nun, citando a Esteban Echeverría, que ‘No puede haber democracia si antes no hay igualdad’, por ello es tan importante el avance de estas investigaciones, porque los ciudadanos de cada uno de los países involucrados en esta trama criminal debe tener la garantía que quienes delinquen pagarán por sus tropelías como ‘cualquier hijo de vecino’.

Hasta hoy son pocos los ejemplos en los que se haya dado esta igualdad.

Pero Nun no hablaba sólo de igualdad ante la ley, él la amplía, y yo concuerdo, a igualdad de derechos políticos y económicos. Afirma el politólogo que ‘la tolerancia política no es lo mismo que la tolerancia con la impunidad, ni la libertad de expresión, un permiso para injuriar y calumniar. Sin una adecuada igualdad de condiciones, la igualdad de oportunidades sólo significa que un rico y un pobre tienen el mismo derecho a pedir limosna. Por eso, el primer paso del pregonado cambio cultural que precisamos consiste en enterarnos de que aún no vivimos en una democracia y que la gran tarea de un buen gobierno es poner decididamente rumbo hacia ella.’

El avance judicial contra la corrupción contribuye decididamente para la construcción de democracia en América Latina, quizás sea una consecuencia no deseada de las investigaciones judiciales, pero como dicen en Cuba, todo huracán trae consigo un rabo de nube…

 

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