¿Qué tiene que pasar para que policías, jueces, periodistas y políticos cataloguen oficialmente un crimen machista como tal después de las contundentes evidencias que envuelven estos casos y pese a las dudas que se prolongan incomprensiblemente incluso durante días? La pregunta se antoja relevante después de lo sucedido tras algunos de los crímenes machistas registrados en los últimos días, en los que ni investigadores, ni políticos ni medios de comunicación llaman a las cosas por su nombre hasta que no llega una “orden oficial” al respecto después de muchas horas o incluso días transcurridos desde que se producen los hechos?

El médico forense y ex delegado del Gobierno para la Violencia de Género Miguel Lorente pone el acento en una realidad mucho más allá que meramente terminológica que estos días se ha acrecentado con algunos asesinatos machistas múltiples registrados en Pau, al sur de Francia, o en La Orotava, en Canarias. La evidente falta de perspectiva de género provoca que la ambigüedad se mantenga de forma cómplice por parte de autoridades, investigadores, políticos y medios.

En los dos casos concretos citados, un padre asesina a toda su familia y después se suicida, un patrón de actuación habitual de criminales machistas que los expertos en la materia no paran de corroborar caso a caso. Pues la cronología de los hechos de estos últimos crímenes deja en evidencia la innecesaria prudencia mostrada por investigadores, políticos y medios de comunicación en general a la hora de valorarlos y definirlos con claridad como casos relacionados directamente con la violencia machista.

Los casos de Pau, La Orotava o A Coruña evidencian que aún falta perspectiva de género para catalogar sin ambages estos asesinatos machistas

En la mayoría de medios –no hablamos ya siquiera de los franceses en el caso del crimen múltiple de Pau, definido sin rubor como “tragedia familiar”–, estos horrendos asesinatos han debido guardar oficialmente una prudente e incomprensible vigilia de ambigua terminología porque según los investigadores “no estaba claro que estuvieran relacionados directamente con la violencia de género”.

Como apunta en un tuit el profesor Lorente, “según los últimos casos, parece que para que sea un homicidio por violencia de género la mujer no debe padecer ninguna enfermedad, no puede tener problemas psicológicos, la familia no debe presentar problemas económicos, tampoco han de existir conflictos familiares…”.

A estos crímenes múltiples se suma el registrado en A Coruña este miércoles 18 de julio, donde un hombre ha asesinado con un arma blanca a su esposa. La Delegación del Gobierno en Galicia ha mantenido durante muchas horas las dudas de que se trate de un caso de violencia machista, seguramente al estar relacionado con la ‘excusa’ adelantada por otros medios locales de que la víctima sufría una enfermedad de carácter grave o terminal. ¿Es esta circunstancia un elemento a tener en cuenta para no catalogar el crimen como asesinato machista? Evidentemente no.

Las crónicas de los medios en este caso incidían en la información facilitada por la Delegación del Gobierno, asegurando que no constan “en un primer barrido” denuncias previas de la mujer contra el marido. Además, se pone el énfasis en el hecho de que cuando los agentes se personaron en el lugar del crimen, la vivienda familiar se hallaba “en aparente orden y a simple vista no se detectaba rastro de pelea”, una forma eufemística de afirmar que todos los crímenes machistas dejan un reguero de sangre y desorden cuando se llevan a cabo.

Lorente recalca en este sentido que “el poder del machismo es tal, que cuando las mujeres padecen una enfermedad terminal y ellos las matan, la propia investigación se plantea si es violencia de género o no”.

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