Un fantasma recorre América Latina y siembra el caos allá donde aparece: es la empresa Odebrecht. Se trata de una gigantesca trama de corrupción que atañe a una de las mayores compañías del mercado inmobiliario brasileño que compraba voluntades políticas a cambio de dinero para conseguir concursos públicos de grandes obras de construcción en varios países latinoamericanos. Numerosos políticos y dirigentes del continente ya están señalados de haberse vendido a Odebrecht y apenas se conocen los primeros detalles. La señal de alarma saltó el 21 de diciembre del año pasado, cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos reveló el monumental hallazgo de numerosos y cuantiosos sobornos de Odebrecht a un sinfín de políticos latinoamericanos.

Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Panama, Perú, la República Dominicana y Venezuela son las diez naciones afectadas por esta trama de corrupción mafiosa y que extendía sus tentáculos a través de estos países y otros –sobre todo paraísos fiscales- donde depositaba los sutanciosos fondos que abonaba por sus descarados sobornos. Eran unos auténticos profesionales del soborno y actuaban con una gran diligencia. Sus directivos llevaban en avionetas el dinero en metálico para pagar a sus servidores. Sabían que con quien tenían que tratar: políticos sin ninguna moral ni ética, gentes que se vendían al mejor postor sin importarles nada ni nadie a cambio de un puñado de dólares. Compraban a los corruptos con total naturalidad, conocían el terreno que pisaban.

Ya hay implicados varios presidentes y expresidentes, como Juan Manuel Santos, en Colombia, y Alejandro Toledo, en Perú, respectivamente. Santos niega todo, claro, él no sabía nada acerca de los supuestos dineros que llegaron a su campaña electoral procedentes de Odebrecht para conseguir pingües beneficios después.  Igual que cuando llegaron los fondos del tráfico de drogas a la campaña del narcopresidente Ernesto Samper, otro que tampoco sabía nada de nada. En Colombia nunca se sabe nada de nada, que pregunten al mensajero. La culpa, ya se sabe, es de los maliciosos asesores y de los encargados de la campaña. Quien sí parece que sabía algo es el expresidente Toledo, acusado de haber recibido veinte millones de dólares del tinglado mafioso, y que nada más conocerse las acusaciones en su contra salió huyendo hacia París dando la callada por respuesta. Ya está en orden de búsqueda y captura, pero ni está en Lima ni se le espera. De prosperar un proceso por tan graves cargos, Toledo podría ser el segundo presidente de su país, tras Alberto Fujimori, en acabar en una cárcel y hay demasiados indicios que le señalan y apuntan de haber recibido tan apetitosa suma de dinero. Si no fuera así, ¿por que huyó?

 

Varios detenidos en Colombia, investigaciones en Ecuador y Venezuela 

Otro que sí parece que sabía algo de la trama es el exviceministro de Transporte colombiano Gabriel García, quien podría convertirse en la “garganta profunda” de la trama  y denunciar los manejos de esta empresa en su país. Recibió cuatro millones y medio de dólares en Panamá y parece conocer bien los entresijos de esta historia. El tipo era un prohombre de la patria, tal como denuncia muy atinadamente desde una columna del diario El Espectador el escritor Wiliam Ospina: “El exviceministro Gabriel García, por ejemplo, fue calificado por su jefe Álvaro Uribe de “personalidad joven más importante del Caribe y de la patria”, así como de “cartagenero ilustre”. ¡Ilustrísimo! Economista de la Universidad de los Andes y especializado en Estados Unidos, ¿qué más credenciales necesita alguien para ser considerado “decente” en un país clasista como el nuestro? Pero lo que aprendió en esos salones tan sofisticados no fue la capacidad de pensar el mundo desde parámetros elevados, sino la urgencia de pertenecer y mantenerse en la élite. Sin importar que las consecuencias de su latrocinio engendraran más desigualdad, más odio social y más violencia”.

También en Colombia ha sido detenido el ex senador liberal Otto Bula, un personaje digno de la mafia italiana. Refinado, pulcro, bien vestido y de aspecto repelente, como mandan los cánones de la rancia oligarquía colombiana, hasta su aspecto físico y personal encaja en lo que hubiera sido un niño bien si no hubiera sido porque Odelbrecht se cruzó en su camino y le diera una sustanciosa tajada de la tarta de sobornos que estaba en juego por un gran proyecto de obra pública. Según la Fiscalía General de la República, Otto Bula recibió 4,6 millones de dólares  de la constructora brasileña y ahora el  ya acusado asegura que depositó parte de ese dinero a la campaña electoral para la reelección del actual presidente, Juan Manuel Santos. Bula, además, está ligado al expresidente Alvaro Uribe, ya que reemplazó en el Senado colombiano a Mario Uribe, el primo del mismo expresidente, y que tuvo que abandonar el legislativo tras ser investigado por estar ligado a bandas paramilitares, proceso que lo llevó a ser condenado a más de seis años de prisión. Bula está dispuesto a colaborar y se ha mostrado muy locuaz hasta ahora, algo que ha puesto nerviosos a muchos y que incluso le debería preocupar teniendo en cuenta lo poco que vale una vida humana en Colombia.

