Desde hace casi cuatro largos años el debate acerca de las negociaciones entre el ejecutivo colombiano que preside Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha sido áspero, agresivo y poco dado a un intercambio de ideas, sino más bien lo contrario. El reciente aplazamiento del acuerdo definitivo, previsto inicialmente para el 23 de marzo, no ha hecho más que avivar el fuego del desencuentro.

Para los detractores de las conversaciones con las FARC, entre los que se encuentra el expresidente Álvaro Uribe, este enésimo aplazamiento era algo esperado y vuelve a mostrar a las claras que la organización terrorista no tiene la voluntad política de llegar a un acuerdo definitivo, dejar las armas para siempre y también el negocio del narcotráfico. Mientras que, en el lado opuesto, el ejecutivo de Santos, junto con casi todas las fuerzas políticas que le apoyan, y la izquierda tienen grandes esperanzas de que el proceso de paz dé sus frutos y se alcance un  acuerdo definitivo que permita a las FARC convertirse en un actor político y no armado.

IMPUNIDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN

“Yo creo que  lo que buscan las FARC, y lo ha dejado entrever Iván Marquez, es no ir a la cárcel y no pagar por sus crímenes. Siguen controlando territorios inmensos de coca, tal como se ha podido ver desde los aviones que sobrevuelan las zonas donde actúan, y quieren seguir manejando ese negocio. El dinero, creo, incluso no se blanqueará, pues tienen el típico comportamiento del mafioso burdo”, señala el senador del Centro Democrático José Obdulio Gaviria, una de las voces más críticas a la forma en que se está llevando el proceso de paz.

Mientras que para Carlos Lozano, activista de izquierdas y Director del semanario Voz, órgano del Partido Comunista Colombiano, ese no es el debate y está claro que las FARC no están en la mesa para acabar en la cárcel:”Nadie puede pensar que la guerrilla va a hacer la paz para irse a la cárcel, esa idea es un disparate. Una guerrilla hace la paz para participar en la vida política. El acuerdo de víctimas hará posible que todo el mundo responda con verdad, justicia y reparación, pero no necesariamente con largas condenas de cárcel, pero sí van a tener que responder ante la historia, el país y las víctimas por los hechos que cometieron”.

LOS VERDADEROS OBJETIVOS DE LAS FARC VISTOS DESDE DISTINTA FORMA

Obdulio Gaviria, en la línea expuesta antes, añade que “a las FARC les conviene muchísimo mantener un escenario gris en donde puedan estar actuando y operando. Organizar reuniones masivas para ir apuntalando territorios y llegar a controlarlos, sin que eso suponga el final decisivo de su actividad criminal. Estarán en esa zona gris hasta que impongan lo que jurídicamente quieren y pretenden. Impunidad y elegibilidad, esas son sus dos principales propuestas e intereses para hacer lo que ellos quieren, es decir, llegar a lo que llaman como “dejación” de las armas” tras cumplir con esos dos objetivos”.

Mientras que para Lozano, defensor claro y rotundo de las conversaciones,  “el objetivo final de este proceso es que quienes hicieron la política con armas argumentando que no tenían garantías para participar en la vida política, es que ahora actúen sin armas, aprovechando las nuevas condiciones que se acuerden en el proceso de paz. Es más, yo creo incluso debemos de adelantar desde la izquierda la idea de un movimiento unitario y amplio, que puede ser hasta el Frente Amplio en el que estamos trabajando”.

LOS EFECTOS COLATERALES DEL PROCESO

Además, según señala Obdulio Gaviria, las negociaciones han tenido un efecto nefasto sobre la economía: “El mismo gobierno generó la idea de que con la paz se acababa una gran guerra que había en Colombia, generando en el turismo una caída y también en la inversión. Se han ido las empresas a merced de que el gobierno vendió la idea de que estábamos en una gran guerra que podía o no terminar, generando la incertidumbre entre los inversores extranjeros, muchos de los cuales se marcharon. La empresa es muy sensible a estas ideas y acaba marchándose”.

