El dadaísmo fue un movimiento artístico y literario muy libre y provocador, con el que los artistas pretendieron criticar la realidad de su época y romper con el arte convencional, creando una especie de “anti-arte”. Este movimiento facilitó la llegada del Surrealismo, que plasmó en imágenes el mundo de los sueños, así como los temores y deseos ocultos. Pensaban sus creadores que el principal enemigo para componer una obra de arte era la razón, que controlaba todo lo que hacemos o decimos. De ahí la variedad temática y técnica de sus obras.

Ahora el Palacio Gaviria de Madrid acoge hasta el 15 de julio la exposición Duchamp, Magritte, Dalí. Revolucionarios del siglo XX. Obras Maestras del Museo de Israel con obras de Duchamp, Magritte, Dalí, Ernst, Tanguy, Man Ray, Picabia, Calder, Schwitters, Höch, Blumenfeld o Janco, todas procedentes del Museo Israel, contándose más de 180 piezas y unos 1.200 objetos.

De todas ellas, “aunque salten estos tres nombres –ha subrayado Óscar Tusquets Blanca, responsable del montaje– hay una coherencia tremenda con muchos otros artistas y fotógrafos presentes”. Para el arquitecto, el valor de estas piezas que proceden de “una colección privada de un intelectual”, en concreto del académico, marchante y poeta milanés, Arturo Schwarz, que las donó al museo israelí en 1988, es que se trata de obras “muy significativas de los inicios” de estos grandes genios.

La muestra que “ha tenido muchas evoluciones y revoluciones”, como señala su comisaria Adina Kamien-Kadzan, funde ambos movimientos “como dos olas que se cubren la una y la otra, que comparten temáticas conjuntas”. De hecho, Tusquets ha valorado como “un acierto de los comisarios” que la exposición se haya organizado por sesiones temáticas, distinguidas por colores, y no por cronologías ni autores.

El recorrido se divide en cinco ámbitos y recorre algunos de los temas referentes del surrealismo y el dadaísmo como el cuerpo femenino, el azar o el movimiento. Cada ámbito se ha titulado de una manera muy atractiva: Yuxtaposiciones maravillosas, El automatismo y su evolución, Biomorfismo y metamorfismo, Ilusión y paisaje onírico y Deseo: musa y abuso, situado este último en lo que fue la sacristía del Palacio.

Se trata de “difuminar las fronteras de la vida entre el arte y la vida cotidiana”, ha asegurado la comisaria. Por ejemplo, el tema del movimiento puede contemplarse en Rueda de bicicleta de Duchamp, creada en 1913, cuatro años antes que la popular La fuente del artista. “Quería mostrar el movimiento, coger estos elementos –a partir de la rueda en sí, la sombra y el espacio– para crear la chispa del movimiento”, ha informado Kamien-Kadzan.

Otras piezas que forman parte de ese recorrido son las de Hannah Höch, “una de las primeras artistas que combinó hombres y mujeres y jugó con la cuestión de género”, Man Ray con su escultura Lo que nos falta a todos, que es ese sueño inalcanzable que todos echamos de menos o El enigma de Isidore Ducasse. También destacan Main Ray (1935) de Man Ray, el Ensayo surrealista (1934) de Dalí, símbolo del paso del tiempo o El castillo de los Pirineos (1959), de Magritte, obra en la que se aprecia una roca gigantesca flotando en el aire con un castillo encima.

Tusquets, que fue amigo personal y colaborador de Dalí en la recreación de la sala Mae West y en la réplica de la instalación de 1200 sacos de carbón en homenaje a Duchamp, ha afirmado que “a pesar de la dificultad del espacio, que es laberíntico, funciona y funciona bien”. Además la sala llega con una curiosa novedad: “Hay una cámara que filma el espacio, que era la idea original del pintor. En Figueras está prohibido por la cantidad de gente que va, pero me parecía una gran pena. Aquí la experiencia va a ser mejor”.

Esta es la segunda exposición de estas características que se organiza fuera de Israel, la primera fue en Bolonia. En ambas el espacio ha jugado un papel tan fundamental, que parecen dos muestras diferentes, ha explicado Iole Siena, directora de Arthemisia y organizadora del evento.

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