Imagen de archivo de la Policía Local de Palma.

La corrupción es un cáncer en fase avanzada de metástasis, que carcome las entrañas de este país. El Partido Popular es considerada ya, la organización política más corrupta de toda Europa, lo que significa que tenemos más suciedad dentro de las Instituciones que Estados como: Rumanía, Turquía o Kazajistán. Imagino que esta comparativa no va a caer muy bien en aquellos fieles seguidores del Régimen, que piensan que ser español debería venir avalado honoríficamente con la entrega, por parte del Gobierno, de un diploma acreditativo. Es decir, que ser español de “pata negra” dota a quien ostenta dicho título sociológicamente nobiliario, del poder suficientemente legitimo para mirar de manera condescendiente a todo aquel que pertenece a un país con un nivel de vida considerado inferior. Y es que no hemos logrado aún empezar a deconstruir ese pensamiento colonial que nos enerva.

El color azul escala Pantone 300, protagoniza y sostiene airoso en clave de: “aguanta y se fuerte”, a los más de 900 cargos públicos imputados por corrupción. Sobrevuela la gaviota de la vergüenza torera, un mar infecto de mentiras, amenazas y escándalos, salpicándonos a todos los ciudadanos expectantes, con el batir de sus alas en vuelo raso, de infamia y sufrimiento a un nivel que se define ya de insoportable.

Esta enorme podredumbre política solo sabe defenderse izando la bandera rojigualda de esta España a la que han prostituido y negado, cual tratante de blancas o esclavos, el derecho inalienable y finalmente alienado, de abrir la boca para gritar a los cuatro vientos como nos están destrozando.

Reducen nuestro país, con su política butronera y de saca llena, a un mero espectáculo lamentable de bochorno público con alcance internacional y de descredito constante.

Con todo este trasiego de corrupción va, corrupción viene, tienen cansado ya hasta al apuntador, dejando al ciudadano en la apatía política absoluta y logrando hacer cumplir la profecía que ya Platón expresó en su famosa frase: “el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”.

Prueba de cómo han utilizado las Instituciones es lo que ha sucedido en la Policía Local de Palma, todo ello de manera presunta como ustedes sabrán, pues en este país saltarse una palabrita puede ser motivo de entrada en prisión o de acabar pagando un pastón infame al honor fantasma y deliberadamente invisible de algún cretino.

Les invito a que busquen en internet los siguientes titularles:

-El sumario sobre presuntas ilegalidades en el cuerpo salpica al presidente del PP de Palma y revela extorsiones y tratos de favor a empresarios.

-Los agentes detenidos presumían: «Somos los niños mimados del PP».

– Diputado del PP implicado en la corrupción policial de Palma.

-Sexo, drogas y corrupción en la policía local de Palma.

(…)

Lo que quiero explicarles es que algunos, durante años, no han servido, presuntamente, al ciudadano, sino que se han organizado de manera torticera, mafiosa y corrupta para usar, al parecer, a la caterva de camorristas que operaban dentro de la Policía Local de Palma, con la intención de lograr fines más que discutibles.

Podrán hacerse una idea del bochorno público al que nos han sometido estos presuntos hijos del hampa que, usando el buen nombre, ahora ennegrecido, de la corporación, se dedicaron a campar a sus anchas haciendo de la ciudad un lugar seguro, sólo para sus intereses y los de sus amigos claro está. Y todo esto no lo digo yo, lo dicen un Juez, un Fiscal y el Grupo de Blanqueo de Capitales de la Policía Nacional, que sin duda son más duros en sus escritos que yo en este artículo.

Pero lo más curioso no es el hecho, ya repetido a menor escala en otros municipios de nuestra geografía donde ha quedado patente y plasmado también en sentencias judiciales que había funcionarios de seguridad pública corrompidos y hediondos, no, lo más interesante desde un punto de vista psiquiátrico, es como la corporación policial se revuelve para sacudir todo lo fuerte que puede, con un buen guantazo en la cara, a aquellos que, en el ejercicio de funciones, nos pusimos de parte de la Fiscalía Anticorrupción y colaboramos con ella.

Para esos pocos desgraciados kamikazes que pensamos que lo correcto es hacer nuestro trabajo y perseguir el crimen en cualquiera de sus formas, sobre todo si se trata de nuestra propia gente o de políticos, o de políticos en connivencia con nuestra propia gente, todo ha sido un problema detrás de otro y una migraña eterna de la que es difícil despertarse, ya que como si de una sabandija rastrera y pisoteada se tratara, siguen reptando y moviéndose los que aún no han acabado de morir en la contienda.

Se narra nuestra historia de honestidad policial suicida, con el titular de un peregrinar solitario en clave de rosario de violencias y de una persecución, casi diaria, en diferentes formas de presentación por los que parecían ser de los nuestros. El problema que tenemos en Palma no se resume sólo a la corrupción, sino al hecho de que muchos policías, quizás demasiados, siguen pensando que los cerca de cien policías detenidos o imputados no han hecho nada más que existir y pasar por allí, y que son víctimas inocentes de un sistema que les maltrata por ser agentes de la autoridad, llegando en gran número a creer que el juez y el fiscal confabulan contra todos ellos porque les tienen un encono personal y que todos los imputados son inocentes.

Cuando se habla de corrupción en policía se escudan los uniformados estrategas de la basura y la mendaz mentira perrillera en el “no hay que generalizar”, para poner a los malos a buen recaudo bajo el parapeto de los buenos y conseguir llevarse el discurso a otro jardín, uno más amable, uno en el que pueden sembrar con silencio y miedo, la tumba de aquellos que no nos pensamos callar.

Y es que el nivel de corrupción que teníamos en Palma y sobre todo dentro de la policía municipal ha sido algo escandaloso, algo explícito, salvaje, duro, fuerte, tan bravo, tan indomable, tan animal que excita sólo al pensarlo porque es un espectáculo puramente pornográfico.

 

 

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Nació en Barcelona en el año 1978. Hija de una familia de emigrantes extremeños. Pedagoga y educadora, policía vocacional. Cursó master en ciencias forenses y se especializó en derechos contra las libertades fundamentales liderando el servicio de delitos de odio pionero en Baleares. Residente en Palma de Mallorca, entiende la seguridad pública como un servicio al ciudadano en comunión con los derechos humanos. Mujer, feminista, lesbiana y de izquierdas.

3 Comentarios

  1. La verdad es que he dejado de leer tu artículo cuando has insinuado que Kazajistán está en Europa. Cada uno que viva en el mundo que quiera, el problema aparece cuando la voz pública acaba en manos de lunáticos.

  2. No te lo crees ni tu… lo mejor es que para que alguien llegue a leer las estupideces que dices tienes que engañar poniendo un titular trampa del que oor cierto ni hablas en la noticia… tiene que ser duro y triste vivir con un pensamiento como el tuyo… estaras infeliz y amargado toda la vida… que te vay bonito

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