Hablo de feminicidio porque a día de hoy la primera causa de muerte en mujeres es la violencia de género según un último informe de Naciones Unidas. Este estudio realizado en mujeres entre 15 y 44 años de todo el mundo, pone el maltrato, por delante de muertes provocadas por cáncer, accidentes de tráfico o guerras.

Llamemos a las cosas por su nombre. Feminicidio, según la definición de la Real Academia, es “el asesinato de una mujer por razón de su sexo”. Nos es un término inventado antes de ayer, sino que tiene su origen etimológico en el latín “femĭna” mujer, “caedere” matar/cortar y el sufijo “-io” acto resultante.

¡Atención! Porque siete de cada 10 mujeres en nuestro planeta tierra sufrirá violencia física, psicológica, afectiva, emocional o sexual, en algún momento de su vida, según Intermón Oxfam.

En las distintas sentadas que he hecho para escribir esta columna, he tratado y no logrado, encontrar una lógica a todas las terribles cifras que hay sobre la violencia “consentida” que se ejerce sobre mis congéneres. Siempre trato de mirar las cosas desde arriba y desde abajo, de un lado, del otro, en 3D y desde los 360º… Y es por eso que he puesto el foco en tratar de aportar soluciones desde “mi cómo yo” veo las cosas.

Digo “consentida” porque no se toma “la violencia de género” como una cuestión de Estado. En esta materia es en la única que la víctima tiene que demostrar que ha sufrido el daño y buscarse la vida para denunciar el hecho. En el resto de vulneración de derechos, valga el ejemplo, terrorismo, esclavitud, xenofobia… no ocurre esto. Directamente las fuerzas de seguridad actúan, el poder judicial lo hace de oficio y los ciudadanos colaboran desde la observación y denuncia si ven la más mínima sospecha.

Además, en la mayoría de los casos, todavía hoy en día, nuestro perverso sistema capitalista responsabiliza a las mujeres víctimas. Todavía como seres humanos libres que debemos ser, tenemos que definirnos respecto al otro: estado civil: soltera, casada, divorciada, viuda… soltera con hijos, divorciada sin hijos, casada sin hijos… y todas las combinaciones que ustedes quieran.

Entonces llegamos al momentazo ¡igualdad!, ¡porqué más de uno estará pensando, a mi como hombre también me hacen definirme por mi estado civil, hasta en el DNI. Pues, ¡ahí voy! Aquí está uno de los fallos del sistema social en el que vivimos. Todos etiquetados por lo que somos respecto al otro. ¿No lo ven un poco perverso?

La definición del ser humano, está implícita en la misma palabra. “ser” y “humano” sin distinción de género, raza, estatus social o civil. Lo que sí, está claro, es que tenemos unos derechos como seres humanos que somos y que tiene que haber un “algo” para vigilar y hacer que se cumplan.

En cuanto a las limitaciones, ¡es fácil! “Mi derecho termina, donde empieza el del otro”. Pero, nunca podré definirme como persona, ni mi estado, respecto de lo que me vincula al otro, sino desde mi propio yo; desde aquí si podremos crecer sumando y en responsabilidad. Bueno, pues esto que es así tan sencillo ¡señores! mira que nos cuesta.

Las mujeres, como seres humanos, siempre han sido definidas respecto a su papel en la sociedad, que parte desde una invisibilidad anclada en modelos de patriarcado, machistas y receptoras de la semilla de la vida.

Por ende y analizando la historia, occidental pasada y actual en muchos países en vías de desarrollo, el papel de la mujer tiene establecidos unos patrones definidos desde el modelo machista. La mujer no puede tomar sus propias decisiones sobre sí misma, sobre su cuerpo, su sexualidad, su gestación… porque pesa sobre ella el compromiso de perpetuar la especie. ¡Esto es otro cantar!

Lo llevamos escrito en los genes, ¡tenemos que procrear! y sino ¿qué? Pues, ¡chicas! me dicen por ahí que entonces no servimos para nada. Romper con estas barreras de herencia genética nos pone en una posición un tanto complicada. ¿Cuántas mujeres han renunciado a la maternidad por poder seguir promocionándose en sus trabajos, por poder seguir en su empleo, por poder desarrollarse profesionalmente, para crecer como personas?

