En los últimos años (y en particular en los últimos meses) hemos asistido a actos del poder político de dudoso carácter democrático. Son muchas las leyes del gobierno de Rajoy las que la ONU ha considerado que vulneraban derechos humanos. Creo que no hace falta repasarlas todas, porque sabéis a qué me refiero. Pero quizás una de las más claramente antidemocráticas sea la famosa Ley de Seguridad Ciudadana, también conocida como la Ley Mordaza. Desde su aprobación he mantenido la esperanza de que el poder judicial revocara lo que es un atentado contra la libertad de expresión. Pero en los últimos meses hemos visto claramente de qué forma esta ley se ha convertido en un instrumento de censura. Y, ante leyes injustas, considero necesario sacar al debate una forma particularmente efectiva de lucha política: la desobediencia civil.

Cuando entras a la facultad de derecho suelen explicarte que, si la ciencia política está estructurada entorno al debate entre izquierda y derecha, el derecho fija su debate entre iusnaturalismo y positivismo. ¿hay valores superiores por encima del derecho? ¿hay principios o causas que justificarían la violación de determinadas normas? ¿o debe la ley ser cumplida solo por ser ley, a pesar de su contenido? Establecer los límites de actuación del derecho es complicado, porque en realidad es un acto político, es algo que depende de la percepción que tu tengas de la sociedad. No hay que olvidar nunca, como recordaba Martin Luther King en su carta desde la prisión de Birmingham, que lo que los nazis hicieron era legal, igual que en su momento era legal discriminar entre negros y blancos, mientras que defender la integración y criticar el racismo, o ayudar a judíos era ilegal.

Muchas de las aberraciones cometidas a lo largo de la historia fueron cometidas amparadas por la ley. Desde homicidios y torturas a la venta y tráfico de personas.

En base a esta idea se justifica la desobediencia civil. Gandhi defendía que, “cuando un hombre entiende que obedecer leyes injustas va contra su dignidad como ser humano, ninguna tiranía puede dominarle.” ¿debemos obedecer leyes que atentan contra nuestra dignidad? En la sociedad en la que vivimos esta pregunta debe ser respondida teniendo en cuenta diversos factores:

Primero que vivimos en algo parecido a una democracia, (aunque a base de decretos ley nos la estén robando). Esto implica la existencia de determinados cauces legales para rebelarse contra una ley determinada o una aplicación del derecho determinada, si se considera que es injusta.

Segundo, que si uno desobedece, es porque tiene el firme y profundo convencimiento de que obedecer esa ley atentaría contra su dignidad. No es una cuestión de no acatar lo que un juez diga o no cumplir una ley determinada porque nos perjudique. La desobediencia civil es un acto político y pacífico. Quien la lleva a cabo lo hace para poner de relieve la injusticia de una norma que pretende que se modifique. Es un acto de protesta en el que uno se atiene a las consecuencias legales que contra el pueda haber. Es un acto público, porque el propósito es acalorar el debate, evidenciar la injusticia, visibilizarla y hacer imposible que el problema pueda ser ignorado por más tiempo.

Cuando nos roban todos los recursos, cuando la ley nos da la espalda, es cuando no queda más remedio que desobedecer. Y quien desobedece lo ha de hacer con el mayor respeto al derecho, lo hace porque de hecho defiende el derecho, pero un derecho justo. Como decía M.L King “quien quebranta una ley injusta está de hecho manifestando el más eminente respeto por el derecho”. No es un acto antisistema. Es un acto en el que uno se decanta por una determinada percepción del derecho, entendiendo que no puede ser juridificada cualquier cosa, porque la dignidad humana está por encima del cumplimiento de cualquier tipo de ley, y la ley ha de establecerse guiada con el fin de proteger esa dignidad humana.

Un ejemplo reciente más allá de las luchas y movimientos históricos como el antisegregacionista es el llevado a cabo por Médicos del Mundo ante la reforma sanitaria del gobierno de Rajoy. Ellos han vulnerado consciente y premeditadamente la ley, porque entienden que la ley debe tener como fin la protección del ciudadano y la promoción y garantía de los derechos humanos. Y entienden que denegar asistencia sanitaria a una parte de la población atenta, no solo contra esta idea, sino también contra su propia deontología profesional.

¿Cuál es la función del derecho? Esa es la pregunta clave que uno debe plantearse. En la actualidad se ha evolucionado hacia la comprensión del derecho como un ente designado a establecer reglas para proteger a la sociedad. Partiendo de esa idea puede respaldarse la creencia de que la desobediencia de una ley que no tenga este principio como objetivo está justificada moralmente hasta que ésta se adecúe a este objetivo. Hablamos por supuesto de casos extremos y flagrantes que atenten de una manera clara contra la dignidad humana, como criterio para dirimir lo justo de lo injusto.

Porque, ¿Qué se puede hacer cuando el derecho no evoluciona naturalmente de acuerdo a las necesidades de la sociedad? ¿qué hacer cuando el derecho, no solo no se adapta, sino que atenta contra las necesidades sociales, incluso contra los derechos más fundamentales? ¿qué hacer cuando el derecho es injusto?

Si todos los cauces legales y convencionales han fracasado, llegando a situaciones humanas dramáticas es razonable buscar mecanismos alternativos.

Muchos han respondido que la respuesta más eficiente y necesaria ha de ser violenta. Y por supuesto es relativamente fácil coger un arma y obligar a alguien mediante amenaza. Pero eso no puede generar justicia, solo venganza.

La desobediencia civil en cambio da una respuesta mucho más difícil de llevar a cabo, pero que puede resultar siendo mucho más efectiva. Resistir y negarse a obedecer, de una manera pacífica busca como objetivo, no simplemente destruir el régimen injusto, sino reconstruirlo. Y por supuesto desobedecer una ley y no responder de manera violenta ante ataques violentos o sanciones que te perjudican de diversas maneras no es una tarea fácil. Uno ha de sopesar la situación antes de lanzarse a este tipo de campaña. Pero es cierto que muchos derechos han sido conquistados gracias a este mecanismo, y aun permanecen en el tiempo sus efectos.

Y en ese sentido, ¿por qué no? Aplicar la desobediencia civil puede ser una herramienta política altamente efectiva. También implica una determinada vinculación de la persona con la ley. Implica una relación de ciudadano (lo que implica un carácter igualitario), y un conocimiento más profundo del derecho.

Al final “justicia” es un concepto moral abierto a interpretaciones. Pero seguramente la definición más acertada, y esperemos, la más duradera, es la de considerar cualquier acto que atente contra la dignidad humana como injusto. Y ahí es donde entra el iusnaturalismo. Porque los derechos humanos nacieron como una declaración de intenciones sin carácter legal alguno, sino meramente moral. Y sin embargo se han convertido en el valor legal supremo de nuestros tiempos. El derecho no solo lo construye el legislador, también de alguna manera la sociedad, nosotros. Esto debería hacer que nos replanteemos nuestro respeto a leyes que atentan contra nuestra dignidad. La clave de la desobediencia civil son los actos simbólicos. Gandhi derrocó el Imperio Británico con un puñado de sal. Quizás baste con un tweet para derrocar una ley injusta.

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Inés Moreno (Alcalá de Henares, 1992) Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Derecho Internacional Medioambiental por Háskóli Íslands (Universidad de Islandia). Ha desarrollado su actividad investigadora entorno a la gobernanza global y los derechos humanos de tercera generación. Activista de Amnistía Internacional España de 2011 a 2015. En su actividad literaria colabora con la editorial Playa de Ákaba con la que ha publicado su primer poemario, Akasia.

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