Nací en un barrio de Barcelona, donde la mayoría de la población, era de origen de otras comunidades fuera de Catalunya. Incluso nosotros teníamos como lengua vehicular el castellano; en parte porque por parte materna, tenemos raíces andaluzas; también por una decisión equivocada por parte de mis abuelos paternos de origen y habla catalán, en utilizar con sus hijos (mi padre y mi tía) la lengua castellana. El miedo y la represión de entonces hizo declinar la balanza hacia ese idioma. Por lo tanto, me he criado y educado en castellano, ya que por entonces la enseñanza era toda en lengua castellana, salvo 2 horas que se impartía la asignatura de catalán. No obstante, y pese a éstas vicisitudes, siempre tuve el sentimiento de sentirme catalán, antes que español, sin que esto significase un ápice de desprecio hacia lo no catalán.

Tras años de travesía por el desierto, las primeras Diadas reivindicativas tras la anulación del Estatut, fueron la chispa que como a cientos de miles de catalanes, hicieron cambiar el chip. Éste cambio significó, quitarnos los miedos, los prejuicios y la valentía de salir a la calle a reivindicar algo tan lícito, como nuestra propia identidad, siempre ignorada, despreciada y anulada por el sentimiento imperante en España. Como a la mayoría de catalanes independentistas, sin duda el Referéndum del 1 de Octubre, fue un punto y aparte en nuestras vidas : la preparación, la solidaridad, su carácter transversal y por supuesto su desgraciado desenlace, fue determinante para establecer un nuevo escenario ante España, y su estado represivo, injusto, anticuado, recentralizador……; y digo Estado, que no tiene que ver con la España variopinta en todas sus vertientes. Ese Estado sostenido por viejos y oxidados cables de la Monarquía, la Banca, IBEX35, el Ejército, los Medios de Comunicación, la Iglesia….., todos herederos del régimen Franquista.

Desde ese momento, me vi con la obligación moral de involucrarme de manera activa, tanto en manifestaciones, concentraciones, y acciones promovidas por todos los sectores independentistas, incluidos los CDR, surgidos del 1-O.

Paradójicamente, el Procés ha sido personalmente una gran derrota personal. Por motivos casuales, y sin saber ni cómo ni por qué, derivaron en la decisión por parte de mi pareja, y sin influir el tema político, aunque si su derivada, en abandonar un proyecto de familia consolidado, con dos hijos en común y grandes dosis de esfuerzo e ilusión. Ahora mismo, el ser integrante de un CDR me ayuda a mantener una entereza personal, y poder transformar malas energías producidas por la ruptura, en positivas y constructivas. Una necesidad imperativa para poder dotar a mis hijos de una estabilidad emocional. Es todo un hallazgo, el poder estar rodeado de gente “normal” integrante del CDR; y éste adjetivo de “normal”, es de lo más superlativo que se me ocurre. Personas de diversas procedencias, ideales, edades, profesiones, y de forma contraria a lo que mucha gente piensa, que tienen el castellano como lengua materna y vehicular. Hombres y mujeres generos@s en su dedicación a la causa, de gran perseverancia, moral, positivismo(…), y sobre todo dotad@s de un civismo y pacifismo fuera de toda duda.

Gracias al trabajo incansable, impagable y altruista de los componentes de los CDR, Catalunya cuenta con lo más preciado de su patrimonio, SU GENTE , aglutinada en pequeños Comités defensores de una situación compleja, heroica, y difícil pero histórica. El paso de los años, juzgará su labor y determinación.

Jo també sóc CDR!!

V.Campí

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