Pero, pongamos el caso que hemos avanzado en contra de todos estos prejuicios, genes, roles sociales que se nos atribuyen por el hecho de ser mujer y nos cargamos con nuestro peso a la espalda de la culpa y nos ponemos a decidir en libertad. ¡porque yo lo valgo! ¡nosotras parimos, nosotras decidimos!

Pues esto no acaba aquí. Ahora, resulta que me tengo que unir a un ser humano primero perpetuar la especie, para cumplir socialmente, para… ¡vamos que tengo que juntarme con alguien! Que, si decido vivir conmigo misma, que no sola, todos me hacen saber que ¡algo le pasará a esa!

¡Preparadas, listas, ya! Recordad que para encontrar al hombre de vuestras vidas, tenéis que informaros bien del último trending topic en belleza. Ahora por ejemplo se vuelven a llevar las tetas grandes, así es que ya sabes sino esta bien dotada a operarte. Y castigada sin comer para mantener una buena cinturita. ¡Da igual! si caes en cualquier trastorno alimentario, también está muy de moda, o ¿es que no sigues la Fashion Weeks internacionales? Y si ya has pasado la cuarentena, ni te preocupes, lo nuevos Botox son reabsorbibles y no se te quedará dentro de un mes los morros a lo Mick Jagger. ¡tranquila! Tú ya sabes, sigue a las influencers en tu Insta, RT en Twitter, hazte runner, vete al gin a hacer kick boxing y alimentante con un plan détox.

Entonces llegará él… Que al principio se muestra todo divertido, amable, servicial, humano, ¡libre y liberado! Pero, luego resulta ser que te quiere para sí, que toma la opción de poseerte, de quererte y no de amarte, de fagocitarte y no de acompañarte. Que te mira el móvil a ver con quién has hablado hoy. Que verifica cuándo te conectas al Whatsapp…

¡Mala suerte! ¡Haber elegido bien! Eso, si nazco en la parte del globo ¿civilizada? Porque igual la cigüeña me suelta en medio de una familia en la que el progenitor decide propinarme una paliza día sí, día también y mi madre indefensa no lo puede ver. O que mi propio tío, el hermano de mi padre abusa sexualmente de mi desde que tengo uso de razón, ¡qué vergüenza me da contarlo! O que tengo que demostrar mi valía en el curro, el doble que mis compañeros, por menos sueldo. O que, si llego a un puesto de alta dirección, tengo que escuchar comentarios de la índole de: “¡¿a cuántos se habrá follado para llegar ahí!

O que me fui a los San Fermines y me cogieron entre cuatro y me violaron hasta hartarse de abusar de mí. Luego se montaron un Facebook live celebrando la hazaña. O me voy al barrio del Pilar a las fiestas y me separo un segundo del grupo y me violan, así tranquilamente, ¡menos mal que les han detenido! Ya me gestiono yo el tratamiento psicológico que he de llevar de por vida.

¡Oh! Pero me siento privilegiada, porque al menos a mi ¡todavía no me han matado! Eso sí, el estado de derecho en el que vivo, mientras llega la orden de alejamiento, me promociona unos hashtags maravillosos para salvaguardar mis derechos: #niunamas #niunamenos #noesno

Pues ya nos le digo si me hubieran soltado en Oriente Medio donde desde que nací tengo elegido el marido al que tendré que servir, dar hijos y satisfacer sexualmente, junto a otras concubinas. Pues anda que en Bangkok, que el uso de mi cuerpo aparece en venta en el menú de un resort de lujo, con tan solo seis años de edad. O que acabo de sufrir la ablación de mi clítoris y nunca más podré sentir placer sexual, porque tuve la mala suerte de nacer en un país africano. O que tengo que tapar mi cara, mi pelo, mi boca, mis brazos, mis piernas… para que otros hombres no sientan deseos de poseerme al ver esas zonas descubiertas, porque sólo le pertenezco a él y así lo dice mi religión. O que salgo de la fábrica en la que trabajo y me montó en el autobús que me lleva a casa ¡acojonada! porque ya hay dos docenas de chicas desaparecidas y que no se sabe nada de ellas. O que el proxeneta al que me vendieron mis padres me mantiene drogada mientras me follan a diario entre siete u ocho clientes.