Pero también el caso Odebrecht, que es como una bola de nieve que baja por una montaña y amenaza con convertirse en un alud, apunta a la campaña electoral del contricante de Santos en las últimas elecciones presidenciales: Oscar Iván Zuluaga. Según ha quedado demostrado, el jefe de la campaña de Zuluaga, Daniel García, un joven triunfador, habilidoso, sin escrúpulos y admirado por su jefe, Alvaro Uribe, trabajaba para Odelbrecht y era su hombre en Bogotá. Era, en el argot mafioso, uno de los nuestros. García medió, en el 2009, entre Marcelo Odelbrecht y los hombres de Uribe en el gobierno, entre los que destacaba el exviceministro detenido Gabriel García, para que les fuera concedida a los brasileños la obra conocida como la Ruta del Sol.  Objetivo logrado, claro.

La campaña electoral de Zuluaga, que por cierto tiene aspiraciones presidenciales para el 2018, se ve así también empañada por un viaje que organizó con el equipo del candidato a Brasil para tener un encuentro al más alto nivel con la cúpula de Oldebrecht. La comitiva estaba formada por el hijo de Zuluaga, David, el ahora favorito de Uribe para las próximas elecciones, Iván Duque, y el mismo Garcia. Por tanto, las dos campañas electorales de la última gran contienda electoral colombiana aparecen manchadas con dineros ilícitos, ya que en el soborno se “perdieron” algo más de 6,5 millones de dólares que ahora la Fiscalía General de la República rastrea, aunque todo apunta a que el dinero estará en algún paraíso fiscal y que fue repartido entre varios capos del negocio. Parece que todo lo que toca el expresidente Uribe, con varios de sus exministros y altos cargos procesados o huidos de la justicia, está podrido. Su olfato político, del que tanto alardean sus fanáticos admiradores, está en entredicho, queda claro.  El problema de Uribe y de Santos es el mismo: Odelbrecht está colaborando con la justicia y la palabra de ambos ya no vale nada, todo lo que digan chocará con la cruda realidad de quien les pagó sus favores politicos a cambio de dinero. Así funciona la Cosa Nostra, sálvese quien pueda.

Ecuador también se ha visto implicada en el escándalo Odebrecht, cuyos téntaculos se extienden por casi todo el continente y que podría haber gastado unos 400 millones de dólares en comprar políticos. Los sobornos en Ecuador podría alcanzar hasta los 35,5 millones de dólares y los beneficios obtenidos en este país superan los 116 millones de la misma moneda para la empresa sobornadora. Los hechos, que ya están siendo investigados por la Fiscalía ecuatoriana, llevaron al gobierno de Quito a suspender las relaciones con esta empresa brasileña y fueron denunciados en su momento por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

México, con diez millones de dólares pagados a funcionarios del gobierno mexicano para conseguir contratos de obra pública, es otro de los países donde la mano negra de este auténtico entramado mafioso llegó e incluso embadurnó, con unos contratos seguramente amañados, la imagen de una empresa central en el país como Petróleos Mexicanos (PEMEX), que adjudicó importantes obras a la constructora brasileña ahora en el ojo del huracán. Con el mismo fin que en los casos anteriores, los brasileños ahora señalados como responsables de estos sobornos, a cuyo frente se haya el ahora encarcelado Marcelo Odelbrecht, pagaron unos 100 millones de dólares por contratos y concesiones de  obra pública del Estado venezolano a responsables politicos de esta satrapía caribeña. Otros países, junto con los ya citados, donde hay abiertas investigaciones y que han sido señalados por los Estados Unidos como beneficiarios de los dineros de Odelbrecht son Argentina, Brasil, Guatemala, Panamá y la República Dominicana.

En Brasil, Odebrecht ha colaborado con la justicia y 77 de sus directivos han dado pruebas, documentos y testimonios que involucran a numerosos dirigentes políticos brasileños y foráneos.  Entre los que se encuentran implicados, por citar tan sólo algunos de los más conocidos, hay que señalar al actual presidente Michael Temer, a la destituida expresidenta Dilma Rousseff y al mítico expresidente también Luís Ignácio Lula da Silva y el escándalo no ha hecho más que comenzar. Como en toda trama mafiosa, y Odelbrecht lo era porque todos sabían de su naturaleza criminal y delictivo proceder, la Cosa Nostra dirá su última palabra y acabará abandonando a su suerte a sus bien pagados servidores. Así funciona la mafia.

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