Nos enfrentamos al papel en blanco llenos de contradicciones y preguntas. Por más que quiera, a veces la tinta no es capaz de explicar lo que uno piensa, ni es capaz de devolver todo el esfuerzo invertido en forma de verso, de relato o cuando se habla de música, de aquella obra que siempre has pretendido hacer y que quizás nunca llegue. Hacemos fotografías al viento, pensamos en el tiempo que pasó, en lo que nos queda por hacer o dibujamos líneas invisibles para no perdernos y hacemos de la vida una excusa para encontrar nuestro lugar en el mundo. El bolígrafo es la herramienta del artesano que camina por las nubes, que no sueña con riquezas mayores que compartir su vida con aquella persona que quiera recibir jirones del alma en forma de música o poesía, de lienzos salpicados de palabras o figuras, imágenes que retratan el tiempo que nos tocó vivir. Nos enfrentamos al papel en blanco cada mañana al abrir los ojos. Cuando despedimos cada momento por volver a respirar, desafiando el paso del tiempo a través de la belleza, ignorando aquella mueca que le hacemos al espejo cuando nos damos cuenta de que tenemos una nueva arruga, o una cana o simplemente, agotamiento en los ojos que a veces se cansan de mirar tanta desdicha, de sonreír aun cuando la vida nos acorrala.

Cuando necesitamos guarecernos del gélido invierno, nos dedicamos a crear palabras, a descubrir rincones ocultos y deshabitados que a veces, transmiten vivencias que nos reconfortan. También escribimos si todo va bien. La vida nos regala un destello de luz cuando todo parece perdido y nos agarramos a él para recuperar la esperanza. Encontramos la fuerza necesaria para levantarnos de un salto y caminamos como funambulistas sobre la cuerda floja, siempre sabiendo que no hay más que abismo bajo nuestros pies. Debemos avanzar sin mirar hacia abajo, debemos transitar entre dragones y sirenas que nos invitan a perder el rumbo, pero jamás debemos desfallecer porque sabemos el fin que nos espera: la gloria eterna del poeta en el Parnaso, donde viven Apolo y las musas, o al menos, la esperanza de que alguien nos recuerde, de que alguien sonría al conocer nuestro paso por el mundo, ya que no hay que confundir la fama con el éxito, y ¡qué mayor éxito que vivir sin hacer daño a nadie! Esa es la mayor riqueza que podemos poseer, nosotros, simples mortales que hacemos del arte nuestro pequeño mundo, pero, ¿qué es el arte? El arte al que me refiero se esconde en las pequeñas cosas, en todo instante.

Todos somos artistas y artesanos. Todos sonreímos cuando la vida nos acorrala, cuando nuestros ojos se cansan de mirar tanta desdicha. Escribimos cada día en nuestro papel blanco; lo llenamos de versos, de relatos, de TIEMPO. Nos sentimos tan frágiles que a veces, cuando nadie nos escucha, cantamos canciones olvidadas de cuando éramos niños. Llevamos el alma hecha jirones y compartimos nuestra vida con aquellas personas que quieran escucharnos, que quieran devolvernos de alguna manera el esfuerzo invertido en respirar cada mañana, en romper los muros que encontramos cada día a nuestro paso.

Somos artesanos que improvisan a cada instante, que se levantan cada día para ir a trabajar y se acuestan con la hipoteca en los ojos. No hay mayor artista que quien llega a fin de mes trabajando duramente, quien cuida de su familia, limpia y hace la comida. Para ellos sea el Parnaso y el hogar de todos los dioses.

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Jorge Castro es un compositor, cantautor y poeta nacido en Madrid el 29 de enero de 1982. En 2017 obtiene el Título Superior en Composición en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Ha estudiado con Manuel Seco de Arpe, Teresa Catalán, Zulema de la Cruz y Enrique Igoa, entre otros. Ha asistido a cursos de composición con maestros de la talla de Luis de Pablo o Leonardo Balada. En 2012 obtiene el Título Profesional de Música en la especialidad de guitarra. Como compositor ha participado en 2016 en proyectos como “Buscando a Platero” para la junta de Castilla y León... para la Escuela Superior de Canto de Madrid ha colaborado orquestando una canción de Ibert para conjunto instrumental o haciendo la música para la obra de teatro “La boda entre dos maridos” de Lope de Vega (Colaboración con la RESAD). Como cantautor, dispone de 3 discos (editados y distribuidos por la discográfica Picap) y cuenta con las colaboraciones de Luis Eduardo Aute y Cristina del Valle (entre otros). Como poeta ha publicado un libro de poemas llamado “Alpheratz” (2015) editado por “Poesía eres tú” y ha participado junto a otros poetas en la antología llamada “Poemarte, el reto de Calíope” (2016). En 2017 publicará su nuevo libro “Poemas de fuego y escarcha”. Enlaces: www.jorgecastrocompositor.com www.jorgecastro.es https://www.facebook.com/jorgecastromusica https://twitter.com/jorgecastro_82 https://www.instagram.com/jorgecastromusica

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