Un malhadado 23 de Febrero que ahora nos parece tan lejano, éramos muchos los jóvenes que, aún no habiendo siquiera finalizado nuestra formación académica, teníamos criterio suficiente para comprender y, sobre todo y desgraciadamente, sentir miedo. Un miedo que se trasladaba con una rapidez desacostumbrada para el momento a través de la televisión, radio y conversaciones telefónicas. Nuestras familias, los mayores, revivieron sus peores momentos. Era una situación no prevista en la que los ciudadanos nos vimos tan sorprendidos como la mayoría de los políticos de entonces.

Qué día y noche más largas. Temimos perder todo. Esa libertad recientemente recuperada que había conseguido ilusionar a una sociedad maltratada y maniatada hasta entonces.

Hoy 27 de octubre también se grabará en nuestra memoria, no por sorpresivo pero sí por compartir sentimientos de miedo y sobre todo lo que es peor, dolor, decepción y desilusión. Una sensación de retroceso, de impotencia por lo ya perdido y de angustia por lo que se puede perder. Y no estoy hablando solo de lo económico con ser tan importante porque se traduce simple y llanamente  en el trabajo de las personas, si no del retroceso social que supone el separatismo para todos. Somos conscientes y respetuosos con los sentimientos, esos que dan sustento a los nacionalismos. Hoy mismo escuchaba a Fernando Sabater el reconocimiento de ese sentimiento que todos tenemos, en mayor o medir medida. Amamos nuestro lugar de nacimiento, de residencia, a nuestras tradiciones o incluso nuestro equipo deportivo favorito, pero ello no puede ir acompañado de  un sentido irracional de desprecio a lo que es diferente. Para querer lo nuestro no es necesario odiar al otro.

El paso dado hoy en el Parlamento de Cataluña significa que en la historia del ser humano no hemos aprendido cosas tan básicas y esenciales como es la igualdad y el respeto, como sustento de una sociedad democrática. En la historia de la convivencia la desunión, la crispación y la fractura producida no solo es un retroceso coyuntural. Es mucho más, que un “no” a la evolución, si no que es una clara involución.

Aquel golpe  a la democracia incipiente de hace décadas  lo superamos, con esfuerzo y nos hizo más fuertes. Éste nos preocupa porque además nos llena de incertidumbre, lo hemos visto nacer y crecer. La solución va a ser compleja, no podemos regatear esfuerzos. Todos tenemos que implicarnos intensamente, políticos y ciudadanos.

Me gustaría que algún día, pasados los años y pese al daño ya irreversible, solo quede en nuestras conversaciones con los amigos sean  catalanes, castellanos, leoneses canarios … esa frase, ya casi convertida en un tópico, que nos  preguntemos como respecto al 23-F  “y tú  qué hacías ? dónde estabas ese día?”.
Ojalá.

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Nací en Toro (zamora) hija de"maestros de escuela", de esos que solo aspiraban a desarrollar su vocación y eso era era el centro de su vida. Licenciada en Medicina por la Universidad de Salamanca, por creer en un sueño. Sueño que, pese a ejercer pocos años, marcó mi interés por ayudar a las personas y, por ende, a la sociedad. En la Administración Sanitaria, he ejercicio como Inspector médico, y he sido directora del Hospital de los Montalvos en Salamanca. También he sido Directora General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad de Castilla y León . Como actividad política he sido Consejera de Familia e Igualdad de Oportunidades, alcaldesa de Zamora y Consejera de Empleo, portavoz y Vicepresidenta de la Junta de Castilla y León. Esta es mi vida profesional, pero la que de verdad me mueve es la personal, la del compromiso social. He trabajado en el mundo de la Cooperación Internacional, tanto en la parte asistencial y social, como la destinada al Desarrollo. En este sentido, he colaborado especialmente con los saharahui en Tindouf (Argelia) y colaborado con otros proyectos en Etiopía, República Dominicana, India y Perú. Las dos vidas han sido paralelas y complementarias, aunque estoy segura que esta última es la más necesaria.

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