De nuevo, este verano, un incendio salta a los medios. Ourense arde, Verín se consume. No es ninguna sorpresa, teniendo en cuenta la modificación de la Ley de Montes que permite transformar en terreno edificable el resultante de un incendio.

Cuando se desató el desastre de Doñana todos lo sospechábamos y con el tiempo se confirmó: ese incendio de accidental no tenía nada. Llevamos años asistiendo a la destrucción de los recursos naturales en todo el mundo con el mero fin de la avaricia. Las pérdidas de zonas naturales en lugares como Indonesia, Brasil, etc. son de un dramatismo abrumador. La tierra está en números rojos y no nos damos ni cuenta. Yo entiendo que el egoísmo es un importante motor para la humanidad. Esta maravillosa sociedad capitalista que tenemos se nutre de ello. Pero creo que ha llegado un punto en que no tiene ningún sentido la destrucción de los recursos a cambio de dinero, ni si quiera para los propios destructores.

 

Cuando Einstein afirmó aquella famosa frase de que sólo había dos cosas infinitas en el mundo, se olvidó de incluir en la ecuación la avaricia. No creo que ésta tenga límites cuando ves a los hombres más ricos del mundo racanear en derechos laborales. Las cifras son mareantes: Amancio Ortega necesitaría cientos de años para gastar toda su fortuna. Y, sin embargo, todas esas grandes fortunas hacen todo lo posible para evitar pagar impuestos. De verdad, ¿qué significaría para vosotros cumplir con las responsabilidades fiscales? ¿Tendríais que vivir en la miseria, alumbrándoos con velas y buscando alimentos en los contenedores? Sinceramente, no creo que os afecte más allá de tener otro coche en vuestra colección.

 

Y los que están en el origen de estos incendios no son una excepción. El tiempo confirmará quién anda detrás de este nuevo incendio. En Doñana ya se apuntaba como origen a la carbonera Carbones Fergón, como diversos medios han recogido.

 

Y me pregunto, todo esto ¿Para qué?

¿Para qué prender más incendios, perder más arboles, más naturaleza, recursos y vida?¿Para qué queremos más instalaciones, más suelos edificables, más edificios inservibles?

¿Para qué? ¿Para más casas, si ya hay casas vacías? ¿Para más centros comerciales, si nadie va a comprar?

¿Para ganar más dinero?

¿Y para qué más dinero? ¿Para tener más cosas, más yates, más casas, más objetos caros? Relojes, pulseras, diamantes, bolsos de 1.000€, trajes de 20.000€…

 

¿Para consumirlos en un mundo sin futuro? Porque, aunque perpetuando desigualdades y ampliando la brecha entre pobres y ricos sitúen a sus descendientes en una clara posición ventajosa, llegará un punto en que esta desigualdad será irrelevante. La muerte es el mayor igualador. Continuar por esta vía, esta vorágine de destrucción y ambición sin mesura solo nos conducirá a un mundo sin futuro, sin posibilidad de supervivencia. Entonces, sus hijos, sus nietos, no tendrán a nadie sobre el que ejercer su poder. No habrá recursos que les sustenten. Estarán atrapados en sí mismos como la burguesía en “el ángel exterminador” de Buñuel.

 

Piensen seriamente, ¿podrán comer su dinero cuando la tierra esté yerma y seca?

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Inés Moreno (Alcalá de Henares, 1992) Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Derecho Internacional Medioambiental por Háskóli Íslands (Universidad de Islandia). Ha desarrollado su actividad investigadora entorno a la gobernanza global y los derechos humanos de tercera generación. Activista de Amnistía Internacional España de 2011 a 2015. En su actividad literaria colabora con la editorial Playa de Ákaba con la que ha publicado su primer poemario, Akasia.

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