Pongamos que sigo viva… ¡bien! La sociedad me pone en bandeja la solución: ¡¿puedo?! DENUNCIAR. Yo que he sido maltratada físicamente y/o psicológicamente, abusada, violada, violentada, prostituida, mutilada, obligada, casada contra mi voluntad, poseída… Ahora van y me dicen que tengo que denunciar.

¡Claro! Como que estoy yo en condiciones de contar a los demás cómo es mi día a día, cómo me siento, cómo padezco, cómo aguanto todos los días, las palizas, los insultos, las vejaciones, cómo puedo mantener económica a mi prole y a mí misma, cómo me puedo deshacer del proxeneta que vive a costa del abuso de mi cuerpo, cómo puedo irme cuando quiera del hotel del lujo en el que me prostituyen. Pues, nada, ahora voy y denuncio. ¡Estoy viva!

La violencia de género es la única vulneración de derechos en el que la víctima tiene que denunciar el hecho. Miren, esto es como si a una persona que le ha atropellado un coche, tiene que llamar el mismo a la ambulancia, con la rueda del vehículo encima de su estómago. Además, tiene que demostrar con las pruebas pertinentes que la rueda que le ha aplastado todas las vísceras, es la que casi le hace palmarla. Incluso, tiene que acusar señalando con el dedo al que casi acaba con su vida. Entonces vendrá el juez y el fiscal y dirá es que ¡pobrecito! tuvo un mal día, que le acaban de despedir del trabajo y se despistó y… Pero, es que además después el juicio, en el que es condenado, y no cumple condena por no tener antecedentes o cumple ni tan siquiera un año… se va a por la víctima y le hace la vida imposible ¡venganza!

¡Sí, señores! Hoy en día en el mundo en el que vivimos las víctimas de violencia de género son víctimas de cuarta o quinta línea. Se está avanzando mucho, pero demasiado lento. ¿Saben que la ONU tiene en su agenda para ¡2030! el “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”?

Nuestros líderes políticos mundiales deben tomar conciencia que se trata de una violación de derechos a nivel mundial y ha de ser tratada como cuestión de estado urgente. No entiendo que las mismísimas Naciones Unidas reconozca “la falta de fondos” para lo que califica como una de la más “devastadora violencia contra las mujeres y niñas” siendo “de las violaciones de derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo”. En su Objetivo 5 de los Desarrollo del Milenio lo pueden ustedes verificar: http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/gender-equality/

Una vez descrita la situación actual, seguro que me dejo algo en el tintero, podrán compartir o no, que ahí lo dejo. Paso a dar desde mi modesta opinión soluciones para atajar esto desde hoy mismo. Creo que todas se deberían abordar simultáneamente. El orden no altera el producto.

Los profesionales de la sanidad, desde el médico de familia, hasta el psicólogo, educadores, familia… tienen que ayudar a identificar el caso de maltrato. Como en las enfermedades una víctima de violencia muestra síntomas. Ellas no son conscientes que están sufriendo ese maltrato, porque no lo ven como tal. Me gusta la campaña #notecortes, del programa de atención para adolescentes víctimas de violencia de género de la Comunidad de Madrid porque es muy gráfico y porque da unos matices muy claros que nos ponen en alerta ante un maltratador, tanto a víctimas, como a la sociedad en general.

Esta tragedia que vive nuestra sociedad se construye desde el odio, el dolor, la violencia, la ira. Sin embargo, debemos re-construir desde el amor, la sanación, la paz, la ternura. Actualmente, las líneas de trabajo de terapeutas y psicólogos saben que si respondemos con violencia a la violencia entramos en un círculo vicioso del que no salimos nunca. Amar es una elección igual que lo es la violencia.

