El “érase una vez que te quedas embarazada, eres feliz, tienes un niñ@ de anuncio y comes perdices” ya no vende. O al menos, unas cuantas de nosotras, hemos elegido desechar la visión romántica y edulcorada de la maternidad tanto por nuestra salud mental y física, como por la de nuestros locos bajitos y la de nuestra pareja (quien la tenga).

Y es que no hay mayor liberación que llamar al “pan, pan” y al “vino, vino”. O mejor dicho, no hay nada mejor que dejar de pensar que, tanto en los 9 meses en los que ella o él se apoderan del cuerpo de una, como en el caos ordenado en el que se convierte tu vida una vez entras con tu churumbel por la puerta de casa, tienen algo que ver con la imagen de madres perfectas que se empeñan en vendernos y nosotras hemos venido comprando hasta ahora.

Vaya por delante que respeto a todo hij@ de vecin@, o más bien a toda madre de vecino que elige o dice ser perfecta en ese papel, pero soy de las que pienso que ¡ya está bien de engañarnos como a chinas! La inquietud que se tiene cuando el milagro de la vida aparece en forma de raya en el predictor o tras un embarazo burocrático para acoger o adoptar a ese pequeño tan deseado, ya es más que suficiente como para tener que estar a la altura de la perfección en la que se asienta la maternidad y que la sociedad nos impone a las mujeres.

Por eso se agradecen tanto voces de madres reales como las de Laura Baena, fundadora de @malasmadres o de la periodista Samanta Villar @samantavillar. Ellas nos representan cuando hablan de lo maravilloso de tener una familia pero también de las dificultades, las frustraciones, los agobios, las culpas y los miedos que se instalan en nosotras como esas pelusas de polvo bajo el sofá y que hay días que no se van ni con la mejor aspiradora romba. “Luchamos contra el concepto de superwoman que nos han vendido. No lo somos ni queremos serlo porque eso solo nos llevaría a la frustración por no llegar. Apostamos por una maternidad real, alejada de prejuicios, donde el camino válido es el que tú misma decides. Somos las mejores madres que podemos ser”, explica Baena. “El relato único de la maternidad como un estado idílico, no coincide con la realidad ya que estigmatiza a las mujeres que lo viven de manera distinta. Tenemos que abandonar la idea de que la maternidad es el último escalón en la pirámide de felicidad de una mujer”, apostilla Villar.

Ellas tienen todo la razón. El estado o la cualidad de madre, es como ser géminis. Por un momento puedes ser el gemelo de la locura, al siguiente el de la cordura y entre medias te encuentras intentando no torcerte un pie mientras corres con los tacones como una posesa para llegar al colegio a tiempo a recoger a los peques porque sales del trabajo con la hora pegada donde estás imaginando; queriendo (que no siempre logrando) bañar todos los días a tu prole porque según el anuncio del jabón que no provoca lágrimas además de ser el mejor método de limpieza es mano de santo para su relax Y se duerman prontito, o tratando de hacer esas maravillosas croquetas como las de tu madre y que por falta de tiempo o cansancio prefieres las haga otra cocinera un tanto más congelada, y tú solo tengas que freírlas. ¡Ay qué estrés!

Y, ¡ni qué decir de la voz de la conciencia que se empeña en cantar en tu cabeza, como si fuera una finalista del programa Tu Voz y que te recuerda la importancia de educar en positivo: entre el cariño y la firmeza!; o de la culpabilidad constante que te martillea en el corazón por no poder pasar todo el tiempo que te gustaría con ellos porque este no es un país para conciliar, si no para renunciar a ellos y a ti misma.

Así que yo me planto. Regalo a quien la desee la maternidad de anuncio y me apunto a la locura de aprender en el día a día, con la compañía y complicidad del padre de mis hijos, a hacer “del trabajo más maravilloso, difícil e importante del mundo” -como lo define @alvaromerino formador de padres- el mayor reto de mi vida. Un desafío que se hace más fácil cuando te centras, como sabiamente me aconsejó el gran deportista @juliogarciamera, “en desarrollar la vocación y el trabajo de la maternidad, con su aciertos y errores, a través de los mejores maestros que hay: tus propios hijos”. Esa es la única y gran verdad que cuenta.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anteriorLa desunión de la izquierda 
Artículo siguienteUn oasis en mi chistera
Es periodista, editora en @lideditorial y responsable de Comunicación y RR.PP de @juanmerodio. Además es Máster en Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Aliter). Fue becaria Erasmus y Leonardo en Roma. Ha desarrollado su carrera durante 25 años a caballo entre el periodismo, la comunicación, la organización y presentación de eventos. Colabora con El Español, 20 minutos y Diario 16. Es madre de dos hijos y cree que el liderazgo y la defensa de los derechos y los valores sociales, en especial los de las mujeres, han de partir de uno mismo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

4 × 1 =