Lozano, más optimista, piensa que el proceso de paz no tiene reversa y considera que las FARC buscan una salida honrosa:”Lo que ocurre es que las FARC lo quieren hacer sobre la base de cierto respeto y consideración en el sentido de que quieren que se acaten los acuerdos establecidos en La Habana y que tanto el gobierno de Santos como la guerrilla deben cumplir, respetando lo firmado y lo acordado hasta ahora. Estamos en un punto, creo, de no retorno”.

EL CONTEXTO EN QUE SE DESARROLLAN LAS NEGOCIACIONES

Para José Obdulio, acérrimo crítico del gobierno Santos, al proceso se le ha venido a unir la grave crisis económica que padece el país y el espíritu de despilfarro en que vive inmersa la administración:”El Centro Democrático llevaba avisándoles desde hace años que controlaran ese espíritu despilfarrador de gasto y atiendan a las necesidades reales. Les pedíamos que no contrataran a tantas personas, que moderasen la expansión de subsidios directos, en definitiva, que se prepararan para las vacas flacas. Habría que haberse preparado para las dificultades económicas, pero ese esfuerzo no se hizo. El gobierno hizo oídos sordos a nuestras reclamaciones, no hizo ni un solo gesto de austeridad. Mantuvo una actitud optimista, más bien soberbia, y todo se vino a menos. Ni siquiera la devaluación, que supuestamente podía haber tenido algún efecto positivo en el campo de las exportaciones, ha dado los resultados esperados. No se ha visto ningún efecto positivo en la pérdida de valor del peso frente al dólar. Ni en la agricultura, ni en el turismo, se percibió cambio alguno”.

Mientras que Lozano, que es un hombre con buenos contactos en las FARC, destaca que el problema principal para llegar a un buen acuerdo son las concesiones que hace Santos a un sector del Establecimiento que se opone a las negociaciones: “El gobierno tiene muchas dificultades internas y la presión que tiene de la extrema derecha y de un sector del gobierno, contrarios a la solución política, le ponen en una situación muy difícil para llevar a buen término el proceso. Lo digo  porque aprobado el tema de víctimas el pasado  año volvieron a abrir el asunto para hacer unos  supuestos ajustes que finalmente eran cambios, debido a las presiones y corrientes de opinión que desde el Establecimiento le condicionaban al presidente Santos diciéndole que bajo las condiciones de ese acuerdo iba a ser muy difícil que le respaldaran en el asunto del plebiscito”.

EL FINAL DE LOS DIÁLOGOS DE LA HABANA

Obdulio Gaviria lo tiene claro con respecto a la evolución del país y apunta al pesimismo:”La situación de crisis se va a agravar. Todo escenario susceptible de empeorar acaba empeorando. Y Santos no hace un solo gesto o maniobra, un timonazo, para cambiar las cosas. Es su naturaleza: hacer lo que ha hecho. No espero nada por su parte en este sentido, no tiene espíritu de enmienda y de cambio. Tendremos más de lo mismo en todas las áreas”. Resumiendo, para Obdulio Gaviria, el proceso acabará naufragando y no se obtendrán resultados concretos en las negociaciones.

Lozano, mucho más positivo acerca de cómo pueden evolucionar las cosas, afirma, para concluir: “Creo que en esta ocasión las FARC han mostrado una voluntad política que no tenían en el pasado y estamos discutiendo ya asuntos de capital importancia que nunca antes se habían puesto sobre la mesa, como la dejación de armas. Una guerrilla que lleva sesenta años de lucha, que nunca fue derrotada militarmente a pesar de los golpes duros recibidos en muchas ocasiones, no se puede pretender doblegarla de la noche a la mañana y sin una negociación. Eso no funciona así ni con las FARC ni con el mismo Ejército de Liberación Nacional. Hará falta más política para llegar a buen término los acuerdos logrados”. Es decir, que, según Lozano, vamos por la vía lenta pero en el buen camino.

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