Compagina su profesión de abogada con la de escritora de novela negra. Sus dos primeras entregas de la saga protagonizada por la teniente de la Guardia Civil Valentina Redondo ya han sido traducidas a varios idiomas y ahora, con Donde fuimos invencibles (Destino), culmina un ciclo exitoso en el que el paisaje cántabro de su infancia la acompaña como un protagonista más de sus intrigas. ¿Quién no conoce ya Puerto escondido?

 

Suances como escenario central de sus obras y la teniente Valentina Redondo de la Guardia Civil como hilo conductor de sus intrigas. ¿Teniendo el dónde y el quién se tiene ya todo o quedan aún demasiados elementos importantes para redondear un noir perfecto?

No, creo que no. En absoluto. Es más, el dónde y el quién creo que es lo de menos. Es más importante el por qué y el para qué de las acciones de los personajes. Lo fundamental es la idea primitiva que quieres contar en una historia, el mensaje implícito que va con ella. Lo demás son matices, adornos, envolturas.

 

Se habla ya del estilo propio marca de la casa María Oruña. ¿Sabe cuál es y en qué consiste fundamentalmente?

Con el paso del tiempo y analizando mis propios trabajos he ido conociéndome más como escritora. Me gusta plantear juegos de intriga, de inteligencia, partir de un imposible para después explicarlo con coherencia. La solidez de mis tramas viene de una investigación profunda anclada en la razón y en la ciencia, hay poca cabida para la fantasía en mis misterios. A pesar de la importancia de la trama de investigación, creo que la clave también la aporta la reflexión vital que viene acompañando a cada página y que suele estar implícita en el título del libro. No busco el hiperrealismo, a pesar de que todo lo que cuento se encuentra contrastado y podría suceder: busco bucear en la historia, entretener y asombrar al lector, acompañarlo y, si es posible, dejarle una huella invisible cuando termina el libro.

“Me gusta plantear juegos de intriga, de inteligencia, partir de un imposible para después explicarlo con coherencia”

 

Sus conocimientos forenses y policiales gracias a su profesión de abogada, ¿ayudan a darle consistencia a sus novelas o teme a veces que el exceso de celo profesional lastre la dinámica y el ritmo de sus novelas?

Soy abogada laboralista y mercantil, y en la actualidad y dada mi actividad literaria ya no soy ejerciente, me limito al asesoramiento jurídico. Nunca he tenido contacto directo y profesional con el derecho penal, de modo que todos mis conocimientos forenses y policiales se deben a mi investigación como escritora, siendo en gran medida autodidacta y contando con la colaboración de la Guardia Civil y forenses profesionales, que han accedido a entrevistarse conmigo. Y no, no temo que la información técnica aportada por ese lado suponga un lastre: para mí implica solidez y credibilidad, aunque discrimino mucha información de la que obtengo para incluir en la trama sólo lo esencial.

 

A esto suma su pasión por la historia y la arqueología. Probablemente todos estos ingredientes unidos forman el cóctel perfecto para una novela negra de éxito, ¿no cree?

No sé dónde está la clave del éxito. Sólo escribo lo que me gustaría leer a mí: sé que este argumento está muy manido, pero es la realidad. Es cierto que en mis trabajos la historia es un punto fuerte; en Un lugar a donde ir incluí arqueología y geología, asumiendo que al público en general este tema no le atraería, y me encontré con muchísimos lectores buscando en internet los lugares e investigaciones que yo describía. Esto muestra que, con el envoltorio adecuado, la ciencia y la historia resultan atractivas e interesantes.

 

¿Es usted de las escritoras que ve en el horizonte la trama de su novela perfectamente trenzada de principio a fin desde un primer instante o más bien de las que va optando por caminos aleatorios según le van saliendo durante el proceso de escritura?

Suelo tener un esquema de intenciones preparado antes de ponerme a escribir. Este “esquema” puede suponer meses de preparación: investigaciones, entrevistas, viajes. La segunda parte del proceso supone, por fin, escribir. Por lo general, tengo claro por dónde va la historia, aunque con frecuencia en el proceso creativo surgen matices y luces inesperadas.

 

Su ascenso imparable entre los lectores comenzó con el efecto boca oreja y el impacto de las redes sociales. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, ¿no?

Es cierto que todo el “efecto Puerto Escondido” comenzó a crecer de forma paulatina pero constante. Fueron los propios lectores los que me llevaron de una casa a otra, hablando de mis libros. La mejor recompensa es el lector satisfecho, el que cierra el libro con una sonrisa. También le debo la repercusión a la Editorial Destino, que arriesgó publicándome y confió en mí, siendo una completa desconocida y llegando sin padrino ni currículum literario al mundo editorial.

“La mejor recompensa es el lector satisfecho, el que cierra el libro con una sonrisa”

 

Las tres voces narrativas perfectamente delimitadas de la novelas van acotando la trama y aumentando la incertidumbre en el lector. ¿Tuvo claro desde el primer momento este punto de vista narrativo?

Sí. Una vez que tengo preparado el esquema de intenciones (que puede suponer varias libretas y esquemas con flechas disparadas hacia todas partes) tengo claro el ritmo y el tono de cada voz.

 

¿Le augura larga vida a la teniente Redondo o prefiere explorar otros caminos con nuevos protagonistas?

Tengo más misterios para ella. Pero en mi cabeza se dibujan también otras historias, otros mundos que crear. Me apropio ahora de una frase de Puerto Escondido: “El futuro es un lugar inmenso”, de modo que seguiré explorando otras posibilidades y caminos.

Donde fuimos invencibles
María Oruña
Destino
416 páginas
18,50 €

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