No podemos ponernos a la altura de aquellos que quieren dañarnos, ni tan siquiera en casos extremos de narcotráfico, corrupción, trata de seres humanos, hijos asesinados, madres maltratadas… Me quedo con las palabras de Lidia Cacho, líder pro-defensa derechos humanos: “El antídoto, es el reto desde la razón, del positivismo y con una sonrisa en la que caben todas las niñas maltratadas que represento en este juicio”.

¿Cómo te enfrentas a la violencia desde el amor? Hay que mirar de frente al maltratador, no dejándose intoxicar por su ira, porque la violencia no se hereda, se adquiere, se repite comportamiento, se elige. Llegados a este punto, estamos en el camino de la sanación, aquí ya hay mucho camino andado.

Tenemos que buscar ayuda para empoderar la mirada, nuestras emociones, nuestras acciones, nuestras vidas. Alguien nos ha de ayudar para salir del síndrome de indefensión aprendida, en la que nos sumimos al ser maltratados.

La injusticia y lo negativo se elige, en situaciones extremas una persona se muestra tal y como es. Cuando elegimos la violencia, que nos confiere poder, también podemos elegir la no violencia, que también nos lo dará. Siempre está en la elección del ser humano. Cuando veamos un comportamiento violento automáticamente nos ha de saltar la alerta y ¡salir corriendo! No tratéis de convivir con una persona que elige el camino de la violencia, vosotros no le vais a hacer cambiar. El cambio lo ha de elegir la propia persona.

El sistema social tiene la obligación de garantizar la seguridad de las mujeres que se enfrentan a una situación de violencia. Por esta razón, todos somos responsables, desde las esferas de poder económico, político y social. Todos a una, debemos denunciar cuando sospechemos que se puede estar cometiendo un delito de violencia contra una mujer o cualquier ser humano. Nadie merece ser maltratado.

Las víctimas son víctimas, ni son responsables de lo que les está ocurriendo, ni tienen la capacidad suficiente para defenderse y menos para denunciarlo. Cientos de mujeres se suicidan en el mundo teniendo un cuadro de violencia detrás. Asesinatos que son inducidos a la auto-inmolación, sin que haya un castigo, una pena, y estas cifras no salen en los medios.

Todos reproducimos modelos heredados, roles de género, comportamientos que observamos en otros seres humanos, en nuestro hogar, en nuestro entorno. Se hace urgente un nuevo modelo social que nos re-construya desde el amor.

Ante nosotros se abre un maravilloso camino en el que des-aprender lo heredado, cambiar lo que no funciona, responsabilizarlos en la gestión de nuestras emociones, de aprender a vivir la incertidumbre de la vida, de no conformarnos con lo que nos dicen otros que es justo, de definirnos como seres humanos y obrar en consecuencia. Corresponsabilizarnos en el cuidado de nuestras proles para que crezcan en igualdad. Hemos de aprender a vivir en libertad, pero no en libertinaje. La educación es el único camino seguro para prevenir y no llegar a despertares violentos.

Yo, demando mi derecho a ser tratada en igualdad de condiciones como ser humano que me declaro. Me uno al hashtag de Naciones Unidas que ha de englobar a tod@s. #contralaviolenciadegenero

Cada 25 de noviembre celebramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal. El movimiento feminista latinoamericano inicia en 1981 la petición de recordarlas en esta fecha que coincide con su ejecución (25-11-1960) por su oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Deseo que la muerte de Patria, Minerva, y María Teresa Mirabal, de “Las Mariposas”, como se las conocía en la Agrupación Política 14 de junio, no sea en vano. Que la conciencia social no necesite de estos ejemplos para despertar. Las Mariposas lideraron el cambio político en la República Dominicana desde la tumba. Antes de morir, fueron, junto a sus esposos, encarcelados, violados y torturados. Estos hechos violentos culminaron con el asesinato del dictador el 30 de mayo de 1961 y por consiguiente el cambio de régimen.

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